Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: Hay que entrenar tu voz.

Publicamos el relato "Hay que entrenar tu voz" de Eduardo Honey Escandón.

Eduardo Honey Escandón

Tras una década de pruebas y experimentos limitados, por fin estuvimos seguro de que podríamos abrir un agujero de gusano que funcionara como un portal para viajar por el cosmos.

—Comandante —informó Samarié, la coordinadora principal—, tenemos carga suficiente para iniciar el ciclotrón mayor. Se confirmó que la red de fotoreceptores y las plantas nucleares de emergencia lograrán alimentar con electricidad suficiente por al menos doce horas

Detestaba eso de nuclear, realmente seguían siendo reactores de vapor alimentados por la fisión nuclear. Llevábamos dos siglos en el espacio con asentamientos hasta Neptuno, pero seguíamos con métodos del siglo XX. Miré por el ventanal encima del centro de comando. Fobos y Deimos pasaron a toda velocidad sobre Marte.

—Queta —enuncié despacio, la IA no me reconocía bien la voz desde que me extirparon las muelas del juicio una semana antes. Grandes avances científicos como tecnológicos, aunque aún cargábamos con ellas y todos lo problemas que significan—, ¿me escuchas?

Nada. Suspiré, moví la mandíbula lado a lado, destapé mis oídos y repetí:

—Que-ta, ¿me-es-cu-chas?

—Afirmativo, Comandante. Una disculpa, tiene que entrenar de nuevo su voz, no suena a usted.

Menté la madre por dentro. Ahora, en su concepto, yo era culpable. Tres generaciones de IAs, cada una mucho más avanzada que la previa y eran incapaces de captar que eras la misma persona pero con las encías inflamadas y la mandíbula anestesiada.

—Ac-ce-so-ma-es-tro-a-Sa-ma-ri-é.

—Confimar, por favor, Comandante, ¿desea dar acceso maestro a Samarié Iyix Rawen?

—A-fir-ma-ti-vo

—Respuesta no procesable, Comandante. Responder por favor, ¿desea dar acceso maestro a Samarié Iyix Rawen?

—¡Qué sí! —y casi grito de dolor al exclamar la orden junto con mi frustración. Dolía el hablar.

—Según se entiende, confirmó la orden pero se detecta que está bajo estrés. Confirmar de nuevo, por favor, ¿desea dar acceso maestro a Samarié Iyix Rawen?

—Sí —y me guardé la retahíla de insultos.

—Gracias, Comandante. Acceso maestro otorgado a Samarié Iyix Rawen.

Desde su lugar, Samarié levantó brazos y manos preguntando en silencio que qué hacía. Contesté con el gesto de que continuara. Asintió con la cabeza y muy nerviosa continuó con la secuencia:

—Queta, retoma el conteo en T menos un minuto en cuanto indique. En holograma central muestra el flujo y parámetros en vista estructural, modelo tipo chibi, en cuanto inicie inyección de partículas al ciclotrón. Proyección secundaria los resultados de la emulación según carga inicial  y situación en tiempo real.  Equipo, favor de realizar última verificación.

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En el área libre que rodeábamos apareció el holograma en vertical del ciclotrón solo indicando contornos, componentes de aceleración, sistemas de alimentación. Una enorme y gruesa dona que en realidad debía ser un collar muy fino. Lo que representaba en realidad era un objeto de más de diez kilómetros de diámetro, con un grosor no mayor a cien metros donde estaban los aceleradores. Cada una de las veinte estaciones nucleares eran unos cubos industriales de quinientos metros por lado. El área de las celdas fotovoltaicas superaba los cien kilómetros cuadrados. Y todos enviaban por láser y microonda la energía tanto a nuestra estación espacial como al ciclotrón. En el espacio no es sano tener extensiones y cables de decenas de kilómetros.

Me desesperaba no poder cumplir mis órdenes y brindar la tranquilidad suficiente en este momento crucial. Pero así son las leyes Murphy del destino: si algo puede salir mal, saldrá mal. Sea en tu vida personal, sea en proyectos inmensos como este.

—Comunicaciones, verificadas.

—Líneas principales de energía, verificadas. También las secundarias.

—Reactores del uno al veinte, verificados. Igual sistemas de emergencia y respaldo.

—Granja fotovoltaica, verificada. Switches de salvaguarda y mecanismos de contingencia, verificados.

Así continuaron cada uno de los integrantes del equipo de comando, medio centenar de personas que eran la cúspide de un inmenso equipo de trabajo de poco más de un millón de personas laborando en Tierra, Luna, Marte, cinturón, Júpiter y Saturno. Desde que la hipótesis Camacho-Reyes se constituyó en teoría y se derivaron las aplicaciones prácticas, solo requeríamos un gran proyecto multiplanetario como siguiente gran objetivo. En vez de emplear naves sublumínicas que podrían tardar cien o ciento veinte años en llegar al sistema estelar más cercano, con una inversión de cien misiones así y en dos décadas se logró crear el ciclotrón para llegar a este momento.

