Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: Psycho Bot

Publicamos el relato “Psycho Bot” de Sofía Ramos Wong.

Sofia Ramos Wong

Hay ciertos aromas que encantan, otros enamoran y unos pocos hipnotizan. Si esos aromas provienen de una persona solo puede provocar dos cosas: el éxtasis o la perdición.

Conocí a Brönte en el Neón Market. Nunca conocí a alguien como él, apasionado en su hablar, único en su forma de ser, no le importaba caer bien o mal, tenía esas personalidades que encantan y siempre enamorado de la misma mujer orgánica, un capricho de la infancia que sobrevivió años. Siempre me llamó la atención sus ojos sinceros, podías saber con claridad si te mentían o no, aunque dudo que lo supiera hacer. Un hombre reservado y culto, conocedor de historias y las anécdotas más inverosímiles. Generalmente concordábamos en algunas reuniones sociales, eso me emocionaba mucho, pero intentaba disimular mi gusto por él. Me alegré mucho por el cuándo se casó y mucho más cuando nos comentaba sobre sus logros y sus expectativas. 

Un día lo vi extraño. Salimos una noche con un grupo de amigos y me dejó una extraña sensación. Tenía problemas con su señora, como todos los que se casan y pasan periodos de peleas, solo que este tiempo se alargó más de lo debido, de días y semanas a meses. Cada día buscaba la forma de encontrarme con él o incitarlo a hablarme por el hológrafo. Comencé a enviarle imágenes de ánimo, los que siempre fueron respondidos con palabras justas y a veces no tan necesarias. Llegamos a conversar todos los días, sobre nuestra jornada o de lo que se nos ocurriera.

Yo había pasado un quiebre emocional fuerte hace un tiempo, un horrible amorío con un androide y sabía lo que era estar sola en ese momento, por lo que me propuse acompañarlo lo más que pude, incluso dejando de lado a mí misma. Cada mensaje que recibía era una alegría para mí. De conversar de su ruptura amorosa y su desahogo comenzamos a hablar de otros temas, de la vida, música, historia y ciencia, noches tras noches, y cuando coincidíamos en vivo conversar con él era perderme en el universo. Debo reconocer que ilusa, y hasta quizás tontamente, comencé a sentir algo más que amistad. Por las noches salía a caminar en busca de Noirhypnol, la droga del olvido, por los diagonales hasta las estaciones de los trenes verticales para hacer desaparecer todos aquellos sentimientos en mi corazón, no quería enamorarme de mi amigo. Sabía que hacerlo era perderlo, por lo que decidí alejarme de su lado.

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Comencé así a usar los data bases de citas con la esperanza de conocer a algún chico orgánico que me hiciera olvidar a este galán quebrado, pero todas las salidas me resultaron desconcertantes. Lamentablemente el mundo del ciber amor está abierto a dos opciones: tener sexo en la primera cita o ser baneada y recibir puntuaciones bajas. Lo percibí de esa manera, pero la verdad era que ninguno de aquellos candidatos a novios resultaba ser bueno para mis intenciones, porque ninguno de ellos era Brönte.

Mi obsesión llegó al punto de perder el control de mis emociones. El llanto que provocaba oler feromonas o escuchar alguna melodía romántica en las pantallas de la calle, bastaba para soltar un poco de la frustración y rabia que tenía en mi corazón, otras veces necesitaba algo más fuerte y utilizaba los Diesel Licor como medio de escape o el filo de una navaja para cortar mi piel. Resultó ser que el dolor físico es más tolerable que el dolor emocional, hasta el punto de amputar mi brazo, que reemplacé con una prótesis con sensibilidad de última generación.

Cuando lo vi de nuevo, luego de meses, todo seguía igual. Nada en mi corazón había cambiado. Intenté guardar todo lo que sentía dentro de mí lo más que pude hasta que un día simplemente se me escaparon, estaba muy enamorada de aquel corazón roto y estaba dispuesta a ofrecer mi corazón a cambio. Lo esperé por semanas, conversando más de alguna ocasión por el hológrafo, hasta que tuve el valor de decírselo de manera virtual, al no encontrar el espacio para encontrarnos. 

Intenté ponerme en todos los escenarios y respuestas posibles, con tal de no esperar nada nuevo, pero la mente es traicionera. Cuando se conectó a la red y vi sus ojos, las palabras salieron de mi boca como un vómito casi explosivo, dejando el fuerte aroma de una obsesión impregnada en mi cubículo, pero su respuesta fue inusual para mí. No fue un no o un sí o un no sé, sino que un “tenemos que conversar en vivo”. Por lo general la suerte nunca está de mi lado, nunca lo ha estado. A partir de esa vez, solo hablábamos de otras cosas.

Luego de meses de seguirlo, aprender sus rutinas y buscar excusas para saber de él, entendí que en realidad mi amor era ficticio y no era recíproco. Ahí comenzó mi real perdición. Verlo y conversar con el pretendiendo de que todo podría ser como antes, volviendo a las conversas forzadas y sacando respuestas con tirabuzón, era un gasto de energía muy grande. Decidí por mi bien y mi estabilidad mental alejarme de él y de todo lo que lo involucraba, por un tiempo mucho más prolongado.

