Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

Cronista Ómicron: El robot tuvo un sueño

Publicamos el relato "El robot tuvo un sueño" de Javier Maldonado.

Javier Maldonado

Misteriosamente el cargamento de una flota gubernamental desde el planeta Radión llevaba un artefacto inesperado. Estaba programado para transportar plutonio 32 pero durante el desembarque apareció un cilindro color platino el cual no permitía distinguir qué había dentro. Rápidamente los soldados ordenaron una revisión mediante los detectores magnéticos y cuyo resultado fue un alto nivel de titanio.

Se descartó un intento de ataque sorpresa, sin embargo, quedaron sospechas por el exceso de titanio registrado puesto que es un metal bastante anticuado. No tuvieron otra opción que incluirlo al reporte de entrega fechado el 22 de septiembre del 2164, motivo que obligó al capitán del escuadrón Dromidia a revisar el caso.

Persec Rolls se dirigía escoltado por cinco inexpresivos soldados al área de análisis, un cuartel donde evalúan cualquier producto que parezca sospechoso. No sucedía seguido y por ello el capitán sostenía un paso apresurado junto con un semblante fastidiado. 

El científico Movdis Endorcot esperaba la llegada de su líder en la cabina, ubicado frente a la cápsula que contenía el misterioso envío y acompañado de un perímetro de tiradores. Apareció el capitán Rolls y no hubo tiempo para saludos e inmediatamente procedieron a observar el artefacto. Una máquina especializada se encargaba de extraer el contenido de la cápsula, todos los guardias apuntaron con su arma inmovilizadora en caso de que necesitaran abrir fuego. Las pinzas del androide jalaban el contenido del cilindro que parecía lleno de chatarra electrónica.

Una impresión de confusión y desencanto rodeó la cabina de evaluación ya que el resultado fue inesperado. Instantáneamente los músculos faciales de Persec Rolls se tensaron y la frente acumuló un sinnúmero de arrugas.

– ¿Me hicieron venir por un robot viejo? -exclamó visiblemente molesto.

Movdis Endorcot lucía desencajado y se acercó en búsqueda de algo interesante que evitara desatar la ira de su oficial al mando.

-No es cualquier robot, capitán. Es un modelo antiguo y por ello está hecho de titanio, un material que supuestamente previene el desgaste, utilizaron demasiado y por lo tanto es muy pesado.

– Cualquier soldado de esta cabina es capaz de detectar eso, señor. Respóndame esto ¿Es peligroso? ¿Nos puede ser útil?

-No lo sé, a mí parecer es un modelo interesante, la placa de registro no indica año ni marca. Puede ser un robot encargado de algo importante. Desgraciadamente no puedo decirle con exactitud, pero sé de alguien que puede ayudarnos.

-Si es inofensivo no me interesa, haga lo que quiera con esa pila de titanio -espetó, y el capitán Rolls abandonó el recinto.

Al día siguiente, Lancer Poth conducía su electro nave a lo largo del hiperconducto aéreo que le permitía llegar en cinco minutos a la base del planeta Dromidia. Bajó del vehículo y sus pasos lo llevaron con Endorcot, quien no dudó en mostrarle el antiguo modelo.

Lancer Poth era conocido como el arqueólogo robótico más afamado del círculo académico. Sus primeros estudios se basaron en las primeras máquinas utilizadas por los humanos para aumentar su comodidad, desde los androides que limpiaban el piso hasta aquellos que atendían un hotel en Japón. Las investigaciones sobre el tema crecieron exponencialmente después del rotundo éxito.

Poth no contuvo la sorpresa ante la presencia del oxidado droide, estudió cada extremidad y finalmente se acercó a su compañero.

– No es una versión común, es un robot de tamaño considerable, mide aproximadamente 1.70 metros, los que se fabricaban en la antigüedad solían ser o muy pequeños o muy altos, en la actualidad se ajustan a las peticiones: un droide de guerra puede medir hasta dos metros, pero los bombarderos son pequeños para meterse en lugares ajustados; por otra parte, su figura aún se apega a la estructura humana.

-¿Sabe para qué sirve?

