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Daniel Verón
Al continuar la saga de los viajes del almirante Garyker recorriendo los laberintos del tiempo, nos encontramos con un período de descanso de la Patrulla del Tiempo en cierta galaxia. En general, Garyker tenía por costumbre navegar libremente por el espacio, al igual que las grandes flotas de la Federación. De hecho, en numerosas investigaciones se cruza con algunas de ellas. Para Garyker entonces ha sido un poder alojar a bordo a otros colegas suyos que también se tomaban algún descanso. En algunas pocas ocasiones, ha sido él mismo quien visitó alguna flota, invitado especialmente por el almirante correspondiente, en un gesto de amistad. Para Garyker, como para muchos otros, el espacio en sí mismo poseía una atracción irresistible y, aunque no era su misión el recorrer esas inmensidades, cada vez que lo hacía disfrutaba mucho. Incluso sus segundos, Solrak y Magesthier, solían verlo largo rato contemplando las estrellas distantes.
Pero ésta no era la única preferencia del almirante. En efecto; aprovechando la circunstancia de ser un privilegiado que podía trasladarse indistintamente de una época a otra, Garyker gustaba de “estacionarse” en el futuro, generalmente unos pocos siglos por delante de su época natural. Allí es donde se encontraba seguro. La Federación aún existía y el Modelo Humano (MH) era el dominante en el Universo Local (UL), sólo que en esos tiempos existían numerosas razas humanas extra-solares que habían alcanzado un desarrollo parecido al del Hombre Solar (HS). Desde luego que no estaban en competencia entre sí por la simple razón de que, según se comprobó, ciertas razas humanas realmente descendían del Hombre Solar gracias al dominio del espacio y del tiempo. De modo, pues, que en los próximos siglos y hasta algunos miles de años después de su tiempo, el HS siguió evolucionando hasta el punto que los pantocrátores previeron.
En unas pocas ocasiones, Garyker se permitía visitar algún mundo de ese futuro exclusivamente por su cuenta llevando consigo a algunos sabios para que tomasen debida nota de la clase de civilización que visitaban. En tales casos, cuando debía entrevistarse con gobernantes, el almirante nunca ocultó ser quien era ni lo que hacía. Sin embargo, en aquellos mundos del futuro los viajes en el tiempo eran algo bastante común y ya nadie se sorprendía de que tal cosa fuese posible. Además, como las visitas de gente de la Federación eran bastante frecuentes, los tripulantes del Crucero Dorado solían pasar desapercibidos.
Uno de esos casos excepcionales en donde el almirante recaló en cierto mundo fue en Hapos-3 junto con una pequeña comitiva. Otros colegas le habían hablado de aquel lugar y tenía cierta curiosidad en conocerlo durante uno de sus descansos. Básicamente, se trataba de un planeta pequeño con una importante población sumamente desarrollada. Todo en aquel lugar transmitía una extraña armonía pero lo más notable fue cuando se produjo el primer encuentro con algunos pobladores. La cualidad más notable de los haposianos era que no hablaban sino que realmente cantaban para comunicarse entre sí, produciendo un efecto muy curioso al oído. Además, ellos no intercambiaban unas pocas palabras sino que cada uno cantaba por varios minutos alguna extraña melodía hasta que su interlocutor le respondía de una manera similar.
Fue bastante lo que le costó a Garyker entender y hacerse entender. Aunque los métodos universales de traducción daban el significado a las palabras, producía una extraña sensación oir aquello. En cierto modo, cada diálogo era más parecido a alguna clase de coro (u ópera) con respuestas que a una charla común. De a poco, los federales fueron entendiendo que era necesario responder en el mismo tono para ser bien recibidos.
Pero más increíble resultó visitar sus grandes ciudades adonde todo el mundo parecía estar cantando algo diferente al mismo tiempo. Aquella confusión de sonidos hacía que resultara difícil entender claramente pero todo era cuestión de acostumbrarse. Sobrevienen luego otras escenas en donde Garyker comprende que ellos, los federales, son tenidos como “retrasados” por hablar de la manera en que lo hacen, es decir, sin cantar.