Un día estábamos conversando con un amigo y me contó que Brönte se encontraba super bien, que incluso había llevado a una “amiga” al parque virtual. Eso me sorprendió, me dolió, pero la verdad es que me alegré por él. Otro día, otro amigo me contó los planes que tenía el para sus vacaciones y de irse con la chica a otro lugar. Eso sí partió en dos mi corazón, pero era una tontería. No podía caer en caprichos banales, ni comportarme como una quinceañera llorando por un amor imposible o, siendo más realista, un amor que nunca existió, más que como un crush. Pero yo sabía que su aroma era lo que algo que me iba a costar olvidar y lo que me hacía sentir cuando estaba con él, aunque yo fuera invisible.

Lo invité a salir un día y conversamos mucho. Mientras él bebía yo medía lo que estaba tomando, no quería perder el conocimiento. Para cuando salimos del lugar le dije que me acompañara a mi cubil, le tenía un regalo, pero insistió en caminar hacia el diagonal para llegar a su nivel. Lo tomé por el rostro y le pregunté si él estaba tranquilo con que su ex lo hubiese engañado repetidas veces con distintos androides, me respondió que no. No sabía si iba a poder perdonar aquello y tampoco si iba a poder perdonarla, aunque había logrado estar tranquilo con todo. Luego le dije: “que bueno que estés tranquilo, porque yo no”, pero no alcanzó a responder más que mi nombre. Agregué que no tenía nada que explicar, que no era tonta, pero si le tenía un regalo de despedida, me acompaño al cubil, puse mis ojos en el visor de reconocimiento, la compuerta se abrió de inmediato y pudo ver donde tenía amarrada a su ex con un bozal en su boca. Brönte me dio una mirada de susto y casi en shock, pero la descarga eléctrica que le di lo aturdió casi de inmediato. Amarré sus manos y lo acomodé al lado de su ex. Subí al nivel 50 y arrendé una de las motocicletas a propulsión, cargué los dos enormes bultos, envueltos en la gran cubierta de mi cama en la parte trasera y manejé, atravesando la ciudad por horas, hasta el límite del bio domo. 

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Llegué mucho más allá del meridional 15, el permitido para los humanos, giré con dirección al basurero de robots y me detuve en una carretera improvisada, bordeando el recinto. Arrastré el saco improvisado por la tierra. Me dolió el golpe que dieron, pateando a ciegas, pero no me podía detener.  Les saqué el bozal y les pregunté si estaban en condiciones de otorgar una disculpa por lo que habían hecho, pero me insultaron y gritaron de todo. No hubo forma de conversar con ellos. Debo reconocer que me decepcioné bastante. Para cuando se cansaron de gritar y de llorar les pregunté nuevamente si estaban dispuestos a disculparse por todo lo que ocasionaron. Ambos llorando me dijeron que sí, incluso se perdonaron mutuamente. Me alegré por ellos, los había reconciliado. Me sentía una gran persona.

Tomé un cuchillo que tenía en mi chaqueta, me ubiqué detrás de ella y con un solo movimiento le corté la garganta, luego fue el turno de Brönte. Alcanzó a gritar “¿por qué?”. Lo miré y le dije que solo por un capricho, porque sentía que fue mi primer amor puro y no fue correspondido. Él tampoco fue sincero. Me hubiese gustado que me dijera “no estoy interesado” o “sabes que tú no me gustas” en vez de dejarme en ascuas y dejar que yo hiciera el ridículo. Todas mis sentimentales palabras salían por mi boca mientras se desangraba. Espero que las haya alcanzado a escuchar antes de que sus ojos miraran hacia su interior. Maldición, como me dolían los brazos, pero debía terminar mi cometido. Empujé los cuerpos hacia el desfiladero y me quedé esperando hasta que golpearon el fondo.

Luego estaba en otro problema. No sabía cómo salir de ese lugar. Había recorrido tanto que no encontré las luces citadinas para guiarme. Estaba desorientada. Seguí el rastro del ruido de las máquinas hasta llegar a la vía principal. Respiraba con la boca abierta, necesitaba el aire con desesperación.

Semanas más tarde unos amigos se acercaron a mi puesto en el Market, estaban preocupados porque no habían visto ni a Brönte ni a su ex, tampoco respondían a las llamadas. Yo comenté: “quizás están muertos de amor en algún lugar”. Todos rieron e hicieron gestos de ternura, pero yo hablaba de otra cosa.

FOTO: botlibre en Pixabay

Sofia Ramos Wong

Oriunda de Calama, Chile (1982) radicada en Antofagasta, Químico Farmacéutico, madre, poetisa e instrumentista. 2018 publica su primera novela “Aline” (independiente, fantasía oscura). 2020 es publicado “Proyecto Sinvir” (Aurea Ediciones), novela de ciencia ficción reconocida en los International Latino Book Award 2021 con mención honrosa en la categoría Mejor Novela Fantasía y Ciencia Ficción. En 2022 es publicada la novela de terror, “Calama Zombi, El Oasis de los Olvidados” (Aurea Ediciones).

Ha participado en distintas antologías: “La Flor De Neón” (Cyberpunk, Aurea Ediciones), “El fantasma de Roberto” (Rapsodia, antología de cuentos inspirados en canciones de rock, Textualmente Activa) y “Martillos en la Cabeza” (Carnívoras, relatos zombies escritos por mujeres, Astartea Ediciones)

Instagram: @sofiramosescritos

http://linktr.ee/sof.ramos

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