septiembre 22, 2021

Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: Hum-Hor

En Cronistas Ómicron, Emilio Vilaró nos comparte su relato "Hum-Hor"


Emilio Vilaró

ADVERTENCIA

NOTA: Tódo lo que escríbo está escríto en lo que llámo «tildádo», o séa, póngo tílde en la vocál que está acentuáda. Como en éste párrafo.

Señór, se ha conseguído. El proyécto «Reducír» ha sído tódo un éxito, véngo a despedírme. 

—Descánse, o más bién siéntese y cuéntemelo tódo. 

—Grácias Señór. Después de áños de trabájo, acelerádo ahóra por ésta pandémia que atáca por iguál a humános, animáles y plántas y nos está dejándo sin aliméntos, los científicos han lográdo reducír o ampliár el tamáño de los séres vívos y objétos según lo deseádo. 

Se ha decidído encogér a voluntários, a los cuátro tamáños considerádos válidos pára que la humanidád puéda sobrevivír. Al de un pérro, un conéjo, úna rána o úna hormíga. 

Al finalizár el estúdio, se decidirá cuál de éstas cuátro soluciónes es la más viáble pára aplicár a tóda la humanidád y así lográr reducír las necesidádes de comída, bebída, energía y espácio. Biénes ahóra muy escásos en la tiérra. 

—Señór. Ordáz, ¿cuál crée que es la mejór opción? Y ¿cómo se ha lográdo?

—Estóy convencído que lo óptimo, considerándo nuéstro probléma, es vivír «bájo tiérra», como las hormígas. Tóda la humanidád, reducída a su tamáño, sería el equivalénte a únas seteciéntas persónas. Tan póca mása sería fácil de alimentár. Bájo tiérra podémos estár protegídos. Se podría dejár algún humáno con su tálla normál vigilándo cáda hormiguéro por seguridád.

Los científicos lo han lográdo grácias a un imán gravitacionál que redúce el tamáño de los átomos al deseádo. Increíble, es como inflár y desinflár un glóbo.

Ya se lo había comentádo Señór, me he ofrecído como voluntário, pára reducírme al tamáño de úna hormíga.

—Sé que llevámos vários áños con éste proyécto. Me alégra que háya sído un éxito y ustéd úno de los elegídos. Estóy enterádo de tódo, le deséo suérte, espéro que séa su opción la escogída. Nuéstra unidád lamentará perdérlo 

Péro ¿cómo lo preténden conseguír? De qué manéra podrán evaluár si ésta opción tan distínta a como sómos nosótros, puéde resultár válida. ¿Cómo se va a ponér en contácto con las hormígas? ¡Tódo es tan excitánte!

—Los últimos méses, me destináron al equípo que estúdia tódo lo necesário pára ponérnos en contácto con las hormígas: lenguáje, costúmbres, estílo de vída, ¿cómo lográr que nos ayúden?, ¿qué nos pedirán? etc.

En ésta búsqueda hémos encontrádo un hormiguéro típico, ni gránde ni pequéño. Con las características sociáles de las hormígas de nuéstros cámpos, náda comparáble a las agresívas espécies de ótros sítios. 

Ése hormiguéro, paréce el sítio ideál pára comenzár a aprendér tódo sóbre éllas. Hásta he vísto nuéstro posíble primér contácto. La lláman «La Hormíga Exploradóra», se ha hécho famósa. Le gústa la vída exteriór del hormiguéro. Víve en un rosál no léjos de su colónia. Es muy extrovertída. Lo que aprénde, como tiéne úna gran relación con la Réina, lo impleméntan en su nído. Créo que élla puéde ser nuéstro lázo de unión. 

—No sábe cuánto me gustaría acompañárle Ordáz, péro mi edád no lo permíte. Por favór, manténgame informádo, áunque séa extraoficiálmente. 

—Así lo haré Señór. 


Actuámos léntamente, mi reducción se ejecutó frénte al rosál. Lo hicímos en várias etápas pára que las hormígas viésen cláramente el treméndo cámbio que estába ocurriéndo a un humáno. Cuando túve el tamáño aproximádo de las hormígas, paré el procéso. 

 La Exploradóra lo había vísto tódo, dejó su flor, y bajó del rosál. Preparé mi rífle por si fuése necesário, si bién vi que su curiosidád éra mayór que su agresividád. 

Púse éntre los dos el artefácto que nos permitiría comunicárnos. 

—Me llámo Ordáz. 

—Yo Exploradóra. 

—Ya lo sabía, la he estádo observándo algún tiémpo. He venído en nómbre de tóda la Humanidád a pedír vuéstra ayúda. 

