Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: Pantalla

Publicamos el relato "Pantalla" de Braulio Badillo.

Braulio Badillo

—Maldita lluvia —exclamó Julieta mientras entraba al edificio. Cruzó el vestíbulo de entrada escurriendo agua en su paraguas a la par que lo cerraba y llamaba el ascensor. Presionó el botón con el número 4 y observó como el display aumentaba lentamente el indicador del piso. 

Entró a su departamento y al fin pudo despojarse de las prendas mojadas que llevaba puestas. Se secó el cabello rubio, se colocó su pijama de franela y preparó una modesta cena, consistente en un poco de pasta y una jarra de té helado. Al terminar, se dirigió a su cuarto y empezó a revisar sus redes. Deslizaba la pantalla de su teléfono para ver las noticias nuevas dentro de su perfil. No había nada nuevo, aunque en realidad esa práctica era más una costumbre prácticamente automática en actividades que no requerían mucha concentración. En ese instante, un correo de Juan Carlos llegó a su bandeja de entrada con el asunto “Invitación”. Con el corazón latiéndole a mil por hora, abrió el mensaje. 

Dentro del correo sólo había un enlace y un par de líneas generadas por la página central. “Conéctate con tus amigos y conoce gente nueva”. Una ligera desilusión inundó su corazón. De alguna manera, esperaba que ese correo fuera algo más que un simple mensaje genérico. Su ruptura de un par de meses atrás seguía ocasionando estragos en su estabilidad emocional. No habían hablado desde su última cita en ese restaurante concurrido de Coyoacán, donde con toda la prisa del mundo Juan Carlos le dijo que no quería seguirle viendo y huyo antes de que le entregaran el café que había pedido. Desde entonces, ni un mensaje, ni un like en Facebook, ni mucho menos una llamada.

Una vez que el enlace la redirigió al sitio, echó un vistazo al portal de inicio. Meet & Soul era el nombre de la página y tenía un logo de una cara sonriente de un tono gris, con un par de puntos como ojos que de alguna forma recordaban a un largo túnel oscuro. Lucía un poco tétrico, pero Julieta decidió seguir al formulario de registro. Tecleó con parsimonia su nombre, su apellido y su fecha de nacimiento. Despertó su curiosidad el hecho de que la edad mínima para acceder eran los 21 años, cuando en general ese tipo de redes permitían el acceso alrededor de los 13 o 15 años. Una vez generado su perfil de usuario, la pantalla se tornó roja por un segundo y se mostró el menú principal. Cargó una foto de perfil que se tomó en su última fiesta de cumpleaños. Le gustaba como sonreía en ese momento, además de que tenía puesta su blusa favorita. Recordó que en ese cumpleaños Juan Carlos le obsequió una pequeña maceta con una florecilla dentro. La cuidó mucho hasta el fatídico día, tan sólo un par de meses después de haberse comprometido. No pensó en atender la flor, ya crecida, hasta que la vio casi marchita. Para ese momento fue una especie de recordatorio de que, aunque su prometido la hubiera dejado, la vida debía continuar y la flor no tenía ninguna culpa al respecto.

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Aún se encontraba ahondando en sus propios pensamientos, cuando un mensaje se notificó en su bandeja, proveniente de un tal Hans.

—Hola, Juls.

 La súbita aparición de ese saludo la inquietó un poco. En parte porque aún no había añadido amigos dentro de su red, y además porque ese era un mote que muy pocas personas utilizaban con ella. Sin abrir el mensaje, tecleó el nombre de su remitente en el buscador de Meet&Soul, pero no apareció ninguna coincidencia. Trató de recordar a algún conocido o viejo amigo, quizás de la preparatoria, pero no pudo relacionar el nombre con nadie que reconociera.

—Mucho tiempo sin verte. ¿Cómo estás?

 Julieta dudó en responderle. Probablemente si se tratara de alguien que la conociera.

 —Bien, gracias. ¿De dónde nos conocemos? — respondió.

—Nos conocimos hace mucho tiempo. ¿No me recuerdas?

—La verdad es que no. ¿Podrías decirme dónde nos conocimos? ¿Hans es tu nombre real?

No respondió. Julieta comenzó a desesperarse y finalmente dio por concluida la conversación. Había miles de chicas que se podrían apodar Juls, quizás era alguien que quería molestar y tuvo un golpe de suerte al entablar una conversación aleatoria. También pensó que podría ser un estafador o extorsionador y al momento de saberse descubierto simplemente dejó de molestar.

Continuó con la exploración de la red. Podía hacer lo básico: postear fotos, comentarios, videos, pero había una extraña peculiaridad. Todas las imágenes que se publicaban se encontraban en blanco y negro, lo cual no solía ser común en redes sociales. Tecleó el nombre de Fabián, su hermano, y el de Karina, su mejor amiga. Tampoco hubo ninguna coincidencia. 

Curioseó entre las publicaciones que aparecían en su pantalla. Ninguno de los rostros le parecían familiares. Incluso encontró un par de nombre árabes o de la India. 

—Los algoritmos son muy raros — dijo para sí. 

En ese instante, la conversación con Hans volvió a aparecer.

—Tengo muchas ganas de verte. Ven a visitarme.

