Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: La velocidad del tiempo.

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Dos escritores peruanos se embarcaron en la creación de un cuentario para la Feria Internacional del Libro de 2022. A lo largo de los años, enfrentaron desafíos creativos, retrasando la publicación. Finalmente, tras su fallecimiento, encontraron una nueva oportunidad para compartir su obra más allá de la muerte.

Carlos Enrique Saldívar y Benjamín Román Abram

Mi amigo y yo decidimos lanzar un cuentario a cuatro manos para la Feria Internacional del Libro de 2022. Iniciamos el trabajo en enero de 2019 y calculamos tenerlo en preventa la primera semana de diciembre de 2021, y en físico unas semanas después.

A inicios de agosto del 2022, luego de usar distintos métodos de coescritura y remontar desencuentros creativos, acabamos un manuscrito. Constaba de cuarenta relatos del género fantástico. Decidimos presentarlo a una reconocida editorial, teníamos confianza en que sería aceptado. Veinte de esos cuentos ya habían pasado el filtro de prestigiosas plataformas digitales. No obstante, a último momento, concordamos con que sería mejor esperar unos días, a fin de hacerle una corrección de estilo más pulcra.

Yo veía los comerciales en radio, televisión, internet, donde se promovía la Navidad, obviamente con un objetivo comercial, lo que no me agradaba. «Recién estamos 9 de noviembre». Pero también era cierto que, me gustaban los ocurrentes lanzamientos literarios: Regale un libro, jo, jo, jo. Opté por dedicar ese mes al Noviembre Negro, evento que tenía su origen en España, y en el cual se disfrutaban de novelas y cuentos de género policiaco. Lo cierto es que leí, con una perspectiva nacionalista, desde ciencia ficción, pasando por el terror, hasta imbuirme en las letras peruanas. En cambio, Luigi, según me comentó luego, prefirió abocarse a la Edad de Plata de la Ciencia Ficción Estadounidense (entre 1951 y 1965).

Hubo ferias de libro, reuniones con amigos, con las medidas de salubridad, por una pandemia. Llegó diciembre; en vísperas de Nochebuena nos reunimos con unos amigos y conocidos en el club de lectura «Tridente de Argos». Almorzamos, bebimos vino, miramos «Black Christmas» (2019) y «Gremlins». Luego recuerdo que Luigi interrumpió una amena charla que yo sostenía con una poeta peruana, para decirme que no habíamos ofertado nuestra obra de acuerdo con el plan de dos años antes.

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Dos días después mi coescritor me consultó dónde celebraría el Año Nuevo, le contesté que lo haría en mi hogar y que lo invitaba. Poco antes de las doce de la medianoche, me dijo con voz firme:

—Este es nuestro año de publicación. —Acto seguido tronaron los cohetes en la calle. Mi camarada me saludó—: Feliz 2023.

Comimos, bebimos. Cuando abrí los ojos, pensé que debíamos de coordinar con la editorial, hablarles del texto, realizar en conjunto la campaña de promoción, pero pasó el tiempo en medio de correcciones y reemplazos de cuentos, hasta que llegó otra época navideña, otro Año Nuevo. Ambos prometimos abocarnos a la obra (ya casi terminada) solo faltaban detalles, casi como prender la computadora e imprimirla.

—¿Qué opinas, Leonardo? El editor ha hecho el favor de revisar nuestro borrador. Está muy interesado, pero sugiere un nuevo título para el libro (que sea el de uno de los cuentos) y que debemos reemplazar un relato para que el conjunto posea una mejor armonía. Pero asume que eso solo nos tomaría una semana; eso sí, ni incluso de esa forma llegaremos a la FIL.

 —Luigi, trabajemos con cuidado, podemos terminar para la Navidad que viene, la economía se reactivará y será un superventas.

Cuando me fui a descansar, ya era agosto, y cuando me levanté, ya era septiembre. Supe de este modo que no lograríamos terminar el libro a tiempo, como lo habíamos pactado; adivinaba que mi coescritor vivía lo mismo que yo. El editor nos dijo que podía esperar un poco para que le devolviéramos el manuscrito con la mayoría de las mejoras y clarificaciones que hizo aceptadas. Nos dijimos que dejaríamos la preventa para el último momento, pero ya no sé por qué o de qué manera me encontraba en el verano de 2024 con una nueva pandemia: la viruela del erizo. Sin embargo, teníamos la labor pendiente y nos reunimos, terminamos contagiados y con descanso de varios meses.

