Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: Carta  de la Compañía  a Ellen Louise Ripley

Publicamos el relato "Carta  de la Compañía  a Ellen Louise Ripley" de Jorge Etcheverry.

Jorge Etcheverry Arcaya

Mi estimada Ripley, para empezar, me permito usar este medio de comunicación tan caro como obsoleto: la carta escrita, que denota el aprecio que le tenemos como corporación y la delicadez del tema, ya que esta misiva le será entregada por mano, pero no se trata de una misiva en papel ni el encargado de entregártela es lo que se denominaba un cartero, sino nuestra última versión de robot antropomorfo. Estoy seguro que usted tardará unos segundos en darse cuenta de que no se trata de un ser plenamente humano y que no será necesario darle una propina (jeje).

Para responder a sus inquietudes, debo manifestarle en primer lugar que  las cosas han cambiado bastante en estas últimas décadas, ahora hay una nueva colonia de terraformación en el planeta objeto de su preocupación y, como debe de esperarse y de acuerdo con las nuevas y más racionales políticas que está implementando la compañía, uno de cuyos cruceros fue el que la rescató alguna vez y de la cual y por lo menos en teoría todavía, usted es una empleada, ya no caben las discriminaciones que en décadas (o siglos) anteriores, y quizás por la necesidad que imponía las limitaciones de una tecnología que distaba mucho de ser como la que disfrutamos actualmente.

Hay algunos de cuyos aspectos que no dejarán de sorprenderla, me imagino,  después de casi  medio siglo de circular por el así llamado espacio en un sueño en suspensión del que no habría podido despertar, por lo menos intacta, sino fuera por algunos de los adelantos que, justamente, nos ha brindado esta nueva tecnología. Comprendo y entiendo su alarma. No nos interesa ni sacaríamos nada negando que está en lo cierto. Hace más o menos unos cincuenta años una colonia entera de técnicos y profesionales de la terraformación, junto con sus familias, fueron aniquilados por una raza de entidades no homínidas—es como ahora denominamos a esos tipos de seres vivos, en lugar de calificarlos de extraterrestres o alienígenas, términos un poco anticuados que denotaban un terracentrismo y humanocentrismo ya obsoletos . Para su información, y suponemos que conoce algo de historia—cosa no muy habitual entre los técnicos—esos incidentes del choque o más eufemísticamente,  encuentro entre culturas, alienígenas o no—común en la ya casi pre historia de nuestra raza humana en el planeta tierra—se han repetido con frecuencia en el cosmos, en el espacio sideral: luego de décadas, —a veces más—de equivocaciones y desconfianzas, muy explicables, por ambos lados, se ha llegado a compromisos bioculturales, arreglos y acuerdos que nos favorecen tanto a nosotros como a las bíoculturas, especies y civilizaciones originarias, y que han tenido como resultado en la mayoría de los casos, beneficios mutuos para ambas culturas y poblaciones.  No pretendo tampoco aminorar su dolor por la pérdida, en ocasiones bastante dramática, de seres que en el curso de avatares comunes llegaron a ocupar un lugar privilegiado en su vida cotidiana, y cuyo prematuro fin fue fruto de malentendidos, que como repito, ya están en vías de solucionarse, si que no lo han sido ya en estos mismos momentos. 

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Ha habido ciertas alteraciones de nuestros hábitos y modos de vida, en aquellos lugares en que se lleva a cabo el interfaz no solo con esta especie, sino con otras con que realizamos intercambios—como el uso casi permanente de anteojos oscuros en público, usar gestos y ademanes  realmente universales, como la mano abierta y extendida para señalar que no hay armas en los órganos portadores, mantener las piernas abiertas para demostrar que no hay apéndices ocultos, mantener una distancia apreciable con el interlocutor para no infringir su espacio, no dirigir la palabra o señal hasta que la otra parte manifieste su intención de entablar diálogo, abrir lentamente la boca para permitir el examen de la cavidad bucal para mostrar que dientes y lengua son los únicos órganos y no hay otros escondidos. Estas son solo algunas de las precauciones que los personeros y portavoces de la Compañía, y otras instituciones políticas y económicas, muestran en los primeros contactos personales con otras entidades o especies alienígenas.