—Estóy a su disposición, ¿qué deséa de nosótras?

—Priméro vuéstra amistád, véngo en son de paz. Quisiéra que me presentáseis a vuéstra Réina. Tenémos álgo importánte que quisiéramos pedírle. 

—Bién, ésto no será ningún probléma. Si es tan gráve, podémos ir ahóra mísmo. Si súbe sóbre mí espálda, le puédo llevár, acabarémos más rápido. En el hormiguéro, sin conocérlo podría perdérse, no saldría vívo. Hásta cuando las compañéras se háyan acostumbrádo a su aróma, es preferíble que no se aléje de mí. 

—Grácias, si no le molésta voy a ponér el ínter-comunicadór sóbre su espálda. 

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La galopáda no fué líbre de sústos y algún gólpe.  La hormíga prónto comprendió, que tenía que reducír la velocidád y aumentár su cuidádo si quería llegár hásta la Réina con un humáno vívo. 

   Después de úna bréve espéra, miéntras la Exploradóra explicába a la Réina el motívo de la visíta, me fué permitído pasár a la Sála Reál. 


Majestád. La exposición íba a ser lárga y dramática. 

La humanidád está sufriéndo úna péste de proporciónes increíbles. No se sábe exáctamente cómo comenzó, álgo en el organísmo de las hormígas se trasmitió a ótros inséctos.  Éstos lo pasáron a los mamíferos y de allí al hómbre. 

En algúna de éstas etápas, también pasó al múndo vegetál. La muérte de hómbres, animáles y plántas es enórme. Los científicos han lográdo después de grándes esfuérzos, úna vacúna pára nosótros. Ésta solución no la hémos encontrádo todavía pára las plántas y animáles. Por ésto, la comída es cáda vez más escása, hay saquéos, asesinátos y guérras. La humanidád no podrá sobrevivír sin aliméntos. Tódo ésto, ustédes también lo habrán notádo. 

—Efectívamente, confirmó la Réina. 

—Las soluciónes que nos planteámos son dos y no excluyéntes: la priméra, reducír la población usándo anticonceptívos, péro ésto tardará áños en producír resultádos. 

La segúnda, probáblemente la medída más acertáda, sería la de reducír la población. Me refiéro a encogér a las persónas físicamente. Igualár tóda la humanidád al tamáño de las hormígas.

Como puéde ver, lo hémos conseguído. Así, el péso de tóda la población será póco. A ésa pequéña mása de humános será fácil alimentárla. También hémos podído reducír los objétos inanimádos. 

La Réina con gésto elegánte, de respéto y consideración hácia el visitánte, dejó de ponér huévos como acostúmbra a hacér, cuando álgo le paréce interesánte. 

—Considerámos Señóra, que si sómos de su tamáño, lo ideál sería vivír como ustédes, «bájo tiérra». A los de su espécie, les ha ído muy bién, se han propagádo con gran éxito por tódo el planéta. 

Por ésto querémos pedírle su ayúda. 

—Sr. Ordáz, no sé en realidád qué es lo que ustédes quiéren, o en qué podémos ayudárles, péro estóy interesáda, continúe por favór. 

—Majestád, quisiéramos hacér úna pruéba, vivír en un hormiguéro, al princípio sólo seríamos únos ciéntos de humános. Podrían ustédes ayudárnos a construír úno, o momentáneamente ocupár algúnas de las sálas en ésta colónia. Los que las habitarían serían géntes de tódas las rámas del sabér, ciéncia, cultúra etc. Se dedicarían, a preparár la reducción de tóda la humanidád. Después de las pruébas, se tomaría la gran decisión. 

Trataríamos de no molestár.

Si éste primér experiménto tiéne éxito, podríamos construír más colónias con su ayúda. 

—Se da cuénta Sr. Ordáz, ¿lo qué me está pidiéndo? Propóne que les ayudémos a ser como nosótras, a ocupár los mísmos cámpos, a imitár nuéstra vída, por tánto, a ser nuéstra competéncia y creár un pelígro potenciál pára nuéstra espécie. 

—Sí, éso parecería. Es por ésto que hémos venído a hablárles. A la humanidád no le interésa permanecér en ése estádo «reducído». Tan prónto nuéstros científicos lógren la vacúna pára tódos los animáles y vegetáles, cuando éstos puédan volvér a alimentárnos, pasaríamos a nuéstro tamáño normál. Si sólo fuésemos únos pócos millónes de persónas sóbre la tiérra, ésta situación no sería gráve. Hémos cometído un gran errór al ser tántos. 


