septiembre 18, 2021

Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

HISTÓMICRON: El planeta de los simios: del libro a la película

Publicamos el artículo "El planeta de los simios"

Francisco José Segovia Ramos

Partiendo siempre que cine y literatura son dos mundos artísticos diferentes y que las versiones de un libro en formato fílmico bien pueden no adaptarse en absoluto al original en el que se basan, intentaremos en este artículo hacer una comparativa entre el libro El planeta de los simios, escrito por el francés Pierre Bouille, y la película del mismo título dirigida por Franklin Shaffner, protagonizada por Charlon Heston, la más contundente y emblemática de todas las que se han realizado sobre ese mundo imaginario de ciencia ficción.

            Pierre Bouille ya era un autor conocido por obras como El puente sobre el rio Kwai, que había sido pasada al cine con una película del mismo título dirigida por David Lean en 1957, así que el mundo de Hollywood no le era desconocido a pesar de que no hablaba inglés. Cuando le contactaron para filmar su novela El planeta de los simios, empero, consideró que no era una obra de tanta enjundia como para poder triunfar en el formato cinematográfico.

            Por fortuna, se equivocaba, como intuía la productora 20th Century Fox, que dejó el proyecto de dirección en manos de Franklin Shaffner, un director hasta entonces de obras interesantes pero sin el tirón que tendría sus trabajos posteriores, entre los que está Patton, con la que ganó el Óscar a la mejor película y al mejor director.

            En el guion del libro trabajaron Rod Serling (que también hizo varios guiones para la serie Dimensión Desconocida) y Michael Wilson, y aunque parezca increíble, superaron en muchos aspectos al libro original de Bouille, aunque en otros apartados desvirtuaron un tanto el mensaje del escritor francés.

            Empecemos, pues, la comparativa haciendo hincapié antes en el hecho del presupuesto limitado para la película, lo que impedía reflejar el mundo más futurista y avanzado del planeta original de Pierre Bouille. El dinero, que siempre manda, como diríamos hoy en día.

            Sin el temor de desvelar la trama, de sobra conocida, principiaremos comentando el inicio del filme, en el que Taylor (Charles Heston), en la cabina de pilotaje de la nave espacial, hace una reflexión pesimista sobre la humanidad y su futuro, antes de iniciar la hibernación junto a sus tres compañeros. En la novela, en cambio, son un matrimonio de chimpancés (como se descubrirá al final) los que viajan por placer por el espacio, y que encuentran un extraño manuscrito, ¡en una botella de vidrio, a semejanza de los hijos del Capitán Grant, de Verne! que narra una extraordinaria historia.

            Cine y literatura, por tanto, se separan nada más iniciarse esta aventura de ciencia ficción, aunque después vuelven a encontrarse cuando los astronautas llegan a un planeta desconocido.

            En el caso de la novela, los astronautas son tres varones, franceses, y un chimpancé. En la película, tres hombres y una mujer, estadounidenses. Cambian los nombres, las nacionalidades, el motivo del viaje, pero el destino es el mismo: la llegada a un mundo nuevo o, al menos, un mundo diferente.

            Pero ese mundo desconocido no es el mismo. En la novela queda claro que nada tiene que ver con la Tierra y al que los astronautas llamarán Sóror; en la película, por el contrario, se mantiene el misterio hasta el impactante final, cuando Taylor descubre la semienterrada Estatua de la Libertad.

            La llegada al nuevo planeta es muy accidentada en la película, al contrario que en la novela, donde sus protagonistas utilizan una lanzadera espacial que aterriza en una zona muy concreta. Una vez tomada tierra (o caídos sobre las aguas), los astronautas exploran el territorio. En el cine, visualmente es espectacular el viaje de Taylor y sus dos compañeros (la mujer ha muerto en el viaje) hasta encontrar el oasis donde pueden comer y calmar su sed. En el libro llegan casi enseguida, sin encontrarse esos enigmáticos espantapájaros con los que se encontrará Taylor vigilando el oasis y los campos cultivados que hallarán más adelante. Ese mismo paisaje, esos mismos decorados que se utilizarán más adelante para el resto de películas de la saga e, incluso, la serie de televisión, y que sustituirá al mundo moderno, muy similar al del siglo XX de la Tierra, de la novela.