Sin embargo, el descubrimiento más sorprendente fue otro. Los haposianos conocían perfectamente el viaje en el tiempo pero no eran ellos los que viajaban personalmente sino que tenían por costumbre “enviar sonidos” modulados a otras edades del Universo. En lugar de convertirse en conquistadores de mundos, ellos aspiraban a que diversas civilizaciones existentes, en una época u otra, captaran sus melodías para así conocerlos mejor a través de la distancia. Eran los sonidos los que viajaban mediante un sistema de ondas alter y de este modo llegaban s ls mente de otros seres en diferentes regiones del Universo. En la escena final, podemos ver a Garyker y Solrak, ya de nuevo a bordo, preguntándose si acaso muchas melodías que algunas personas han recibido a lo largo de la Historia Universal a modo de inspiración no tienen ese origen.
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A continuación, la Patrulla se dirige a Perseo en donde los espera una nueva misión. Se trata de una región del espacio sumamente poblada por diversas civilizaciones humanas de cierta importancia. Lo que el Comando General les encarga es investigar ciertos hechos ocurridos en Bordón-9, un planeta distante que, sin embargo, aloja a uno de los pueblos más numerosos de Perseo. Pero los problemas comienzan cuando el almirante es transportado a la ciudad capital, Remuna. En primer lugar, el almirante se ve envuelto en un extraño torbellino donde se ven y se escuchan cosas incomprensibles. Hay voces fuertes e imágenes laberínticas que van y vienen. Cuando, por fin, el efecto parece detenerse, Garyker cae literalmente en una planicie desierta que no parece en absoluto ser Bordón-9.
A partir de allí, en el Crucero Dorado comienza una extensa búsqueda del almirante aunque en principio nadie acierta a dar con lo que ha sucedido. Lo primero que queda claro es que él no se encuentra en Bordón-9, aunque Solrak es partidario de que sí está pero en otra época; el problema es cuándo. Mientras tanto, el almirante, viendo que está solo, investiga algo la superficie y, con un detector de minerales, alcanza a entrever que ha sido trasladado mucho tiempo atrás en el pasado, aparentemente cuando este mundo aún estaba desierto. Sin embargo, no hay tiempo para mucho más. En un momento tan repentino como el anterior, Garyker se ve nuevamente “transportado” en el mismo laberinto hasta caer finalmente en otro lugar. El mismo es semejante al anterior pero, a unos cientos de metros, se ve una ciudad similar al estilo bizantino del Medioevo terrestre. El almirante se acerca a las gentes que habitan la ciudadela pero ellos no parecen verlo. Garyker se acerca aún más y hasta se interpone entre dos de ellos pero lo cierto es que no lo ven.
Mientras, en la nave se suceden las escenas con los oficiales buscando a su almirante y barajando teorías sobre lo sucedido. Garyker es trasladado en varias ocasiones más pero de igual manera. A veces, por el aspecto de las ciudades, parece hallarse en el futuro; en otras ocasiones da la impresión de haber retrocedido al pasado. De todos modos, en ningún caso hay nadie que lo vea. Finalmente, en la nave consiguen realizar un experimento difícil con el sistema de transportación sintonizándolo ahora en una frecuencia ultracorta. De este modo, logran captar una extraña anomalía magnética que rodea a todo el planeta Bordón-9 y así detectan también la presencia de un ser humano dentro del laberinto, precisamente en el momento en que Garyker estaba por ser trasladado a otra edad.
Una vez que el almirante regresa a bordo comienzan a aclararse algunas cosas. Según lo que han visto los sabios de la Patrulla, aquella anomalía no es natural sino que tiene un origen artificial. En efecto; los bordonianos conocen el viaje en el tiempo pero nunca han unificado criterios en cuanto a su uso como en la Federación. Esto ha llevado a que miles de individuos lo practiquen indiscriminadamente yendo y viniendo del pasado al futuro, alterando así no sólo su historia personal sino la global, causando un raro fenómeno, nunca antes visto, en donde el tiempo se ha ido “desgarrando” como una tela vieja. Este efecto cubre la totalidad del planeta y es probable que más adelante se extienda a todo su sistema planetario. Por esta causa, allí el tiempo ya no fluye de la misma manera que en otras partes del UL de modo que no hay una realidad que perdure por mucho tiempo. El descubrimiento es de gran importancia porque ciertos fenómenos observados en regiones distantes podrían tener un origen similar.
