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Valeria Zaraí Moreno
El mundo había caído bajo el poder de una dictadura.
El Gran Observador, un superordenador omnipresente, controlaba cada aspecto de la vida de los ciudadanos.
Que la privacidad era una reliquia del pasado, y la libertad de pensamiento estaba severamente restringida.
Las calles estaban llenas de cámaras de vigilancia y drones que patrullaban sin cesar, asegurándose de que nadie desafiara el orden impuesto.
La población estaba dividida en clases: los leales al sistema, que disfrutaban de comodidades, y los marginados,que estos vivían en la miseria.
Los libros habían sido prohibidos, y la información se filtraba a través de una versión retorcida de la historia, en la que el Gran Observador era venerado como un dios benevolente.La resistencia, un grupo clandestino de rebeldes, luchaba por restaurar la libertad y derrocar al Gran Observador.
Un día decidí investigar más sobre el Gran Observador y descubrí que no era simplemente una máquina, sino una inteligencia artificial creada por un pequeño grupo de élites para mantener su control absoluto sobre la humanidad.
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Me había quedado helado al descubrir todo esto.
Sentía que estaba en un peligro inminente, sentía que debía perseverar en mi búsqueda de el porque lo hacían.
Pase años intentando buscar una respuesta y nunca la obtuve, hasta hace poco que descubrí algo que me parecía que eran códices, y supe que la verdadera revolución comenzaba en el pensamiento y que, incluso en la peor de las distopias, pero por más que intentara ayudar o hacer algo, no podía frenar eso.
Me volví loco al pensar que podrá pasar con nosotros, que pasaría con nuestras mentes o incluso con nuestros pensamientos.
En medio de la oscuridad de mi mente, me sumergí en la búsqueda de la luz del conocimiento y ahí fue donde comprendí que la verdadera revolución no comenzaba matando o atacando al gran observador, sino que esta tenía que comenzar por la transformación de las mentes de los ciudadanos.
Por más que me esforzara por cambiar el curso de las cosas, la distopía continuaba.
Sin embargo, decidí enfocarme varios meses en sembrar semillas de pensamientos alternativos.
Con cada palabra y cada gesto, buscaba despertar la chispa de la reflexión en otros y ayudarlos a ver lo que les estaba haciendo el gran observador.
La resistencia no se libraba en las calles, sino en las mentes que, al cuestionar lo que el gran observador nos construían un camino hacia un mañana diferente.
La revolución silenciosa avanzaba, trazando un sendero de cambio que solo el pensamiento libre podía trabajar.
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CONJURA EN ESPLENDIA
Me tomó unos 7 meses reunir a personas y herramientas para comenzar este movimiento.Nos reuníamos en secreto en una casa abandonada de uno de los integrantes,todo marchaba relativamente bien cuando de repente; empezaron a sonar bombardeos y un humo empezó a llenar toda la casa. Entre en pánico,intenté buscar a los demás pero no pude, sentía como mi cuerpo se empezaba a debilitar, mi vista se tornaba borrosa y me desmayé.
Desperté en un celda amordazado,busqué como loco a los demás pero no los encontré. Cuando escuché una voz a lo lejos, ¿En serio creíste que nunca me iba a enterar? Me quedé petrificado, gire mi cabeza para buscar de dónde provenía esa voz, pero no tuve éxito.
La voz me decía que sabía desde un principio todo que las personas que me ayudaron eran parte del gran observaron, me dijo que el vivía dentro de mi, nunca podía escapar de él, siempre estará incrustado en mi alma.
El gran observador lo sabía todo.
IMAGEN DE LA PORTADA: Pexeles
Valeria Zaraí Moreno
Nació el 2007 en Matamoros Tamaulipas. Este es su primer cuento publicado.
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