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            La parte dramática que se desarrolla en la laguna del oasis varía también del filme a la novela. En la película, los astronautas se despojan de sus vestiduras y utensilios y se arrojan a las aguas para refrescarse y relajarse, al tiempo que los seres primitivos del planeta, seres humanos, se las arrebatan y destruyen. En la novela, descubren enseguida a una mujer que los mira sorprendida y que matará en un acto de odio al chimpancé de la expedición. Esa mujer responde al mismo nombre en ambos formatos: Nova. Más adelante, también serán asaltados y verán sus cosas destruidas, incluida la lanzadera con la que llegaron al planeta.

            Novela y película describen de manera similar el posterior encuentro con los humanos primitivos, y ambas coinciden en mostrárnoslos como incapaces de hablar, bestiales, depredadores y casi irracionales. Pero ese solaz desaparece enseguida con la aparición de los verdaderos amos del planeta: los simios. Se mantienen las coincidencias, las persecuciones y la caza de los humanos, incluidos los astronautas, con la muerte de uno de ellos y la captura de los otros dos.

            Sin embargo, el Taylor del filme será alcanzado por un disparo en la garganta, con la clara intención de incapacitar su habla dado que los monos hablan en un correctísimo inglés. En la novela no se produce ese fenómeno porque el lenguaje simio es totalmente diferente a cualquier lenguaje humano conocido.

            Las descripciones de los simios de Bouille nada tienen que con el aspecto con el que se muestran en la película: el protagonista de la novela los describe con vestimentas similares a las de la gente de la Tierra, muy lejanas a ese vestuario casi maoísta (por simple y similar, salvo ligeras variaciones en el color) de la película de Shaffner. El mundo también es diferente: la ciudad de piedra de la cinta cinematográfica (producto del bajo presupuesto, repetimos) se aleja de la ciudad moderna de la novela. Es una de las partes en la que más se distancian novela y filme.

            El superviviente protagonista es encerrado como un animal. Taylor, Charlon Heston, intenta comunicarse mediante signos e incluso escribiendo en papel o en la arena, con la doctora Zira que cuida e investiga a los hombres, igual que su homólogo en la novela, Ulises, pero este aprende el idioma simio, y logra al final comunicarse en este con sus captores. Taylor lo logrará cuando se recupera de la herida y puede volver a hablar. En ambos casos, Nova lo acompañará en el encierro.

            Mientras el Taylor de la película apenas pasa unos minutos fílmicos en su encierro, del que logrará escapar para protagonizar una fuga épica que terminará con su captura y su espectacular recuperación de voz, el Ulises de la novela nos describirá con prolijidad la gran cantidad de experimentos a los que es sometido para saber de sus capacidades. Zaius, el orangután que guarda grandes secretos, aparece en ambos formatos para poner un punto ominoso en la narración.

            Zaius defiende la predominancia del simio sobre el resto de seres del universo, negando cualquier traza de inteligencia en el hombre. Ulises y Taylor, protagonistas de sus respectivas historias, logran tener una audiencia ante el tribunal de los simios en la que pretenden demostrar esa inteligencia que se les niega.

            Ambos, sin embargo, tienen diferentes resultados, y el debate en la novela es mucho más extenso y esclarecedor de la actitud fanática de los simios y se produce, no en una habitación mediana y con poca presencia simiesca, sino en el centro de un enorme anfiteatro repleto de monos de todas las especies. Ulises logra hacerse con la aclamación del público y se convierte en una estrella mediática, a la que se le ofrece cualquier cosa que pida y se le acompaña en un viaje por la ciudad simia (en una historia que será recogida, con matices y cambiando al ser humano por dos simios, en una de las películas de la saga, Huida del Planeta de los Simios).

            Más adelante, Ulises, a través de Cornelius, un joven chimpancé investigador, descubrirá una antiquísima ciudad, anterior a la época de los simios. Esas ruinas, que en la película están ocultas en cavernas que Taylor recorrerá con mirada inquisitiva, acompañado también de Cornelius y Zira, demostrarán que el ancestro del simio es el hombre, por mucho que Zirius intente decir lo contrario. La famosa muñeca con forma humana que habla después de todo ese tiempo, aparece como un icono fundamental en la película y en la novela (pa-pá, llega a decir un par de veces antes de averiarse para siempre). Es un elemento que los guionistas no podían obviar ni desaprovechar.