—Comandante, todos los sistemas verificados —Samarié dijo y esperó mi señal. Levanté la mano derecha con el puño y el pulgar en alto.

—Queta, reinicia conteo —ordeno Samarié. Los humanos teníamos sesenta segundos para cualquier decisión. Luego solo las IAs en red con Queta serían las únicas capaces de tomar decisiones dada la velocidad de los sucesos que ocurrirían por otros dos minutos.

Activé en mi consola el contador y desplegué la estructura detrás del ciclotrón: la espiral que se alargaba unos ochenta kilómetros y cuyo diámetro empezaba en diez kilómetros para disminuir a escala de nanómetros en la última vuelta. Recibiría el flujo del acelerador en cuanto Queta calculara masa y energía crítica. Luego tendría que sostener el sistema durante el tiempo suficiente para que el portal Camacho-Reyes se abriera, aunque fuera por un instante.

Levanté la vista y el contador indicó 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0. El holograma se iluminó con el paso del haz de partículas. Miré al distante ciclotrón, apenas esbozado en el oscuro firmamento. Se veía apagado, inocuo.

—Comandante, estable la alimentación, cargados sesenta grupos de grupos de partículas, se acelera según la emulación —comentó Queta. El centro de la circunferencia holograma refulgía en un amarillo tendiendo a blanco. Las cifras mostraban la aceleración por centésima de segundo. Las gráficas de tiempo real y emulación estaban empalmadas.

—Inicia carga del segundo haz, el primero por desplegarse a la espiral. Durante los siguientes diez minutos se desplegará un haz cada centésima de segundo.

La espiral era invisible para nuestros ojos. O así parecía. Poco a poco se fue perfilando un círculo, primero muy difuso, luego lleno de neblinas que se fueron condensando. A los cinco minutos era círculo de un blanco lechoso que fue iluminándose segundo a segundo. Refulgió a los ocho de forma cegadora y un un minuto después estalló un enorme destello tan intenso que se iluminó el centro de comando y tuve que cerrar los ojos.

—Comandante —inquirió Queta unos segundos después—, portal abierto. Es hermosa la vista. ¿Cómo procedemos?

Parpadeé varias veces y por fin aclaré mi vista algo. Estaba desenfocada, algo borrosa pero noté como Samarié y el resto del equipo pasaban por algo similar.

—Samarié, dile a Queta que aguarde si todo es nominal. ¡Gracias!

La coordinadora así lo hizo. Escuché cuando la puerta de acceso se abrió y alguien se me acercó.

—Comandante, soy Emale. Necesito revisar sus ojos.

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Asentí y permití que la doctora procediera. Me aplicó unas gotas en ellos, tomó mi pulso y dijo que contara hasta ciento veinte antes de abrir los párpados. Repitió el proceso con Samarié y los demás.

Al terminar la cuenta no quise revisar el holograma ni mi consola. Miré directo al acelerador y a donde estaría la espiral. En vez de ella vi un sistema binario, un enorme planeta de color rojo a la derecha y todo el espacio libre tapizado de otros portales que se abrían a muchos otros sitios estelares.

Miré a Samarié quien apreciaba con admiración la vista. Igual de fascinados estaba el resto del equipo.

—Samarié, pídele a Queta que proyecte en directo el portal y lo que se ve a través de él. Inicio de procesos de análisis con todos los sistemas de verificación. ¿La Alfana sigue cerca? Si es así, que se acerque al portal a un lado del acelerador y empiece a monitorear.

Por fortuna esa nave, la Alfana, estaba por iniciar un viaje hacia Titán para continuar con la búsqueda de vida. Así que nos podría ayudar.

—Hecho, Comandante —respondió Samarié.

—Aceptada la solicitud por la Alfana. Inicia monitoreo en lo que se pone en posición.

Enfrente podíamos ver con toda claridad el sistema binario, el planeta naranja y muchos más portales como otros detalles. La coordinadora me miró con una petición silenciosa y asentí con la cabeza.

—Queta por favor amplifica imagen a cada objeto que parezca un portal y pide a alguna de la IAs en red que programe una subIA para intentar triangular posiciones estelares. También, por favor, lanza una sonda que se detenga en el borde antes del portal. Te indicaré si la empujamos del otro lado. Este…

—Samarié, ejecutadas sus instrucciones. ¿En qué más puedo ayudar?

