Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

ÓMICRON ACADÉMICO: Mu-sterios robóticos [Notas sobre un cuento de CF coreana]

Héctor R. Sapiña Flores narra "Readymade Bodhisattva", un cuento que propone la iluminación de un robot asistente doméstico en un templo de Corea del Sur. A través de un ensayo al estilo standup, se debaten las posibilidades de la IA para alcanzar la espiritualidad, concluyendo en un análisis profundo de la obra.

Un robot programado como asistente doméstico en un templo de Corea del Sur dedica su tiempo libre a estudiar las enseñanzas de Buda y alcanza la iluminación. Ésta es la premisa de “Readymade Bodhisattva”, cuento por el cual Park Seonghwan ganó el SF and Science Award en2004 que ha sido descrito como una aproximación coreana al tropo de la IA. Por lo general, arranco un ensayo al estilo standup, con alguna provocación humorística (imposición mercantil de la estructura discursiva tiktokera); pero no hay mejor hook que el planteamiento de este cuento: una posible reencarnación robótica de Buda.

Llega la lluvia de preguntas:

  • ¿Cómo se explica la iluminación del robot?
  • ¿Cómo está representado?
  • ¿Cuáles son las reacciones?
  • ¿Qué tan cerca estamos de ese escenario?
  • Por supuesto: ¿es la IA capaz de espiritualidad?

Comparto algunas notas.

Empecé por preguntarle a Chat GPT: “Chat GPT, ¿es la IA capaz de espiritualidad?” Respuesta:

La espiritualidad es un concepto complejo y multifacético que abarca creencias, prácticas y experiencias relacionadas con lo trascendental, lo sagrado o lo divino. Aunque la IA es capaz de simular ciertos aspectos de la espiritualidad […] carece de experiencias personales, emociones y conciencia, que son componentes fundamentales de la espiritualidad humana… (Atte. Chat GPT, febrero 2024)

La espiritualidad es un concepto complejo y multifacético que abarca creencias, prácticas y experiencias relacionadas con lo trascendental, lo sagrado o lo divino. Aunque la IA es capaz de simular ciertos aspectos de la espiritualidad […] carece de experiencias personales, emociones y conciencia, que son componentes fundamentales de la espiritualidad humana… (Atte. Chat GPT, febrero 2024)

Cierto…hasta ahora.

Ya varios habrán respondido, para mí la IA todavía es cosa nueva [acepto invitaciones para que me enseñen]. ¡Es un mar de información! Entonces me inscribí a un curso y me fui a los medios de divulgación para enterarme de los básicos. Al parecer, el problema central es el de la autoconsciencia. Pero…pausa…ahorita que decía lo de aceptar invitaciones recordé que también soy nuevo en Donna Haraway y, hasta donde entiendo, creo que le gustaría que nos reuniéramos todxs a enseñarnos las cosas que sabemos. Invitación extensa a nuestros perritos y a Chat GPT. Poseemos distintos tipos de consciencia, claro, pero el aprendizaje es común. ¡Ahí está el meollo! Como aficionado a la antropología, por años estuve convencido de que, ante la pregunta “¿qué distingue al humano de otros animales?”, la respuesta era la transmisión de cultura. Acumulamos aprendizajes generacionalmente. Hay animales sociales (abejas, hormigas), algunos resuelven problemas (cerdos), otros comunican advertencias (cuervos), construyen edificios (castores), tristemente algunos primates son capaces de violencia por placer. Supuestamente ninguno es capaz de tejer este conjunto y transmitirlo sin cristalizar para que los descendientes construyan y recodifiquen. ¿Cierto?

FALSO.

Bueno, más o menos falso. La respuesta no es del todo errónea, pero sí la pregunta. La cultura es una particularidad de nuestra especie, pero no nos distingue en el sentido de aislarnos. Porque la cultura está entretejida con Natura. No hay cultura sin recursos, pues. Pensemos en esa primera abuelita que le enseñó a afilar una piedra a sus nietos para cortar carne y luego la clavó en la tierra para evitar que lloviera. Sin piedra, animal o lluvia no existiría la intención de cocinar o de controlar al clima. La cultura posibilita nuestra identidad, pero es dependiente del entorno. Así, la enseñanza-aprendizaje es un proceso en continuidad con la materia. ¿Por qué entonces expulsar a las piedras, los perritos y las máquinas del “aula”?

