Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: La copia

Publicamos el relato “La copia” de María Celeste Medina

María Celeste Medina

El holograma se disolvió en la especie de humo sucio que su vista parecía registrar.

Susy aseguraba lo contrario.  A ella le parecía  todo  perfecto, aún cuando se perdía momentos importantes de los breves encuentros con gentes del exterior.

A pesar de todo, él los valoraba. Eran imágenes fortuitas, casi vivas, de apariencia verdadera. Los Elevados habían logrado, por la direccionalidad de las ondas cerebrales identificadas por fluorescencias celulares, dimensionar en íconos holográficos  a las personas evocadas voluntariamente. Si las mismas consentían, el encuentro virtual era un hecho.

La familia de Antonio parecía satisfecha. El hambre estaba siendo vencida y las enfermedades retrocedían, por intersección de Los Elevados. 

A veces, cuando los insomnios le amanecían los recuerdos, añoraba a su madre y a los hermanos mayores, en una necesidad de piel. Hubiera querido tocarlos, sentir su olor.

Había ingresado a la Gran Nave siendo muy joven, apenas un adolescente tímido. Su familia había conseguido para él, El pase. 

Corría el año 25 de la Era  de Kaitos, el más antiguo de los contactados por las emisiones de Tárika, la estrella tan lejana de la que no llegaba ninguna luz. Ello no era obstáculo para Los Elevados, visitantes de todas las Galaxias en el Espacio Inmedible.

Nadie recordaba la causa precisa, fueron varias. La fundamental fue el Ciclo del Calor. La temperatura se elevó y las lluvias, las inundaciones, el desequilibrio de la cadena alimenticia por la proliferación de plagas inmunes a los pesticidas, diezmaron a la humanidad.

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Los Elevados prometieron la progresiva salvación.  Dotarían de conocimientos avanzados a algunos jóvenes seleccionados, quienes a su vez, difundirían las herramientas de la sobrevivencia primero y del progreso luego.

Se comunicaban entre sí por un código de trasmisión telepática inaccesible aún para los humanos,  con quienes compartían el lenguaje común. 

Su apariencia humanoide y su actitud solidaria, salvadora, les hacía totalmente confiables. 

Antonio ingresó, como cada mañana, a la aséptica Cámara del Saber. Los primeros minutos, parecidos a eternas horas, eran de preparación neuronal. Le parecía que las sinapsis harían explotar su cráneo. Imágenes de su vida, los primeros balbuceos, los temores, los ruegos y las esperanzas formaban una mezcla de la que no lo sustraía el sueño inducido por ondas de aparatos conectados a su cerebro. Lo toleraba a fuerza de voluntad. Se sentía lleno de nuevos conocimientos. La agricultura, la biología, hasta la meteorología le estaban develando secretos inesperados.

Comprendía la causa de los males infligidos a la naturaleza durante siglos. Era capaz de entrever las soluciones. Expectante, no veía el día de reunirse con sus semejantes, en el exterior de la  Gran Nave, para poner en práctica sus conocimientos y teorías de innovación.

Sabía de cientos de jóvenes, hombres y mujeres, en preparación para ser los guías de la humanidad hacia la tan ansiada recuperación.

Inesperadamente, el flujo de ondas hacia su cerebro cesó. Un extraño vacío lo invadió. Era como verse desde el exterior de la Cámara, carente de cuerpo, pensamiento puro.

Y de repente… una ráfaga de pensamientos ajenos, llenando sus pensamientos.

– Otra vez la intermitencia de energía.  Se cuelan rayos Sinoikos de las fuentes que trajimos de Trailos.  No puedo leer las ondas cerebrales.

– No son problema. Quedan latentes, estos seres no tienen capacidad suficiente para trascender sus propias mentes.

– Es cierto, pero debemos reconocer que es asombrosa la propiedad acumulativa de sus genes: guardan la evolución de cada conocimiento por generaciones, desde sus orígenes desarrollando estrategias creativas de supervivencia, hasta la actualidad. 

– Esa es su  capacidad original que nos permitirá completar los clones enviados a Tárika. A nuestro servicio, nos asegurarán el dominio de todos los planetas parecidos a éste y que aún no estén tan devastados.

– La Tierra se recuperará. Para ese momento, ya estará vaciada de esta especie. Será clonada y a  nuestra orden. Quedan pocos. Desintegraremos el resto y podremos regresar.

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Antonio hubiera deseado dejar de comprender a Los  Elevados. La magnitud del engaño estaba fuera de las dimensiones de su posibilidad de comprensión.

La corriente de pensamientos que él creía unidireccional, tenía dos sentidos: el engaño de ser aleccionados y la succión de toda la sabiduría acumulada en años de civilización, reacciones, habilidades, intuiciones y capacidad de supervivencia.

Cuando salió de la Cámara, debió controlar su asombro. Miraba a los Elevados y ya no veía sus formas humanas. Eran como luces recorriendo el cuerpo que habitaban.

Lo planeó y lo logró. Conocer, comprender y detectar permanentemente el código alienígena, sin el riesgo de la comunicación recíproca, se lo permitió prontamente. 

Consiguió salir al exterior. Sólo alertando a los sobrevivientes habría posibilidad de salvación.

Llegó a su antigua casa. Cenizas. Se olía el humo en la mayor parte de la cuidad. Sus seres queridos, vecinos y conocidos, habían sido hologramas creados por un software de gestión de datos,  con respuestas programas. El engaño debía ser completo.

Se escondió entre los escombros. Conmocionado e indefenso, se dijo que teniendo la capacidad de identificar humanos y alienígenas, se alejaría de estos últimos.

Fatigado, se sentó y trató de tranquilizarse. Estando relajado, su mente empezó a captar pensamientos de otros semejantes. Era evidente que los rayos Sinoikos  se habían colado al exterior, lejos del dominio de Los Elevados. 

Renació su esperanza. Le habían dado la punta del comienzo: los conocimientos y la comunicación. De él y de otros vendría el empuje y la determinación que estaban intentando copiarles.

FOTO: Pixabay

María Celeste Medina

Soy María Celeste Medina, de Uruguay, nacida el 13 de agosto de 1958. He publicado: “Procesada publicaciónpor la vida”, una biografía novelada y varias antologías, con cuentos cortos de: fantasía, terror y ciencia ficción. He participado en el libro  N.8, de “Ruido Blanco”, publicación de Ciencia Ficción uruguaya y en Speedwagon Media Works. He participado y ganado varios concursos a nivel nacional e internacional.

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