Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: La caja de metal

Publicamos el relato “La caja de metal” de Efraín Nadal De Choudens.

Efrain Nadal De Choudens

Archivos Clasificados

Recopilación de los eventos ocurridos durante el viaje a Londres, 27 de noviembre de 1999:

Todo comenzó cuando fui convocado a la oficina del decano, quien me llamó por un asunto urgente. Me encontraba sumamente nervioso, me preguntaba si involuntariamente expuse algunos de los secretos de la Universidad o, peor aún, si permití que alguna entidad sobrenatural entrara a nuestro mundo. Después de todo, debido a mi concentración, tengo acceso a libros especiales. Arribé a su oficina, llamé a la puerta y este me indicó que pase. Cerré la puerta detrás de mí, me senté frente al Dr. Williams. Se encontraba muy serio y mi nerviosismo creció. En silencio, me pasó una breve carta de un viejo amigo, Robert Barker. Hicimos nuestro Master en Historia Antigua en Oxford. Leí la nota en silencio. “Querido Oswald, hace dos meses hicimos un descubrimiento maravilloso, pero también horrible en la Antártida. Será mejor que vengas a Londres lo antes posible y no olvides el libro. Tu amigo Robert”.


Al leer la nota rápidamente comprendí la seriedad y la urgencia del Dr. Williams. Después de la desastrosa expedición a la Antártida ocurrida en septiembre de 1930, todo asunto misterioso relacionado al gélido continente levanta rápidamente el interés de la Universidad. El Dr. Williams, me indicó que saldría esa misma noche. Una vez en Oxford, el Dr. Walsh, un antiguo profesor mío durante mi tiempo en dicha Universidad se encargaría de mí y quien daría más detalles sobre dicho descubrimiento.

Llegué a Londres a la mañana siguiente y rápidamente me dirigí a Oxford. Me encontraba exhausto, soñoliento y con hambre, pero el asunto a tratar era más importante y no quería perder tiempo.


El Dr. Walsh me estaba esperando en su oficina. Me preguntó por el viaje y si me gusta Miskatonic, contesté que sí y me invitó a tomar asiento. A puerta cerrada comenzó a proveerme información más completa sobre la expedición de Robert. Omitió los hechos irrelevantes, por lo que comenzó cuando la expedición encontró los cuerpos congelados de tres expedicionarios británicos desaparecidos por años. No pertenecían a la Universidad, pero si eran bien conocidos en la institución. Los cuerpos de los expedicionarios no estaban solos, con ellos también había una pequeña caja de metal sellada y una carta asegurada dentro de un protector plástico y adherida a la tapa de la caja. La carta no se encontraba en buen estado, pero aún era leíble. El Dr. Walsh me pasó la misma.

A quien encuentre nuestros cuerpos.

La estación ha sido completamente destruida y nosotros destinados a morir en estas tierras heladas. Roy esta casi inconsciente y Chris no está muy lejos de eso tampoco. Soy el que está en mejores condiciones y ya no puedo caminar. La criatura que nos atacó vino del océano. Nuestra investigación incluía enviar ondas de sonido al fondo del océano debajo de la capa de hielo y tomar algunas muestras del sedimento marino, todo era normal. Pero cuando estábamos durmiendo la gigantesca criatura con múltiples ojos y sin forma definida abordo el complejo, el ataque fue tan rápido y sorpresivo que no hubo tiempo de pedir ayuda. En un instante devoró a Dexter y a Miller y fue cuando Roy tomó un hacha y logro cortarle un pedazo. La criatura produjo un horrendo ruido y regresó a las profundidades. El pedazo cortado comenzó a moverse en el suelo de la misma manera que la miel se mueve cuando se derrama. Era un líquido espeso pero trasparente como el agua. Tenía un ojo y nos miraba intensamente. Agarré la caja de metal que usamos para almacenar las muestras. Pensando que la criatura podría volver en cualquier momento. La radio había sido destrozada y los dos vehículos de nieves quedaron inservibles cuando la criatura paso sobre ellos cuando regresaba a las profundidades del antártico. Decidimos tratar de llegar al campamento australiano que está a varias millas de distancia. Si nos quedábamos en las ruinas de nuestro campamento sabíamos que moriríamos. Debíamos intentarlo, aunque las posibilidades de alcanzar el campamento vecino fueran mínimas. Fallamos. Pero la caja necesita llegar al laboratorio de Oxford, lo que encontramos es un descubrimiento maravilloso pero mortal, debe ser estudiado por el bien de la humanidad. Imploro no abrir la caja y que se envíe lo antes posible a Inglaterra.

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Miré al Dr. Walsh y él habló antes de que preguntara.

—La caja desapareció del barco y la tripulación fue asesinada, incluyendo a su amigo. Lo siento—me dijo.

La noticia no me sorprendió, con todo el misterio desde que recibí la primera información, algo me dijo que mi buen amigo estaba muerto. Pregunté si la policía tiene alguna información. Contesto que no, que lo único que faltaba era la caja. Le dije al Dr. Walsh que eso era precisamente lo que estaba buscando el asesino. El Dr. Walsh pensaba igual.

