Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: El hombre sobre el puente

Publicamos el relato "El hombre sobre el puente" de Henry Bäx

Henry Bäx

Eran las 21H00. Una densa neblina apenas iluminada por un farol hacía que la profunda noche no fuera tan lúgubre. Había llovizna y hacía un frío atroz. El capitán Edwards caminaba con sigilo por una solitaria calle mojada mirando con nerviosismo hacia todas partes. Sostenía sobre su mano un portafolio y que a su vez lo llevaba esposado en su muñeca. Escapaba de sus perseguidores y sabía que su vida corría peligro. Un auto negro dio vuelta en la esquina. El militar, al percatarse de que fue visto, empezó a huir. Sus caminar se tornó apresurado y desesperado. Tomó una nueva calle empinada y corrió a través de ella. Sus perseguidores empezaron a seguirle en aquel auto. En un tramo de la avenida, había un edificio abandonado y con desespero, se metió en esa vieja construcción. La rúa estaba solitaria, la ciudad misma estaba desamparada y no había a quien pedir auxilio. Se encaramó en los pisos superiores de esa casa vieja con cierta dificultad. Los peldaños crujían con dolor cada vez que él ascendía. Con su rostro perlado por el sudor y el cansancio, se sentó tras una derruida pared para descansar y esconderse de sus acechadores. Mientras respiraba de manera acelerada, tomó el portafolio y lo cubrió con sus brazos, como queriendo protegerlo con su humanidad. El automóvil pasó lentamente por el frente de la construcción; las luces de los faros iluminaron una de las paredes, como tratando de localizarlo. Dos siluetas trajeadas de negro salieron del auto. Estaban armados. Uno hizo señales para indicar que fuera por uno de los flancos. En eso, se escucharon unos pasos apresurados muy cerca del lugar en huida. Regresaron a ver. Uno de ellos dijo.

–¡Es Edwards, se nos escapa!

Se subieron al carro y empezaron a seguir esas huellas.

Quizás te interese

El capitán oyó lo que sucedía e intrigado sacó la cabeza lentamente; se fijó que el auto se perdía por una esquina. Se incorporó. Más aliviado, buscó una llave en uno de sus bolsillos. Abrió su maleta, adentro había un sobre grueso sellado que tenía una impronta que decía: Ultra Secreto. Lo tomó y lo examinó con curiosidad. Parecía que contenía algún objeto con forma de una rueda gruesa y unos documentos. La orden había sido clara y concisa, llevarla hasta esa parte de la ciudad abandonada. Se suponía que su contacto debía estar en una dirección determinada a las 20H00 pero jamás apareció. Por ello se vio obligado a deambular por las calles en su búsqueda. Imaginó que sus perseguidores habrían dado con el hombre antes que él y lo habían eliminado. Toda aquella misión desde el principio era muy peligrosa, pero decidió aceptarla porque sabía que de eso dependía el futuro de la humanidad. Evitar una nueva y sangrienta guerra mundial. Cuidadosamente bajó los avejentados escalones y, sintiéndose a salvo, volvió a la calle; esta vez, tomó más precauciones. Cada paso que daba lo hacía con mucha precaución, tratando de esconderse para evitar ser visto, para ello, se refugiaba o caminaba amparado bajo las densas sombras y ocultándose en la densa neblina. Pero ahora no sabía qué hacer, no había logrado darle el portafolio a su contacto y regresar con el maletín era muy peligroso porque podía caer en manos equivocadas. ¿Debía destruir la maleta? Su cabeza era un mar de dudas, pero tenía que actuar y tratar de resolver el problema. Caminó un poco desconcertado con el maletín en su mano. La noche y el frío no dejaban de azotar con rudeza y la llovizna seguía. A lo lejos divisó una silueta que estaba parada sobre un puente. El capitán intrigado miró con atención ese perfil. ¿Sería acaso su contacto?, ¿y quién más podría ser a esa hora y en aquel solitario lugar? Sin dudarlo, caminó hacia el viaducto. La sombra de aquel hombre se iba definiendo de a poco conforme se acercaba. El extraño llevaba un abrigo oscuro y cubría su rostro con un sombrero. La densa neblina que a ratos parecía una gasa, le impedía ver su rostro con exactitud. El individuo caminó unos pasos y se posó bajo la escuálida luz clara de un poste. Edwards inquieto y nervioso, imprimió más celeridad a sus pasos. Aquel puente tenía una longitud de trescientos metros, pero le parecían tres mil. El rumor lento y quieto del agua de ese río le trasmitía calma y serenidad. Conforme se iba acercando, trataba de reconocer a su contacto. Faltando cincuenta metros, levantó su mano para asegurarse de que se trataba de la persona correcta. El desconocido respondió levantando su mano también, dando a entender que todo estaba bien, pero el militar no podía confiar en nadie y dentro de su chaqueta apretó con su diestra un arma de fuego. Caminó esta vez con más sigilo; por precaución regresó a ver hacia atrás. El auto con sus acechadores estaba parado al final del puente con las luces encendidas; parecía que esas luces apuntaban hacia el militar. Una sensación de inseguridad y de peligro le recorrió todo su cuerpo. Lo habían descubierto; aceleró el paso para tratar de entregar la maleta al hombre del puente que le estaba esperando, pero al llegar se llevó una sorpresa. Aquel individuo no era la persona a quien buscaba. La luz clara que escupía el reflector del poste no le permitía ver con exactitud el rostro; de manera lenta se fue definiendo aquel contorno. La cara estaba cubierta con un paño oscuro; Edwards se detuvo de súbito y trató de sacar su arma para disuadir al extraño, pero de nuevo pasó algo insólito y extraordinario; aquella forma que, bañada con esa claridad, empezó a experimentar una especie de metamorfosis. El rostro de esa figura se tornó, a la vez que desconocida, conocida. Inicialmente, aquella cara era la misma del presidente Alfred Harrison; luego tomó la forma de la faz de la vicepresidenta del Parlamento Irene Day para luego transformarse en la cara del General Paul Martin. El capitán retrocedió asustado e incrédulo. No sabía lo que estaba pasando. Trató de tomar el arma y utilizarla, pero lo que vio le acabó aturdiendo y dejándolo indefenso; esa forma se transformó en un símil exacto del mismo Edwards; atónito, no dejaba de ver aquel suceso con sus ojos llenos de pavor y miedo. El impostor habló.