– Seré franco, Endorcot, no tengo idea, es un modelo inédito. Por los materiales y la estructura puedo suponer que fue creado en la Tierra, entre el 2030 al 2050, son modelos futuristas para los que vivieron esa época, para nosotros no podría catalogarse como antiquísimo, pero sí antiguo.

-Vaya, estamos frente a un descubrimiento sin precedente. Respondió de manera sarcástica.

– Podría tratarse de un droide que enseñara lenguas muertas, o reprodujera instrumentos acústicos como el laúd, una especie de guitarra tan antigua que dejó de producirse; quizá sea el capricho de algún billonario, ellos mandaban a fabricar robots para todo.

-Tendría una placa exclusiva ¿No le parece?

-Verdaderamente, pero en ocasiones ocultaban el origen para negar su existencia en caso de que fueran juzgados por su riqueza desmedida. Antiguamente la vida era muy desigual en la Tierra.

-¿A qué se refiere? -preguntó Endorcot curioso.

-En la Tierra las riquezas y la abundancia eran acaparados por una reducida élite, gozaban de lo inimaginable mientras algunos peleaban por subsistir, tal era su pobreza que no tenían donde dormir. El último capítulo oscuro de los humanos en el planeta madre fue cuando la población creció y todos los recursos se agotaron; las medidas fueron extremas.

-Se supone que la antigua organización, la NASA, apuró las incursiones para comenzar a poblar exoplanetas y salvar la humanidad.

-Sí, aquella fue la versión oficial, pero algunos historiadores relataron que en la Tierra estaban utilizando a los humanos más pobres para convertirlos en robots.

Endorcot dio un salto asustado, parecía que le contaban una historia de terror.

-¿Quiere decir que mutaban humanos a robots?

-Los llamaban ciberhumanos y estaban bajo el mando de los más acaudalados económicamente. Cuando el proyecto de migrar de la Tierra se convirtió en un éxito, los billonarios huyeron del planeta y abandonaron a los humano-robots en la miseria, sabían de la atrocidad de sus actos y por ello dejaron todo atrás, como si nada hubiese pasado.

-Suena terrible e inverosímil ¿Había que pagar para mantener el estatus de ser humano?

-Eso es lo que se dice, Endorcot. Creían que podían despojar a algunos de sus virtudes humanas para reducir su consumo y limitarlos a sirvientes robot. Pero como dije, son versiones no oficiales. Encontré el sensor de este aparato, voy a encenderlo.

Movdis Endorcot estaba aterrorizado mientras observaba el despertar del antiguo robot. Se escuchaba anticuado, emitía tonos que indicaban la activación de sus piezas, encendían luces por todos lados, permaneció acostado y no hizo nada más.

-¡Hey, Robot!, ¿Puedes oírme? -gritó Poth.

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El robot no era más que un pedazo inanimado de chatarra, o al menos eso parecía, no ejecutó ningún comando ante las múltiples órdenes, tampoco portaba algún mando, solo el sensor de encendido. Ante el misterio que envolvía, Lancer Poth un poco agotado, ignoró el droide y se hizo a un lado.

-Lo más probable es que solo sea un prototipo fallido, como es inoperante no tiene ningún valor más que el de adorno para una de mis colecciones. Si no hay inconveniente, en un par de días mandaré una nave para recogerlo.

Endorcot asintió con la cabeza y se despidió, también le comentó que informaría a la administración para autorizar la salida del droide y olvidar el caso de un envío que hasta el momento no había sido más que una pérdida de tiempo para el escuadrón.

En la madrugada, Poth recibió una llamada urgente por parte de Endorcot. El científico pidió la presencia inmediata del arqueólogo para examinar al anticuado robot que producía una “actividad alarmante” iniciando la noche.

Lancer Poth partió inmediatamente hacia la base y se reunió con un pálido Movdis Endorcot. El arqueólogo se acercó para indagar lo que sucedía en el cuarto de análisis donde se alojaba el robot, el cual sufría de movimientos repentinos, como si se trataran de espasmos.