Más adelante encontramos al Crucero Dorado surcando el espacio de 5 millones de años después, una cifra ínfima a nivel cósmico pero que humanamente significa mucho. Para algunos historiadores se trata de una época de esplendor del MH (Modelo Humano) en el Cosmos. Ya no es el Hombre Solar únicamente el que reina sino que existen miles y miles de razas similares, la mayoría descendientes suyas. Es cierto que algunas estructuras cósmicas se ven modificadas. Algunas galaxias irregulares, por ejemplo, han desaparecido más rápido de lo previsto, mientras que en algunas regiones del UL (Universo Local) ya se nota el efecto de disgregación de ciertas galaxias espirales para conformar nuevas estructuras, las así llamadas Burbujas. Sin embargo, a nivel MH, el Universo bulle en civilizaciones a cuál más avanzada.
Es así que, en un viaje de rutina, adonde Garyker se comunica con algunos grupos relacionados directamente con la Federación, la Patrulla establece contacto con una gran flota de origen desconocido. Por un rato hay gran agitación a bordo aunque los tripulantes están ya acostumbrados a toda clase de sorpresas. Dicha flota es dirigida por una tal “Graxia” (tal su título), Alinor Lorean, procedente del Imperio Marsis, algo de lo cual ellos nunca han oído hablar. El encuentro, realizado poco después, los deja sin aliento. A bordo del Crucero Dorado llega una mujer bellísima extrañamente vestida como alguna clase de reina galáctica. Su piel es bien blanca, el pelo negro y largo, ella es alta, usa una gran capa amarilla y tiene un aire realmente imponente.
A partir de allí toda la vida en el Crucero cambia completamente. La flota que los visita está compuesta únicamente por mujeres como tripulantes. Garyker se esfuerza por atenderlas lo mejor posible ya que desean investigar mejor su origen y es así que lo vemos en largas veladas charlando con Alinor. Pero esto no es lo único. Varios oficiales solteros que viajan a bordo se ocupan de dar la bienvenida a las diferentes chicas que han venido con ella. Se suceden algunas escenas graciosas y hasta románticas pero es al 2º día que los miembros de la Patrulla comienzan a comprender mejor la procedencia de sus visitantes.
Pese al enorme desarrollo que posee el Estado Mayor del Tiempo de la Federación, es recién aquí que se enteran de la existencia de algo que los marsis llaman “diferentes tiempos”. En efecto; así como el espacio no es uniforme en el Cosmos, Alinor explica que tampoco el tiempo lo es. Que existen estructuras de tiempo artificiales y otras naturales, que son como diferentes alfombras colocadas una sobre la otra. Pues bien: ellas proceden de otro tiempo, distinto al suyo. En el tejido espacio-temporal al que pertenecen Garyker y los demás, el Imperio Marsis simplemente no existe. Lo mismo sucede a la inversa. Esta es una visita prácticamente de un universo a otro, atravesando inmensidades de tiempo. “¿Y cuál es el motivo?”, pregunta el almirante aún subyugado por la belleza de la mujer. La respuesta es increíble: “Reproducirnos con ustedes”, dice Alinor mirándolo fijamente.
Así es. En el tiempo y en el lugar de donde procede la “Graxia” Alinor, se han dado un conjunto de circunstancias por las cuales los hombres han desaparecido casi por completo, especialmente a causa de diversas guerras galácticas. Los únicos hombres que han quedado son viejos y ya no pueden reproducirse. El Imperio Marsis está ahora enteramente gobernado por mujeres pero la principal gobernante, la emperatriz Hoylan, dispuso enviar flotas a diferentes regiones del Universo para reproducirse y evitar la extinción de su raza. Alinor hasta les muestra una especie de audiovisual probando lo que está diciendo. La misión de flotas como la suya no era la de conquistar sino ver qué razas eran las más aptas para cruzarse con ellas. Desde luego que la raza solar era una de las más interesantes y especialmente ellos que sólo viajaban por el tiempo. El almirante entonces decide consultar con su superior, el Supremo Dongede Mistor, quien le da “permiso” para algo así. Las últimas dudas de Garyker desaparecen cuando, al consultar con Magesthier, éste le comunica: “Almirante, debo entender que es así cómo señalan los anales que usted conoció a su esposa”. Era increíble. En los laberintos del tiempo, Garyker no había recibido una visita más sino a alguien muy especial, a quien efectivamente sería su cónyuge.