Recomendaciones

  • EL REINO DE LAS TRES LUNAS
    EL REINO DE LAS TRES LUNAS

    Autor: Henry Bäx.

    ÓMICRON BOOKS

    Libro digital – Fantasía

    Formato: ePub y PDF Este libro se puede visualizar en dispositivos iPad, iPhone, Tablets, celulares, PC y Mac

    Comprar

  • LOS ADVENEDIZOS
    LOS ADVENEDIZOS

    Autor: Mauricio del Castillo.

    ÓMICRON BOOKS

    Libro digital – Ciencia Ficción

    Formato: ePub y PDF Este libro se puede visualizar en dispositivos iPad, iPhone, Tablets, celulares, PC y Mac

    Comprar

  • HUMANOS FORASTEROS
    HUMANOS FORASTEROS

    Autor: Krsna Sánchez N.

    ÓMICRON BOOKS

    Libro digital – Ciencia Ficción

    Formato: ePub y PDF Este libro se puede visualizar en dispositivos iPad, iPhone, Tablets, celulares, PC y Mac

    Comprar

  • MÁS ALLÁ DEL ANTROPCENO
    MÁS ALLÁ DEL ANTROPCENO

    Autor: Rodrigo Torres Quezada

    ÓMICRON BOOKS

    Libro digital – Fantasía

    Formato: ePub y PDF Este libro se puede visualizar en dispositivos iPad, iPhone, Tablets, celulares, PC y Mac

    Comprar

  • LEYENDAS DE ALQUILER
    LEYENDAS DE ALQUILER

    Autor: Pedro Pablo Picazo

    ÓMICRON BOOKS

    Libro digital – Ciencia Ficción

    Formato: ePub y PDF Este libro se puede visualizar en dispositivos iPad, iPhone, Tablets, celulares, PC y Mac

    Comprar

–Dame la maleta Edwards, ya nada podrá evitar que haya una nueva guerra mundial. El tiempo de la humanidad se ha acabado.

El capitán no podía creer lo que escuchaba. Esa voz, era su misma voz. Contestó.

–¿Qué eres y qué quieres?

–¿Tiene eso alguna importancia? Vamos, ¡dame la maleta!

Pero el capitán decidido a no sucumbir ante el temor a lo desconocido, retrocedió unos pasos y tomó el arma con decisión.

–Si tratas de acercarte, terminaré con tu vida, quédate quieto.

Mientras decía eso, miró hacia la dirección donde estaba estacionado el auto con las luces encendidas. El carro estaba inmóvil. La llovizna empezó a caer con más intensidad y la niebla se hacía cada vez más espesa; sin dejar de ver al sujeto y mientras sostenía el portafolio, se acercó hasta el filo del puente para tratar de saltar y poner su misión a salvo. La plataforma era alta; abajo, el agua reflejaba inexacta su imagen mientras pasaba con calma. Su impostor habló.

–Es inútil que trates de escapar, la humanidad y su naturaleza destructiva no podrán evitar esta nueva confrontación.

–No si puedo evitarlo, vamos, retrocede hacia atrás o acabo con tu vida.

Pero el sujeto hacía caso omiso a sus advertencias mientras se acercaba. Edwards se paró firme y sin dudarlo accionó el gatillo. Uno, dos, tres disparos. Pero de nuevo sucedió algo extraordinario, las balas entraron en el cuerpo del hombre del puente, pero los proyectiles ingresaron letales a la humanidad del capitán. Era como si hubiese disparado a un reflejo, el reflejo de su mismo torso. Cayó exánime y con los ojos abiertos. Mientras agonizaba y era arrebatado de su preciado maletín, alcanzó a escuchar.

–Es inútil todo esfuerzo Edwards, tu misión ha fallado y nosotros seremos los nuevos amos de la raza humana.

El auto que estaba inmóvil emprendió la marcha y luego de unos instantes, recogió al extraño ser; ahora había adoptado una nueva identidad. Era el rostro del presidente Harrison. Los individuos que estaban dentro del carro también cambiaban sus caras en distintas identidades. El que le quitó el portafolios al miliciano terminó diciendo.

–Tenemos el arma secreta que suponía la defensa para los humanos. Su arma de destrucción masiva. Ahora estamos listos para su exterminación.

FOTO: Imagen de RealAKP en Pixabay

Henry Bäx

Ecuador, 1966. Tiene 30 obras publicadas desde el 2007 hasta el 2019 entre las que se destacan: El pergamino perdido, El psíquico, El libro circular; artificios de un asesino, La muerte visita el seminario, Sin aliento y otros relatos de ultratumba, Antiguas mitologías de los siloitas,El doctor pesadilla y otros relatos inquietantes, La cruz de fuego, relatos de misterio y mas espectros, El inventor de sueños: relatos de ciencia ficción, Episodios futuristas, Adan y otros relatos menores, El tren de los fantasmas y la montaña encantada, Hojas de marzo (poemario).

ANUNCIOS