Julieta puso los ojos en blanco y cerró el mensaje de nueva cuenta. Sin embargo, en menos de dos segundos se había vuelto a abrir.

 —Ya no cierres mis mensajes. Necesito verte y tenerte conmigo. 

Ella dudó. 

—No tengo idea de quién eres — contestó e intentó cerrar el chat, pero Hans envió un nuevo mensaje.

—Claro que me conoces. Nos vimos una vez en Acapulco, ¿no te acuerdas? Nos conocimos en la carretera una noche lluviosa.

Un escalofrío muy largo recorrió su espalda. Solo una vez había viajado a Acapulco. Fue con Juan Carlos, cuando apenas iniciaban su noviazgo. Pero había sido un viaje secreto, algo que solo ella, su ex prometido y Karina sabían. No tenía ya la menor duda de lo que estaba sucediendo. 

 —Muy gracioso, pendejo. Primero me botas como si fuera basura y luego me sales con estos jueguitos. Vas y chingas a tu puta madre.

 —No hay necesidad de insultos, Juls. A Juan Carlos no le gusta que digas groserías. 

—Vete a la mierda. 

Volvió a cerrar la ventana de los mensajes, furiosa. 

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Arrojó el teléfono a su mesita de noche y se levantó al baño. Cuando estaba por entrar, escuchó el timbre de llamada del celular. Era el tono que había registrado para Juan Carlos, esa canción de The Who que tanto les gustaba a ambos. 

Saltó sobre la cama para llegar más rápido a contestar. Atendió antes del tercer timbrazo. 

—¿Hola?

Nadie contestó del otro lado del aparato. Se escuchaba un vacío, como si la otra persona estuviera en una bodega o un lugar muy grande. 

—Hola, Juls. ¿Nos vemos? — dijo una voz gélida, para nada similar a la característica voz grave de Juan Carlos. 

—¡¿Quién eres?!

—Soy yo. ¿No me reconoces?

—¡Cállate!

Colgó la llamada e intentó bloquear el teléfono, pero la pantalla se había quedado congelada dentro de la aplicación de Meet & Soul. Solo se veía una fotografía de un hombre de cabello oscuro alborotado con playera tipo polo y una barba de tres días. Pero lo que llamó la atención de Julieta fueron sus ojos. En donde debía estar una mirada cálida y cautivadora, solo había un par de túneles vacíos y espectrales. La fotografía de Juan Carlos, aquella que Julieta tomara en Acapulco, estaba cargada en el perfil de su ex prometido, con el mismo filtro a blanco y negro de todas las publicaciones. Dejó caer el teléfono al piso, en donde se estrelló la pantalla y se botó la batería. Sin embargo, la fotografía seguía brillando con la misma intensidad. 

Julieta quería gritar, pero no salió ningún sonido de su garganta. Pateó el teléfono debajo de la cama y corrió hasta la sala, sin saber que hacer o a donde ir. Se tomó la cabeza con las dos manos y respiró profundamente. Justo en sincronización con su exhalación, tres golpes firmes sonaron en su puerta. Sin pensarlo, caminó unos pocos pasos hasta la entrada de su hogar y abrió la puerta. 

—Hola, Juls. 

Un par de días después, Karina entró al departamento de Julieta aprovechando la copia de la llave que tenía. No era normal que su amiga se desapareciera de esa forma. La llamó desde la sala, pero nadie respondió. Entró a su cuarto y no pudo notar ninguna diferencia significativa o algo que pudiera parecerle extraño. Por trigésima vez desde que perdió contacto, volvió a llamar al teléfono de su amiga. Una canción de Taylor Swift sonó en bajo volumen, justo debajo de la cama. Karina reconoció el tono que Julieta había asignado a su número y se agachó a recuperar el móvil. Se sobresaltó al notar que estaba encendido a pesar de que no tenía la batería en la parte trasera. Pero le extrañó aún más la fotografía en blanco y negro de la pantalla, en la que Julieta sonreía en medio de la playa abrazada con Juan Carlos, y en donde ambos tenían dos cuencas vacías en donde debían estar sus ojos. 

FOTO: Image by Krzysztof Pluta from Pixabay

Braulio Badillo

Mi nombre es Braulio Daniel Badillo Rodríguez y nací en la Ciudad de México el 26 de agosto de 1994. Estudié ingeniería mecatrónica en el Instituto Politécnico Nacional, aunque no culminé dichos estudios. Actualmente estudio ingeniería en sistemas computacionales en la Universidad Virtual del Estado de Guanajuato. Dentro de mi formación literaria he tomado diversos módulos del diplomado de Creación Literaria del Centro Mexico de Escritores, en la Ciudad de México. Entre dichos módulos se encuentra Dramaturgia, Estilo y creación literaria, Cuento, Literatura fantástica, Orígenes de la ciencia ficción, entre otros. Adicionalmente, cursé un taller de Cuento con Atenea Cruz en 2020. Actualmente cuento con una novela de ciencia ficción publicada en 2018 con la editorial española Pentian, siendo el título Proyecto Génesis: primer año.

Enlace de publicación: https://www.amazon.com.mx/dp/8417102027/ref=cm_sw_r_apan_i_66NM26A2VVX8SDY6MFFQ

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