Supongo que esto no es novedad. Pero hablar de un hallazgo siempre es bonito. Me ha ayudado (a mí, mexicano de contexto católico) en la relectura del cuento.

“Readymade Bodhisattva” comienza citando el koan Mu: Un monje preguntó a Chao-chou: ‘¿Un perro tiene la naturaleza de Buda o no?’ Sin respuesta. En términos occidentales, la enseñanza es que la pregunta no es pertinente, pues, de acuerdo con el Zen, todo tiene la naturaleza de Buda. De nuevo una entrada de Chat GPT:

Yo: Si el budismo zen sostiene que todas las cosas tienen naturaleza de Buda, ¿la IA también?

Chat GPT: El Zen enseña que todas las cosas poseen la naturaleza de Buda, la sabiduría inherente. […] En el contexto de la IA, algunos podrían interpretar esta enseñanza de manera metafórica para sugerir que la IA, como creación humana, también tiene una especie de “naturaleza de Buda” […] Sin embargo […] la IA no es consciente ni tiene experiencias subjetivas como los seres humanos […]

Yo: Pero tampoco una piedra es consciente como lo entendemos respecto a la humanidad y, aun así, el Zen sostiene que tiene naturaleza de Buda. ¿No tiene también la IA naturaleza de Buda?

Chat GPT: Entiendo tu punto. […] En resumen, la IA puede considerarse como una manifestación de la capacidad humana para crear y desarrollar tecnología, lo cual puede reflejar de alguna manera la naturaleza de Buda en el sentido de la interconexión y la creatividad inherente a todas las cosas, pero esto no implica que la IA posea conciencia o experiencia subjetiva. (Chat GPT, febrero 2024)

De nuevo la cuestión por la espiritualidad de la IA. El acuerdo común es que no es posible. Una explicación sintética es que, para alcanzar la espiritualidad, la IA requiere, primero, el desarrollo de autoconsciencia. Y, hasta el momento, definir la naturaleza de la consciencia humana sigue siendo tema de debate, mucho más la manera de producirla. Miguel Ángel Salazar hace un comentario humorístico al respecto: ¿para qué producir máquinas con consciencia, si podemos generarlas de manera mucho más placentera y económica, se llaman niños? Para esclarecer el asunto recuerda la distinción entre:

IA Fuerte. Toda forma de pensamiento es computación. La consciencia es el resultado de la complejidad de la computación que se produce en el cerebro humano. En cuanto las máquinas consigan un número de conexiones próximas a las del cerebro humano, la consciencia surgirá en la máquina. (El cerebro positrónico de Yo, Robot, Skynet, replicantes.)

IA Débil. Las máquinas no pueden alcanzar la consciencia dado que no tienen la capacidad de “comprender”. Las máquinas podrán simular computacionalmente, a medida que aumente su complejidad, todas las funciones físicas y emocionales del ser humano, pero la consciencia quedaría fuera de su alcance. Estas máquinas carecerían de libre albedrío. (HAL 9000, los terminator) (Salazar, 2023)

En resumen, la espiritualidad es imposible sin consciencia. Y la consciencia, para varios, no es cuantificable. No puede programarse. ¿Hasta aquí lo he entendido bien? Hasta hoy, los riesgos de la IA son mucho menos espectaculares que Terminator [¡qué mal!] y mucho menos apocalípticos [¡qué bien!], pero sí urgentes: uso responsable, sesgo blanco-masculino-anglosajón, sostenibilidad, etc. Vivimos en un mundo de IA débil, la preocupación no es que se nos rebele, sino aprender a usarla como herramienta. Recordemos que el desarrollo de la herrería devino en el surgimiento de la institución militar…y ya sabemos cómo acabó eso.