Endorcot no dejaba de temblar, pese a ello acercó un pequeño cuadro metálico que en seguida flotó hasta el robot y proyectó una pantalla color amarillo en la que indicaba la actividad magnética del misterioso droide. Los resultados arrojaron que la energía se almacenaba exactamente en la cabeza y se distribuía a lo largo del aparato.

-Es extraño, las fuentes de energía nunca se han alojado en la parte alta por cuestiones técnicas, sino en la espalda-. Destacó Poth.

-Fíjese en la actividad, Poth, la frecuencia de ondas aumenta cuando el robot se mueve, pero también hay lapsos de actividad moderada, podría ser un fallo en la fuente de energía, ¿Será una batería de litio?

Ambos quedaron petrificados ante la agresiva sacudida que ocurría en el droide, era fascinante que ese artefacto pudiera ejecutar movimientos tan naturales, resultaba completamente atípico en robots y eso inquietó mucho a Poth, quien solicitó un robot traductor.

El androide traductor realizó la lectura y sus conclusiones fueron escalofriantes: no encontró ninguna semejanza en las ondas magnéticas del robot, salvo una sola: la coincidencia era con la raza humana y su actividad neuronal. El arqueólogo leyó los resultados y soltó en seco.

-El robot está soñando.

-Creo que es una pesadilla -suspiró Endorcot.

Movdis Endorcot se acercó a una computadora para ejecutar un simulador de actividad neuronal humana, inmediatamente imprimió el gráfico y las comparó con los resultados del proyector que yacía arriba del misterioso robot, eran idénticas a los de una persona sufriendo un mal sueño.

-Tenemos que abrirlo ahora mismo -advirtió Poth

Ambos personajes, cubiertos de miedo y curiosidad, decidieron desensamblar al robot, al ser un modelo antiguo, no hubo complicaciones en desarmar cada parte de la cubierta. Una vez revelado el frente, Endorcot ahogó un grito y Poth palideció.

– Es un ser humano manipulado -repuso el arqueólogo-. Alterado para que no envejezca ni experimente sensaciones, lástima que omitieron un detalle: el cerebro sigue enviando señales a los nervios, lo que genera un movimiento impecable.

-Mire esto, Poth. Una parte del cerebro recibe ligeras descargas a causa de una tarjeta conectada desde el pecho, es aterrador, bloquearon la capacidad de comunicar del robot y dejaron su habilidad para soñar y sentir.

Con manos temblorosas, el arqueólogo se atrevió a desconectar los pequeños filamentos inyectados en el cerebro, ordenó al robot traductor que emitiera una interpretación sonora de la actividad neuronal, éste inmediatamente insertó un cable en el robot y activó la bocina interna.

Se reprodujo un llanto desgarrador de un hombre que parecieran extraerle cada uno de sus órganos, o como si hubiera perdido a un ser querido, era el sufrimiento de una persona gimiendo por ayuda porque tenía de frente a la muerte. El científico no soportó más y desconectó al robot intérprete del cerebro de aquel humano que había padecido por tantos años un dolor inexplicable.

Tanto Poth como Endorcot permanecieron inmóviles y en silencio por un rato, frente a ellos se posaba la evidencia de uno de los experimentos más oscuros de sus ancestros, un acto que violó los derechos humanos, e incluso, hasta el día de los años intergalácticos, se considera inaceptable.

-¿Qué diablos vamos a hacer Poth?

-No tengo idea, puede representar un golpe muy grande para la humanidad, no estamos listos para esto. Generaría repercusiones políticas y sociales incontenibles. 

Enmudecieron un momento y se vieron a los ojos para saber que coincidían en lo que pensaban:

-La humanidad debe conocer sus atrocidades -concluyó Endorcot.

En un instante, Persec Rolls junto con 15 guardias aparecieron en el cuartel tras un portazo. Su mirada era dura, tosca; sus cejas casi inexistentes y su nariz respingada lo hacían ver como una persona mal encarada. Medía 1.93 de estatura y podía derribar fácilmente a sus rivales.

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Los soldados, quienes ahora estaban equipados con armaduras reflectantes, dispararon a Endorcot y Poth de inmediato, los rayos inmovilizaron al científico y al arqueólogo produciéndoles un gran dolor.