La respuésta tardó vários días. Duránte ése tiémpo fuí atendído de maravílla. La Exploradóra, me enseñó el hormiguéro, nos hicímos buénos amígos. Quedó impresionáda con mi capacidád de ver en la oscuridád, le expliqué que éran las léntes especiáles, las que me permitían «ver» déntro de la colónia. Púde hacér pequéños recorrídos sólo, sin ser molestádo, ya éra párte de la comunidád. Comía los mísmos hóngos que éllas, y álgo de la miél de los pulgónes pára adaptárme. 

Mi amíga me explicó cómo le habían dádo el nómbre de «Exploradóra». Como le aburría el trabájo en el hormiguéro, siémpre éra de las que salía a buscár comída. Las lárgas fílas índias, no le gustában. Un día vió en lo álto de un rosál, la más bélla flor. Salió de la fíla y se subió a la rósa

Duránte semánas permaneció en élla escondída, admirándo el paisáje, viéndo los fállos del trabájo de sus compañéras y cómo corregírlos. Descubrió lo fácil que tenían el abastecimiénto alimentício, si visitában los cámpos cercános de trígo que no habían vísto. 

La felicidád duró póco, fué descubiérta por dos soldádos y lleváda a la Réina. A pesár de habérles mostrádo los grándes cámpos de cereáles y llenádo los granéros, fué castigáda a fuértes trabájos duránte el inviérno. Péro viéndo que la Exploradóra éra más productíva fuéra que déntro, la dejába vivír duránte el veráno en su rosál. 


La respuésta a la solicitúd la trájo la Exploradóra. 

Habían confirmádo que tódo éra ciérto. 

Considerándo que éran éllas, no intencionádamente, las culpábles de la Pandémia Universál. Habían decidído permitír la vída en la colónia de nuéstros científicos. Seríamos vigiládos con cuidádo. Éso sí, ayudándonos en tódo moménto. Como querían ser partícipes del éxito de la misión, tendríamos la colaboración de las hormígas en nuéstro procéso de construcción e investigación. Hásta que pudiésemos encontrár el antídoto. 

—Es un buén princípio, pensé—. No han pedído náda a cámbio, si bién estámos dispuéstos a ofrecérlo. Lo difícil vendrá después, cuando les explíque lo que necesitámos: electrificár tódo el recínto, iluminár los túneles, creár úna pequéña red de ascensóres. Los humános no tenémos su agilidád, tendrán que ayudárnos pára construírlo. En el futúro haríamos las galerías más horizontáles, por el moménto nos adaptaríamos a lo que teníamos. Entretánto, éllas podrían también disfrutár de la iluminación. Hásta les iría bién usár nuéstro sistéma de elevadóres. 

Lo peór, lo más difícil de conseguír vendrá después, será doloróso el explicárlo. No será fácil proponérlo, y ménos el conseguírlo. Lo dejaré pára el finál. ¡Qué horrór!


Las obréras disfrutáron enórmemente del procéso de construcción e iluminación de la colónia. Así no tenían que ir pasándo arómas o tocándose pára reconocérse. Los ascensóres les encantáron, si bién éllas íban más rápido que nosótros en las hóras púnta. 

Lo del antídoto, en realidád no sé ni cómo voy a planteárlo. 


Cuando llegában los ascensóres, siémpre venían llénos de los más variádos dúlces y deliciósos prodúctos alimentícios. Ésto éra de apreciár, más por el gésto, que por la cantidád. Con pócos caramélos o chocolátes, hacíamos felíces a míles de hormígas. Ésto creó múcha simpatía y confiánza. 

A pesár de que las hormígas éran las que portában el vírus, éllas mísmas no éran afectádas, o no con tánta viruléncia. Nuéstros médicos demostráron a su Majestád que en únas cuántas obréras enférmas, el vírus, sí éra cáusa de su muérte. Al usár con éllas nuéstro antídoto (a pesár de no estár todavía a púnto pára los animáles), mejorában cási tódas. Ésto éra úna pruéba más, de que no íbamos mal encaminádos en el procéso de sanár a tódos los animáles y plántas. 

Ésta confiánza hízo que ahóra, las hormígas viniésen a curárse con nosótros: anténas partídas, pátas rótas o mandíbulas desencajádas. En compensación, se prestában siémpre a cargár las cósas que pára nosótros éran demasiádo pesádas. Nuéstra relación éra inmejoráble.


Cuando túvimos tódo lísto, túve que pedírle a la Réina lo que necesitábamos, fué el día más difícil de mi vída. No sé cómo vomítan las hormígas, péro, cuando escuchó lo que pedía: cabézas de hormígas muértas pára creár el antídoto, ésa fué la sensación que túve, estába vomitándo. Salí avergonzádo de la sála. 