En el caso que nos preocupa, es conveniente que en el interfaz con los alienígenas, nuestros personeros eviten por todos los medios el consumo de carne o tejidos carnosos en presencia de estas entidades, bajo la forma de sándwiches, hot dogs, hamburguesas, etc., es decir, si hay alienígenas de este tipo o especie presentes (uso este término obsoleto para facilitar nuestra comunicación). Para ellos esto representa un sacrilegio, ya que dichos tejidos juegan una parte importantísima en la gestación de los individuos de su especie, llegando a adoptar un aspecto casi sacro. El inveterado consumo de carne por parte de nuestra especie fue una fuente de problemas y malentendidos con esta especie en los primeros momentos de nuestras relaciones comerciales y me atrevería a decir políticas. Demás está decir que la sangre acídica de esta especie extraterrestre ha constituido un gran beneficio para nosotros. En cuanto a los elementos básicos de nuestro intercambio comercial, ellos han implementado una política de recolección de sangre entre su población, y nosotros por nuestra parte, no hemos abocado a la producción de tejido carnal mediante clonaje en nuestros laboratorios y unidades de producción. El intercambio de ambos productos ha sido un acuerdo que ha beneficiado enormemente a ambas partes. Ellos (o ellas o ambos, ya que no poseen las limitadas determinaciones de género de que nosotros los humanoides gozamos) se han encontrado con una fuente inagotable de medios de reproducción, que los aleja de la esporádica y anecdótica—siempre costosa e impredecible—situación y circunstancias de reproducción de su especie. Nosotros, por nuestra parte, contamos con un amplio abastecimiento de un solvente universal más potente, dúctil y rápido que el agua primigenia y que cualquier sustancia ácida hasta ahora conocida.

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Como decía, y a riesgo de incurrir en repeticiones, la pasada actitud colonialista del homo sapiens ha sido fuente de numerosos malentendidos a lo largo de la historia de la humanidad. El obsoleto antropocentrismo debe dar lugar a un nuevo acercamiento a las poblaciones alienígenas. No debemos repetir los errores del pasado.

En virtud a su larga—y me permito añadir, no plenamente reconocida—experiencia en lo que podríamos llamar trabajo de campo, que nos ha permitido conocer la mentalidad, hábitos y costumbres de esta extraordinaria especie de seres alienígenas, la Compañía ha decidido reconocer su magna—aunque a veces mal orientada— labor, Comandante Ripley, y por medio de esta comunicación, este humilde servidor le otorga, además de esta distinción—los Comandantes Honoríficos en Relaciones Interespecie son una nueva categoría que reconoce este nuevo campo de innovación, que goza del respaldo de un decreto de la Federación de Estados Terrícolas—un puesto administrativo de alto nivel en el que seguramente usted podrá desplegar las habilidades de desempeño, dedicación y experiencia de que la Compañía se ha beneficiado tanto durante su trabajo de campo.

Se despide atentamente Eduardo Jantzen, Director Ejecutivo, en representación de CICD ( Compañía Intergaláctica de Comercio y Desarrollo)

FOTO: Imagen de tunnelmotions en Pixabay

Jorge Etcheverry Arcaya

Santiago, 1945, vive en Ottawa, Canadá. Formó parte del Grupo América y la Escuela de Santiago, grupos poéticos chilenas de los 1960-70. Su poesía, prosa, crítica y artículos se han publicado en varios países. Sus últimos libros son Clorodiaxepóxido, poemas, Chile, 2017; Canadografía, antología de prosa hispano canadiense, Chile, 2017; Los herederos, novela de ciencia ficción, 2018; Outsiders, cuentos, 2020. En años recientes aparece en antologías como Wurlitzer. Cantantes en la memoria de la poesía chilena, (Chile, 2018); Antología de la poesía chilena de la última década, (Chile, 2018); Antología mundial: la papa, seguridad alimentaria, (Bolivia, 2019); y Anthologie de la poésie chilienne, 26 poètes d’aujourd’hui (France, 2021). Pertenece al equipo de la revista chilena Entre Paréntesis.

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