Estaba claro que mi presencia ya no era necesaria. Fui enviado a Inglaterra para evaluar el posible descubriendo en la Antártida. Después de todo, sin la caja no hay nada que pueda hacer. Ni el Dr. Walsh ni yo sabíamos que podría ser ese descubrimiento y en esos momentos solo podía añadir al misterio que lo descubierto en la Antártida estaba dentro de una caja de metal la cual había desaparecido. Notifiqué mi decisión al Dr. Walsh acerca de regresar a Massachusetts al día siguiente. Ese fue el momento cuando me pidió el libro. La pregunta me tomó por sorpresa. Por qué necesita el Necronomicón. No había nada que consultar, no había evidencia física del descubrimiento, no se sabía lo que era, para efectos, el libro no resolvería nada. Me volvió a preguntar y le respondí que tengo las fotocopias conmigo, no el libro real ya que es un tomo muy valioso como para removerlo de la Universidad. Al escucharme, cambió su temperamento en un segundo. De ser una persona pasiva se transformó en un loco enfurecido. Se levantó y caminó hacia mí. También me levanté y caminé hacia atrás tratando de poner algo de distancia entre nosotros. Continuó pidiendo el libro. Cuando mi espalda tocó la pared, sabiendo que no tenía ningún lugar para correr, miré dentro de mi bolsa y agarré la copia. El la agarró de mi mano y la tiró hacia un lado.

—Esto es basura, es inútil —gritó.

Le digo que la copia tiene la misma información que el original, respondiéndome que soy un idiota incompetente. Que no es solo la información lo que necesita. Que también necesitaba la fuerza que posee el libro. Caminó en dirección a su escritorio, balbuceando palabras que no logre comprender. Se detuvo junto al baúl de madera que estaba en un rincón de su oficina, prácticamente detrás de su escritorio. Poco a poco lo abrió y extrajo una caja de metal, similar a la que describe el documento. Con un poco de dificultad la coloco sobre su escritorio. La caja todavía estaba cerrada. Me volvió a mirar, sus ojos eran otros, su aspecto era otro, ya no era mi antiguo y respetado profesor. El Dr. Walsh se había trasformado en una persona desquiciada, sus ojos reflejaban locura, insanidad, ausencia de cordura.

—Idiota, imparcial, lo has arruinado todo, todo -gritaba, mientras intercambiaba su mirada entra la caja y mi persona.

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En ese momento entró un oficial y un detective. El Dr. Walsh los miró con una mezcla de miedo y enojo. Pude comprender que el sabía la razón por la que los oficiales de la ley se encontraban allí.

La policía había encontrado evidencia que lo incriminaba con los asesinatos en el barco. Fueron a cuestionarlo, pero la caja de metal sobre el escritorio del profesor termino por corroborar las sospechas de los oficiales. Me di cuenta de que él estaba detrás de todo, incluyendo la carta que supuestamente Robert había escrito. Comprendí que la intención de la carta no era mi evaluación del descubrimiento, eso solo era la excusa para que yo llevara el Necronomicón. Que asunto obscuro pretendía realizar el profesor, lo desconozco.

En un desesperado movimiento, el Dr. Walsh saca una pistola de su escritorio y les disparó a los representantes de la ley, gritando desquiciadamente que nadie se la va a quitar, que la caja es de él. Escuché dos disparos más. Esta vez vinieron del arma del detective, una de las balas alcanzó la ventana detrás del Dr. Walsh, la otra bala lo golpeó en el brazo y este soltó su pistola. Como un loco descontrolado y tomando fuerzas de quién sabe dónde, tomó la caja en sus manos. Olvidando la ventana rota dio dos pasos hacia atrás tropezando con el baúl de madera. Lo último que escuché de él fue su grito al caer, llevándose la caja consigo. Un oficial corrió hacia la ventana solo para ver el cuerpo varios pisos más abajo. La caja estaba a su lado. Bajamos rápidamente y ya la gente se arremolinaba a su alrededor. Todos estaban sorprendidos de ver el cuerpo sin vida del profesor. Vi la caja, el impacto la abrió un poco. Solo había agua alrededor de ella, agua muy viscosa que corría lentamente hacia el desagüe del canal, pero lo más extraño era que el drenaje estaba calle arriba y sin importar la fuerza de la gravedad, el agua se movía hacia ella. Todos se enfocaron en el cuerpo del Dr. Walsh y no en la caja o el agua viscosa que desafiaba las leyes físicas. Mientras entraba en el drenaje pude ver como un ojo flotando en esa masa viscosa me observaba detenidamente. No aparté su vista de mi ser hasta que toda la viscosidad desapareciera dentro del drenaje. Solo espero que sea lo que sea, ese pedazo de criatura viscosa este de regreso en la Antártida.

Oswald Pierce
Candidato Doctoral en Ciencias Ocultas
Universidad Miskatonic
Massachusetts USA
5 de Diciembre de 1999

FOTO: Pixabay

Efrain Nadal De Choudens

El autor nació en la isla de Puerto Rico el 11 de marzo de 1972. Ha publicado numerosas historias cortas en revistas, sitos webs y antologías. Es autor de colección de poemas de horror y ciencia ficción titulado “A quick look to an insane mind.”

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