            Mientras ese descubrimiento hace que Ulises se plantee ser quien haga resurgir a la humanidad para recuperar el puesto que le pertenece en Sóror, Taylor tendrá que huir de un enfurecido Zirius, que pretende capturarle, sin éxito.

     A partir de aquí, novela y cinta cinematográfica toman caminos muy diferentes, casi enfrentados, aunque con finales igualmente dramáticos.

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            De sobra es conocido el final apocalíptico de la película de Shaffner, donde Taylor, acompañado por Nova, con la que ha huido de sus perseguidores, se encuentra con la destrozada Estatua de la Libertad y es entonces consciente de que ha regresado a una Tierra devastada por una guerra nuclear y en donde el hombre ha sido sustituido en la escala evolutiva por el simio.

            La novela es, en este aspecto, mucho menos redonda. Ulises, tras su intención de resucitar el espíritu del ser humano, empieza a ver peligrar su integridad y también la de su pareja Nova, que está encinta. Zira le informa que la comunicad gobernante simia teme por las consecuencias de ese hijo que nacerá de su relación con una mujer primitiva. El hijo de Ulises nace sin mayores problemas, pero con el tiempo empieza a emitir sus primeras palabras, lo que asusta y alarma a los simios que lo observan. Ante el peligro de ser eliminados, Zira le habla de un cohete espacial que pronto lanzarán al espacio y que podría servirles para llegar hasta su propia nave en órbita y regresar al planeta Tierra.

            Ulises, Nova y su hijo se despiden de Zira y toman ese cohete, con el que llegan hasta su nave espacial y regresan a la Tierra. En el viaje, para ellos relativamente breve, han transcurrido miles de años pero, por fin, divisan el amado planeta y aterrizan en el… aeropuerto de Orly, en Francia.

            Y, cuando han descendido de la segunda lanzadera que los ha llevado allí, son recibidos por varios personajes que han acudido hasta ellos alertados por su aterrizaje. Ulises descubre, para su horror, que se trata de simios y que en la Tierra, al igual que sucediera en Sóror, los simios han ocupado el lugar privilegiado de los seres humanos. Logran huir, tomar de nuevo la lanzadera y volver a su nave en órbita para huir hacia no se dice dónde.

            Pierre Bouille no termina aquí la novela, dado que está contando una historia escrita en un manuscrito encontrado en una botella. Los que la han leído la toman como una broma, o un escrito fantasioso, y sonríen mientras el autor los describe como lo que realmente son: chimpancés.    

            Para terminar esta comparativa, hay que valorar de nuevo que cine y literatura son dos formatos distintos, con recursos diferentes y formas de contar una historia a veces divergentes, y que la película de Shaffner, de lejos, es mucho más sobrecogedora, llamativa e impactante que el libro en la que se basó, que es relativamente interesante pero que hubiese pasado desapercibido para un lector medio de ciencia ficción de no ser por la gran acogida que tuvo la película protagonizada por un siempre icónico Charlon Heston.

FOTO: APJAC Productions / 20th Century Fox

Francisco Segovia Ramos

Granada, España, 1962. Ha ganado, entre otros: el IV Certamen de Relato del Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror La Mano, de Alcobendas, Madrid; el I Certamen de Novela Corta de lectura Fácil; el IV Certamen Internacional de novela de ciencia ficción “Alternis Mundi”; el XXVII Premio de Prosa de Moriles; el II Certamen de Cuentos “Primero de Mayo”, Argentina; y el I Premio de Novela corta de lectura fácil. Obras: “El hombre tras el monstruo” (2017), “La Promesa” (2015), “Los Náufragos del Aurora” (2015), “Viajero de todos los mundos”, (2014), “Los sueños muertos”, (2013), “Lo que cuentan las sombras”, (2010); “El Aniversario” (2007). Partícipe en numerosas antologías de poesía y relato con otros autores. Otras actividades: Colaborador en revistas y periódicos digitales. Participa habitualmente en la Semana Gótica de Madrid. Miembro de la Asociación española de Fantasía, ciencia ficción y terror, AEFCFT