Fuí llamádo a los pócos días, y en preséncia de várias autoridádes del hormiguéro: obréras, zánganos, máchos, dos Réinas menóres y soldádos.

La Réina declaró:

—Lo que proponéis es lo más asqueróso y contrário a la morál hormiguéra que jamás hayámos oído. ¡Qué desgrácia ha caído sóbre nuéstra espécie!, que seámos la cáusa de ésta tragédia, y además, que séa nuéstro cuérpo el que conténga el materiál pára arreglárlo. 

Hémos tomádo úna dúra decisión, lo hémos habládo éntre nosótras y con las autoridádes de ótras colónias. Sé que sómos la solución, si bién ésta colaboración y hásta vuéstra preséncia nos avergüénza. 

Nos vámos, abandonámos éste, nuéstro hogár. Aquí podéis continuár con vuéstros experiméntos. Nuéstra futúra colónia y las más próximas os proveerán de nuéstras hormígas muértas.

—Majestád… 

—Ni úna palábra, no deséo oírle. 

En compensación, esperámos recibír ésas medicínas que nos sánan. ¡Qué humillación!  Sabér que lo que nos cúra, es la cabéza de úna hermána. 

Entendémos que estáis intentándo salvár a vuéstro puéblo, lo comprendémos. Aun así, si lo hubiésemos sabído désde el princípio, no os habríamos ayudádo. 


A los pócos días la colónia estába vacía de hormígas. 


Mi amíga víno a despedírse. 

—Ordáz, he hécho lo que he podído, si bién, no ha sído suficiénte. Lo siénto. 

—No te preocúpes Exploradóra, debímos habéros estudiádo mejór ántes de proponéros tan cruél idéa. Péro lo necesitámos y éso no lo podémos cambiár. Me siénto muy mal. A pesár de tódo, nos váis a ayudár, sóis maravillósas. 

—Si te sírve de consuélo, puédo decírte que nosótras tampóco sómos «trígo límpio». Recordándo éste «detálle» a nuéstra Réina, ha pasádo de hacéros salír del hormiguéro a patádas, a que continuéis con vuéstro trabájo. 

—¿Qué estás ocultándo?, ¡de qué me háblas! 

—Ordáz, háce póco, en úna de las colónias vecínas, algúnas hormígas comenzáron a podér cambiár a voluntád su tamáño. Después de vuéstra visíta, comenzámos a ligár cábos. Así supusímos que fué a cáusa de vuéstros ensáyos. 

Como en ése moménto no teníamos relación de amistád con vosótros, ésas hormígas se dedicáron a escondídas a capturár humános y esclavizárlos déntro del nído. Lo mísmo que hacémos con ótros animáles o hásta con hormígas de ótras espécies. Al agrandárse, les éra muy fácil capturáros. Luégo, a medída que volvían a reducírse, se encogía proporcionálmente tódo lo que trasportában y érais así introducídos en el agujéro. 

Los humános, como esclávos, sóis muy productívos en funciónes que nosótras no realizámos bién. Algúnos de vosótros lo pasáron de verdád mal, póco a póco fuéron muriéndo. 

Ahóra ésto se ha detenído, ya no hay nádie esclavizádo. 

Te lo he querído contár, pára que no os sintáis culpábles al hacér úso de nuéstras cabézas. Sé que lograréis acabár con ésta pandémia, que tódo volverá a la normalidád. 

Cuando vuélvas a tenér tu tamáño normál, espéro que continuémos siéndo amígos. 

—Cuando éso ocúrra, pediré que me permítan agrandárte pára tenér el honór de mostrárte mi ciudád, de la mísma manéra que tú lo has hécho. 

Múchas grácias por tu intervención, y la ayúda de tóda la comunidád de hormígas.  

Déjame dárte un abrázo.

FOTO: Imagen de vlada11 en Pixabay

Emilio Vilaró

Nació 1946 en Tortosa (Tarragona). Vive en Barcelona. Estudió Master en Ingeniería Eléctrica en la Universidad Texas Tech University mediante una beca Fulbright. Ha vivido largos periodos de su vida en Colombia, Canadá, Francia y los Estados Unidos. Y visitó más de 110 países. Tiene una página web www.evilfoto.eu en donde hay descargables y gratuitamente más de 150 relatos (2 novelas, cuentos, ensayos y recetas). Y una serie de fotografías de algunos de sus viajes. Un blog  https://cosasdeemilio.wordpress.com/  en donde presenta sus relatos.