2025, 2026, 2027, 2028, el 2029, el 2030, el 2031. Que no se piense que olvidamos el cuentario, cada mes teníamos un encuentro virtual o presencial. Incluso creamos un taller sobre cómo estábamos configurando un cuaderno a cuatro manos y hubo muchos autores jóvenes y maduros que asistieron para aprender nuestros secretos, porque no dejábamos de publicar cada dos o tres meses un relato en una antología o revista. ¡Hasta ganamos un concurso de cuentos a nivel nacional con una de nuestras historias!

Continuamos con la escritura de nuevas narraciones hasta conformar un segundo manuscrito, un tercero y planeábamos trabajar una novela, aunque no sabíamos cómo afrontar la primera línea de esta, al menos no hasta que se publicara nuestro primer libro en colaboración, el cual no dejábamos de corregir. En 2032 nos dijimos que ese sería el año, que en la FIL o en la Feria Ricardo Palma triunfaríamos. Empero, nuestras coordinaciones, se iban espaciando y mi amigo me dijo que así nunca llegaríamos al final, lo cual me fastidió y preocupó. Yo le increpé por lo mismo y me indicó que continuáramos.

Muchos años después solo nos faltaba decidir si una coma iba allí o no. En ese momento atravesamos las paredes de su casa y nos dimos cuenta de que estábamos muertos, vimos que era el año 2072 en un calendario de la cocina. Más recuperados, dos días después, fuimos al local de la editorial y ubicamos a nuestro extinto editor, quien nos dijo que podía promover nuestro libro, no venderlo, sino obsequiarlo a las almas que erraban en el país, en el mundo. Que aún esos muertos necesitaban literatura, que les sobraba el tiempo mientras esperaban pasar a mejor «vida», e incluso, era vox populi que en la siguiente etapa se mantenía la afición.

Estábamos eufóricos, ahora teníamos una nueva oportunidad más allá de la muerte; además tranquilos, porque después de nuestra condición fantasmal, ya como espíritus, podríamos reunirnos con nuestros seres queridos que se nos habían adelantado. Ellos también desearían leer «La procrastinación y el tiempo» (nuevo título). 

De lo contento que me hallaba, me dio un ataque de risa, hasta que Luigi me dijo que no olvidara que no se publicaría el libro sin un texto de contratapa de primera línea. Que había que buscar a un autor notable. Que, si este no lo escribía con gran prolijidad, no autorizaría la publicación.

Carlos Enrique Saldívar

Perú, Lima, 1982. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Federico Villareal. Codirector de la revista virtual El Muqui. Administrador de la revista-blog Babelicus. Publicó los libros de cuentos Historias de ciencia ficción (2008, 2018), Horizontes de fantasía (2010), El otro engendro y algunos cuentos oscuros (2019) y El viaje positrónico (en colaboración con Benjamín Román Abram, 2022). Compiló: Nido de cuervos: cuentos peruanos de terror y suspenso (2011), Ciencia Ficción Peruana 2 (2016), Tenebra: muestra de cuentos peruanos de terror (2017, 2018, 2021, 2022), Muestra de literatura peruana (2018), Constelación: muestra de cuentos peruanos de ciencia ficción (2021) y Vislumbra: muestra de cuentos peruanos de fantasía (2021). Coordinó la antología Unicornios decapitados (disponible en Lektu). Blogs: http://babelicus.blogspot.com/ y https://el-muqui.blogspot.com/

Benjamín Román Abram

Perú, Lima, 1970. Codirector de la revista virtual El Muqui. Sus cuentos y reseñas se han publicado en diarios, antologías y revistas nacionales e internacionales como El Comercio, Correo (Huancayo), Heterocósmica, Fabulador, Umbral, Buensalvaje, Cosmocápsula, miNatura, Agujero Negro, Plesiosaurio, Zona libre, etc. Es autor de los libros de relatos En Envase Pequeño, Bioficciones y El viaje positrónico (en colaboración con Carlos Enrique Saldívar). También cultiva la poesía y la ha publicado en diversos medios.

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