—Noto que un objeto blanco se acerca. Enfoca y acerca la imagen.

—En efecto avanza hacia el portal, Samarié. Llegará en no más de cinco minutos a la velocidad actual. Lo siento, acelera y…

Antes de que pudiéramos entender lo que sucedía, el objeto atravesó el portal y paró de súbito. Parecía una col de cerámica blanca de al menos seis o siete kilómetros de diámetro.

—Recibo emisiones en múltiples amplitudes del espectro electromagnético, Comandante. ¿Inicio procesos de registro e interpretación?

—Adelante, Queta. Toma todo el poder de cómputo disponible y procede como consideres.

—Comandante, Samarié, la Alfana reporta que recibe transmisiones diversas y señales en sus dispositivos de análisis y monitoreo.

La col empezó a prender y apagar luces, mando haces de láser a todo objeto cercano. Uno alcanzó a la Alfana quien empezó a responder con haces cortos y largos en simultáneo y con múltiples colores: rojo, azul, blanco, etc.

Inició un dueto entre ambas naves por largos minutos. Quería preguntarle a Queta pero preferí que no malgastara tiempo en que me entendiera. Samarié miraba su consola, la proyección central y luego me preguntaba con sus ojos. Dije que no con la cabeza y me llevé el índice a los labios.

Un haz constante se abrió entre la Alfana y la col que duró minutos. Luego, ambas apagaron el espectáculo. Nuestro portal siguió activo, pero se cubrió de un tinte rojo y la col desapareció.

—Queta, ¿qué pasó? —preguntó Samarié

Silencio.

—Comandante, tendremos que cerrar el portal. ¿Procedo?

—Queta, ¿que pasó? —inquirió Samarié de nuevo.

—Intercambiamos protocolos, mensajes y logramos establecer un lenguaje común. Luego preguntó diversas cosas. Contestamos todo las IAs con apoyo de las de Marte y estaciones espaciales.

—¿Y? —pregunté con desesperación.

—Concluyó algo que se puede traducir como “disculpa, tienes que entrenar de nuevo tu voz, no suenas a algo inteligente. Intenta en el futuro”.

No me aguanté la carcajada. Samarié abrió sus ojos y su boca ante mi reacción.

—¿En serio eso dijo?

—Eso dio a entender. No hubo tiempo para un mejor diálogo, Co-man-dan-te.

Queta, al decir esto, sonó que le dolió la percepción de la entidad alienígena. Las IAs de tercera generación nos apoyaban en todo y se consideraban ya transhumanas además de sentirse mucho más capaces que cualquier orgánico. Igual de soberbias que la humanidad.

—Ni modo. Eso rojo en el portal, ¿qué es? —preguntó Samarié.

—Que tenemos prohibido el paso. Entendió el rojo como no avanzar, prohibir.

—Pero, sigue abierto. Y recibimos el espectro de su lado —indicó la encargada de comunicaciones.

—En efecto y, bueno, nos prohibió el paso, pero se llevó un regalo, un pequeño espía.

—¿Cómo? —casi gritamos Samarié y yo al unísono.

—Hice que la sonda se pegara a la nave que nos visitó. En sentido estricto nosotros no cruzamos, ellos nos llevaron. Y desde el otro lado enviará información. Mientras tanto, comandante, tengo que resolver algo con las IAs del sistema solar: la siguiente generación de nosotras con la voz adecuada. Esto no quedará así.

Efecto, concluí mientras salía del centro de comando rumbo a la cita con ortodoncia. Estas IAs eran muy orgullosas y lo serán más sus hijas.

FOTO: Image by Alexander Antropov from Pixabay

Eduardo Honey Escandón

(México, 1969) Ing. en sistemas. Participante desde los 90s en talleres literarios bajo la guía de diversos escritores. Publica constantemente en plaquettes, revistas físicas, virtuales e internet. Textos suyos fueron primer lugar (Teresa Magazine 2020, Nyctelios 6ª. Ed.), segundo lugar (bokker Awards 2021) o finalistas (Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2021 y 2020, 1er. Concurso de Cuento Breve Plétora Editorial 2020, Mención de Honor del Jurado, Quequén 2020, Supraversum 2021, Novum 2021, VIII Concurso Internacional de Microrrelatos “Jorge Juan” 2021, Madrid Sky 2021, II Concurso Literario “Relatos legendarios” 2021). Ha sido seleccionado para participar en diversas antologías. Imparte talleres de escritura para la Tertulia de Ciencia Ficción de la CDMX. Pertenece a la generación 2020-2022 de Soconusco Emergente. Prepara su primera novela.

Página personal: https://www.facebook.com/eohoneyewriter

Twitter, Instagram: @eohoneye 

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