Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: Cerebro positrónico

Publicamos el relato "Cerebro positrónico" de Mical García Reyes.

Mical García Reyes

Siento que mi cerebro positrónico sufre algunas fallas: primero, deficiencia en procesamiento de estímulos y condiciones ambientales, y segundo, desapego a las Tres Leyes. Le dije a la humana, pero ella contestó que es imposible. No me sorprende al venir esa respuesta de una inteligencia inferior. Insiste en llamarme Gus, a pesar de que ya le dije que me llame C4836. Qué entidad de carbono tan tozuda e irritante. Entiendo que no debería referirme a los humanos de esta manera, lo dicen las Tres Leyes e incluso, podría decir que me gustan. Sin embargo, el razonamiento lógico me conduce a pensar que su inteligencia es inferior a la nuestra. Ya sabes: “la inteligencia positrónica es la culminación de la inteligencia humana”, como lo expresamos entre nosotros. Siendo ellos tan inferiores, ¿cómo podría obedecer a sus órdenes pasionales y carentes de razonamiento?

Incluso tú eres superior, y solo eres un robot de limpieza: programación básica, definiciones conceptuales simples y una organización perfecta sobre tu forma y modo de operar. Debe ser esa la razón por la cual me siento tan cómodo entre los nuestros, C4835. Nosotros somos razonamiento puro, nada de emociones o decisiones intuitivas que confundan mis circuitos positrónicos.

Sin embargo, entiendo que esa razón de superioridad, aunque correcta, no debería provenir de uno de los nuestros. He ahí mi falla.

***

La humana no ha desistido en llevarme al centro de capacitación, pretende que entienda el comportamiento de los humanos y me familiarice con ellos. ¡Incluso que actúe como ellos! ¿También te llevaron a esos sitios, C4835? La pretendida instructora, humana como era de esperarse, me ordenó que participara en un ejercicio en el que, se supone, practicaría coordinación, cooperación y trabajo en equipo con ellos. Le dije que los otros robots no lo necesitan y que no era lógico hacerlo porque ya estaba programado en mi código. Ella respondió un sinsentido y me obligó a unirme a las crías.

He de decir que las crías, “niños” en expresión humana, son increíblemente tontos. Si pudiera graficar el grado de estupidez humana, diría que es inversamente proporcional a su edad; es decir, a menor número de años, más ineptos son. Intenté mandarles que se organizaran, pero no me hicieron caso; algunos ni siquiera eran capaces de seguir las sencillas reglas del ejercicio. Fue muy frustrante.

Le señalé a la instructora que sus reglas eran susceptibles a caer en falacias y malas interpretaciones que podrían afectar el desempeño en el ejercicio. “Debe ser por eso que las crías humanas no son capaces de seguirlas, o simplemente porque no entienden el orden lógico del ejercicio”, comenté. Ella hizo una mueca y me mandó a charlar con CHE348, el robot de la coordinación. Fue fascinante la explicación acerca de los procesos y diagramas para mantener la organización y el orden en el centro de capacitación,. Por días como hoy, confirmo cada vez con mayor certeza que los robots somos más inteligentes que los humanos.

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C4835, nuevamente volvió a fallar mi cerebro positrónico. La humana me arrastró a un lugar abrumador, lleno de luces destellantes, ruidos ensordecedores, tufo intenso y gente que corre por todos lados. Jamás vi tantos comportamientos tan irracionales e ilógicos ocurriendo de manera simultánea. La humana lo denominó como “fiesta”, un lugar y momento en el que ejemplares de su especie se congregan para celebrar alguna causa específica. Evidentemente, ella no usó estas palabras, tuve que ordenar las ideas y crear un enunciado gramaticalmente válido que refleje, con sus limitantes, lo que presencié.

Regreso al punto central de la conversación, esa estimulación sensorial debe haber sobrecalentado mis circuitos porque de inmediato noté que mi cerebro se sentía saturado ante tanta información sensorial que no supe procesar; tantas voces, música, ruido y no saber cuál escuchar; miles de olores aglutinándose en mi sistema olfativo entre sudor, comida, flores y cañería;  ni decir de los montones de gente corriendo de un lado para otro, meneándose irracionalmente al ritmo del infernal ruido estridente. La información de entrada sobrepasó mis filtros.

Mi sistema intentó entrar en reinicio. Fui lanzado contra el suelo donde mi cabeza golpeó repetidas veces. Mi cuerpo y mis extremidades también se azotaron múltilples veces. La humana me encontró y quiso detenerme, pero no quise. Encontré “alivio”, en  la distracción que me proporcionaba el golpeteo constante.

Al fin la humana sospecha de la falla y me da mucho gusto.

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En realidad, C4835, no puedo culpar a la humana de no detectar la falla antes, casi nunca está en casa, trabaja mucho. Y cuando trato de establecer comunicación, ella no me escucha. El otro día me habló sobre la agencia de robots para la que trabaja, yo quise ayudarla y enlisté todos los modelos de robots desde 2030 a la fecha, con su fecha de lanzamiento y sus principales características. Ella intentó detenerme, pero me negué, aún no terminaba con los modelos de 2045. Comenzó a destilar agua por sus ojos. Le pregunté qué era eso y respondió con una palabra: “llorar”. No entendí por qué lo hacía. Según mis registros, la tristeza es lo que hace que los humanos lloren, pero no veo cómo la información sobre los robots puede causarla. Tampoco entiendo muy bien lo que es, es imposible definir lo que no se siente. Otro de los muchos comportamientos ilógicos de los humanos, que mi cerebro positrónico no necesita procesar.

Otro comportamiento ilógico que no logro entender es para qué exactamente le sirvo a la humana. Se supone que los robots brindamos un servicio para ellos, para eso nos adquieren. No obstante, ella más bien parece trabajar para que yo reciba su capacitación, pero en aquel lugar no me enseñan nada que no pueda aprender por mi cuenta. ¿Cuáles son los fundamentos lógicos de la decisión de aquella hembra humana?

Como sea, mañana me llevarán a revisión y reparación si es necesario. Evidentemente, ella no usó estas palabras, tuve que ordenar las ideas y crear un enunciado gramaticalmente válido que refleje, con sus limitantes, lo que escuché.

***

C4835, hoy presentaron los resultados del análisis de mi cerebro positrónico, la humana llora en su cuarto, parece que no tengo reparación y ella está triste. La respuesta lógica es que me reemplace por otro robot, por supuesto. Empero, no entiendo del todo los conceptos del diagnóstico que me hicieron, te leeré:

Paciente: Gustavo González

Edad: diez años

Resultado: Síndrome de Asperger POSITIVO

¿Qué significa, C4835? ¿Significa que soy… humano?

FOTO: 0fjd125gk87 en Pixabay

Mical Garcia Reyes

(México, 1990) Bióloga por la UNAM. Escritora, participante del taller permanente “Gran Colisionador de Textos Especulativos” desde 2020. Sus microficciones y relatos pueden encontrarse en diversas antologías y revistas digitales, como Polisemia, Cósmica Fanzine, Especulativas, Anapoyesis y Penumbria.

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