En la siguiente misión, la Patrulla del Tiempo se moviliza dentro del Grupo Local (GL) y, específicamente, en la galaxia de Andrómeda pero no en tiempo presente sino 1.000 millones de años en el pasado. La tarea le ha sido encargada especialmente por el Supremo Archis Elyssius, administrador del área del pasado. El objetivo era, literalmente, el de “rescatar” de su aislamiento al grupo del comandante Ervin Kerriger, aquel que había sido absorbido por un agujero blanco y transportado a esa edad del pasado sin la más mínima posibilidad de regresar a su lugar de origen. El y su gente estaban explorando la Nube Mayor de Magallanes en el tiempo en que Gedeón Solar conquistaba Andrómeda y cuando aún no se dominaba la técnica de los viajes en el tiempo. De modo que allí se dirigió la Patrulla en esta tarea de rescate.
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La flota aparece el espacio circundante colocándose luego en órbita de Kaloa-3, el mundo que Kerriger y los suyos eligieron para establecerse. Garyker está familiarizado con su historia y para él es un honor acudir en su ayuda. El tiempo elegido es aproximadamente cuando ya llevan 1 año de instalados allí. En principio, la comunicación con aquel grupo causa toda una revolución en la pequeña colonia. Luego, Garyker y sus oficiales son transportados a la superficie adonde los recibe Kerriger en persona. Para entonces, los sobrevivientes han edificado una ciudadela más o menos importante y dan una cordial bienvenida a sus visitantes.
Se suceden los saludos hasta que Kerriger los lleva a un salón que él utiliza a modo de oficina personal. Se les sirven algunos refrescos y entonces cada cual comenta con l1ujo de detalles su historia. Primero comienza Garyker informándole de su procedencia, quién es y la misión que realiza. Kerriger se siente fascinado ante esa perspectiva de viajar de una época a otra. Luego él mismo cuenta cómo les ha ido desde que llegaron allí. Kaloa es un mundo donde encontraron casi todo lo que necesitaban. No hay seres inteligentes ni animales pero aloja una amplia gama de seres vegetales de los cuales se han valido. En diferentes pasajes de la charla Kerriger denota estar orgulloso de lo que han logrado. Son muchos los planes que tiene por delante y se nota que sus compañeros lo apoyan incondicionalmente. Incluso lleva a los visitantes a dar una vuelta y, desde una terraza, les muestra cómo va creciendo Ciudad Impala, tal su nombre. En un solo año se han producido muchos nacimientos en su grupo y las viviendas son cada vez más grandes.
Por fin, es Garyker quien expresa claramente cuál es el motivo por el que han venido, o sea, el de devolverlos a su tiempo original. Kerriger lo mira sorprendido y, enfáticamente, responde que de ningún modo lo aceptará, que ellos han elegido vivir allí y así lo harán. El almirante intenta hacerle ver los peligros a que están expuestos en un espacio-tiempo adonde el Hombre Solar no existe aún pero esta vez son otros oficiales los que le replican sobre su intención de quedarse ahora que ya han aceptado lo sucedido. El último intento de Garyker recibe como respuesta de Kerriger:
-Almirante, nos arreglaremos bien. Después de todo, son sólo 1.000 millones de años y eso no es mucho, usted lo sabe. Aquí viviremos como deseamos y, cuando la Federación llegue con sus naves, ya tendremos conquistada toda esta zona espacial. Y eso es algo que no tiene precio –concluyó.
Así fue como finalizó aquella misión de la Patrulla del Tiempo.
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Daniel Verón
Argentino. Recibido en filosofía en la UBA. Es profesor de teología, da charlas sobre ciencia ficción. Expone sobre su novela en ferias del libro por toda Argentina.
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