Photo by Just a Couple Photos on Pexels.com
Miguel Ángel Sánchez Martínez
Vivo en un pueblo hermoso, con bellos paisajes y deliciosa comida, pero famoso por sus extrañas “desapariciones”. Es como si la gente se esfumara de la faz de la tierra, o eso dicen. No es tan relevante como parece. Cada semana salimos a un banquete increíble en el que comemos hasta que nuestro estómago no pueda más. Es el momento más feliz de la semana, ya que es el único momento en el que podemos salir a comer, pues mi familia no es tan bien recibida en el pueblo. Salimos de noche, ya que es cuando las personas no nos prestan atención del todo y así no nos ven con mal ojo. Pero también es cuando encontramos la comida más deliciosa, ya que nadie la ha apartado aún.
En una caminata nocturna, como era mi costumbre, me topé con una chica tan hermosa, con ojos tan oscuros como la noche, cabello rojo como el fuego y con un olor increíble. No dejaba de mirarme, y yo no podía dejar de mirarla con ojos de deseo. Se me acercó y me preguntó mi nombre, pero no quise decírselo, ya que no soy bueno conviviendo con personas. Me miró a los ojos y me invitó a salir, lo cual me pareció extraño, ya que nadie antes me había invitado a algo así, menos alguien de su tipo. Acepté porque no había comido nada ese día y moría de hambre. Mi familia ya había salido a buscar comida antes, pero seguía hambriento.
Más de Cronistas Ómicron
Me invitó a un restaurante famoso por estos rumbos. Estaba lleno de gente y olía increíblemente bien el lugar, pero al momento de llegar, su comida se veía asquerosa en mi opinión. Yo no comí nada, ya que no había nada que me gustase en el menú, pero ella seguía viéndose bien. No paraba de preguntarme sobre mis gustos y en qué trabajaba. Le dije que trabajaba en la granja de mi familia, y también que me encanta dar caminatas nocturnas por el pueblo. Ella me dijo que vivía cerca de aquí y que no trabajaba, pero le gustaba ayudar en algunas causas sociales.
Después de salir del restaurante, ya me tenía harto su palabrerío, pero no me importó ya que ella me encantaba. Mientras caminábamos por la calle me llevó a un callejón y se me acercó lentamente hacia mi rostro; en ese momento mi boca se acercó rápidamente a su cuello, arrancándole un pedazo de carne, ella no paraba de agonizar. Su sangre sabia deliciosa, sé que mi olfato nunca me falla. Me encanta dar caminatas nocturnas.
IMAGEN DE LA PORTADA: Pexels
Miguel Ángel Sánchez Martínez
Matamoros, Tamaulipas, México (2008). Ha publicado en revista Nudo Gordiano y delatripa: narrativa y algo más. Participó en la antología Ruta de escape Vol. 2
¡ESTUDIA CIENCIA FICCIÓN EN LÍNEA Y PUBLICA CON NOSOTROS!











ÓMICRON BOOKS
Más historias
CINEMA ÓMICRON: Mad Max: los salvajes de Gibson y Miller
TROVADORES ÓMICRON: Postal cenicienta
CRONISTAS ÓMICRON: Fuego, acero y silencio
CRONISTA ÓMICRON: Mascotas
CRONISTAS ÓMICRON: La noche en que Glavhul palideció
CRONISTAS ÓMICRON: Mohenjo Daro