-Espiamos todas las llamadas y cualquier actividad sospechosa. Siempre dudé de ti, Endorcot, y no puedo creer el magno descubrimiento que hicieron, lástima que no vayas a vivir para presenciar el nuevo futuro.

Uno de los guardias tomó al aún inmovilizado Movdis Endorcot y lo lanzó a un desintegrador ubicado en la esquina del lugar. Otro soldado apretó los botones del panel de control para accionar un fulminante rayo luminoso que redujo al científico en cenizas microscópicas. No hubo tiempo para escuchar gritos.

Lancer Poth aulló de la impresión. El despiadado comandante se le acercó bruscamente, lo tomó de la camisa para intimidarlo, como si fuera poco ver el asesinato de su compañero en un desintegrador.

-A usted le perdonaré la vida si decide retractarse de revelar al robot ante la galaxia, y en su lugar nos apoya para descubrir más secretos sobre esa cosa.

-¿Qué quiere lograr?-preguntó Poth asustado.

– La humanidad se ha extendido en toda la galaxia, la cantidad de personas inútiles son cientos de miles de millones, si robotizamos a esos miserables podríamos enviarlos a cuadrantes no explorados; gastaríamos la mitad en recursos de todo tipo. Es el negocio perfecto.

Lancer Poth estaba rodeado por los guardias, aún sentía adormecido el cuerpo, creía que era imposible salir librado de dicho asunto que significaba el futuro de la raza humana. Meditó un momento acostado y miró fijamente al despiadado comandante.

-Quiero todos los recursos para continuar las investigaciones, nada de limitaciones.

-Las tendrá, siempre y cuando cumpla con los objetivos. No me gustaría alguna decepción.

-Necesito su palabra de que una vez consumado nuestro proyecto, mis privilegios serán numerosos.

-Ganancias ilimitadas, y será reconocido como el arqueólogo que llevó a la humanidad a otro nivel.

-Tenemos un trato -la sonrisa de Lancer Poth era siniestra.

El 15 de octubre del mismo año, El comandante Rolls nombró a Lancer Poth como el director del proyecto secreto TERRA-35. La misión consistía en viajar a la Vía Láctea para encontrar cualquier rastro de ciberhumanos. Durante la investigación previa, el arqueólogo logró dar con el rastro del humano-droide y descubrió que podría existir una pequeña civilización en la abandonada Tierra.

Lancer Poth escuchó el sufrimiento del droide durante las investigaciones, las primeras reproducciones terminaban en lágrimas para el arqueólogo, posteriormente le parecieron repetitivas y al final podía dejar el audio correr mientras trabajaba.

Ya no sentía piedad por aquellos vestigios humanos conectados a cables y tarjetas lógicas. Tampoco mostraba impresión por los resultados, nada de sonrisas ni rabietas, era una mirada fría encapsulada por un rostro serio, sus comentarios eran escasos y caminaba ríspido hacia el convoy espacial que trasladaría a él y a su tropa hacia la antigua Tierra.

-Usted salvará a la raza humana, Poth-. Externó el comandante a través de una micro pantalla que se proyectaba desde los lentes de aumento del arqueólogo.

-Entiendo -contestó.

La nave siguió su curso. Tras finalizar la llamada, Lancer Poth se llevó las manos al rostro y lo recorrió lentamente. Deseaba llorar, gritar y volarse los sesos, pero sus ojos azules ni siquiera se cristalizaron y la expresión de su cara permaneció impávida. Se percató de que no tenía emociones, se quedó dormido, pero no consiguió soñar.

FOTO: Computerizer en Pixabay

Javier Maldonado

Nacido el 6 de diciembre de 1995 en México. Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, amante de los videojuegos, la música, los deportes, y los relatos de ciencia ficción.

Escritor en desarrollo, en un futuro aspiro publicar libros de cuentos y novelas de distintas temáticas. Mi más grande influencia e inspiración son los textos de Isaac Asimov, cuya lucidez y visión marcaron mi perspectiva sobre la vida y el futuro.

Mi primer cuento de ciencia ficción titulado “El secreto más oscuro” se publicó en este mismo portal.

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