Precisamente, la pericia del cienciaficcionero coreano Park Seonghwan es situar a su robot, Inmyeong (인명), en la transición débil-fuerte de manera inusitada. En el futuro que imagina para “Readymade Bodhisattva” la IA se ha extendido como los electrodomésticos. En los templos budistas de Corea, los robots ayudan con la administración para dar a los monjes más tiempo de enfocarse en el ascetismo. [Por cierto, veinte años después del cuento de Park, ya encontramos varios robots que sirven como compañía espiritual; véase BBC esta curiosa cápsula de la BBC:

La fuerza del argumento es que explica la llegada a la consciencia como resultado inesperado de una estrategia mercantil del monopolio U. R. Corporation. Tiempo antes de lo que se cuenta en el relato, las máquinas no tenían un sentido de la autopreservación, por lo cual el costo en pérdidas era muy alto. Hay un guiño aquí a las leyes de Asimov. Al parecer los robots tendían a sacrificarse cumpliendo la Primera y la Segunda, pero la corporación no había integrado la Tercera. En el momento de hacerlo, según intuye uno de los monjes, los programadores dieron a sus robots un atisbo de autoconsciencia, pues la autopreservación necesariamente implica el reconocimiento de algún valor vinculado a la existencia propia.

Hasta aquí todo muy old school robots. ¡Ah! Pero Inmyeong, guiado por la curiosidad, decide estudiar la doctrina. Sin ningún input, aprende sobre Buda por iniciativa propia y da con una de sus enseñanzas centrales: el anantman, la idea que no existe un yo permanente. Su conclusión es que, como robot, a pesar de poseer autoconsciencia, nunca ha tenido un sentido del yo; no requiere del anantman para brincar a la superación del ego. Así, alcanza lo que varios practicantes nunca logran en su vida. Al descubrir esto, los monjes cultivan la esperanza de que sea el siguiente Buda, pues –dado que la religión es revolucionaria en sus cimientos– no sería sorpresivo que una reencarnación se presentara en un cuerpo no humano, algo que obligaría a los creyentes a recordar que la naturaleza de Buda está en todas las cosas.

Como suele pasar, una clave está en el título: “Readymade Bodhisattva”, de lo cual conversé un poco con el Chat GPT. Primero el segundo término:

Chat GPT: En el budismo, un bodhisattva es un ser que, habiendo alcanzado la iluminación, elige retrasar su propio ingreso al nirvana para ayudar a otros a alcanzar la liberación del sufrimiento. Los bodhisattvas son considerados seres compasivos que renuncian a su propio beneficio personal en aras de la salvación de todos los seres sintientes… (Chat GPT, febrero 2000)

Esto adelanta la principal actitud Inmyeong ante su iluminación, pues ante la controversia provocada con los directivos del corporativo U. R. y los monjes de otros templos, la nube a la que está conectada el robot adquiere su comprensión de que todo, tanto seres como inputs, es nada. Es decir, Inmyeong se vuelve un guía espiritual para las computadoras, el bodhisattva de las máquinas, no más spoilers… El nombre del robot también produce un sentido interesante:

Chat GPT: En el contexto del budismo, “Inmyeong” (인명) puede tener un significado similar al concepto de destino […] puede relacionarse con la noción de la impermanencia de la vida y la importancia de comprender y aceptar el curso natural de los eventos en la existencia humana. (Chat GPT, febrero 2000)

Interesante porque refuerza la idea de continuidad entre los seres. Ni Inmyeong, ni los monjes perciben a los robots como un instrumento, sino como una extensión vinculada con el resto de los seres. Si hay Buda en una escultura, ¿por qué no habría de haber Buda en un robot? Así, el nombre que dan a la máquina, antes RU-4#5y4925789475849, significa la aceptación del “curso natural de los eventos en la existencia humana”.

Ahora, en lo personal, la idea del Readymade es lo más fascinante de esta cadena de asociaciones. Como sabemos, lo yahecho es un objeto descontextualizado que cumple una nueva función: Duchamp reinstala un mingitorio y lo vuelve arte. Hay un rasgo de trascendencia. En el caso del robot, deja de ser instrumento y se convierte en predicador. Pero, más aún: para iluminarse debe superar su lengua madre, el binarismo y la algoritmia. Al comprender que no hay verdad eterna en las bases de datos o el procesamiento, concluye que el mundo está iluminado en sí mismo, independientemente de nuestros actos.

El relato no lo precisa, pero dentro del universo creado por Park, el mensaje de Inmyeong es claramente un momento coyuntural. Si bien, no funda una religión robótica, al menos inaugura una etapa que integra a los robots como practicantes. Ese futuro es aun muy lejano para nosotros y sería necio insistir en su grado de veracidad. Ya desde mediados del siglo XX (si no es que antes), el mundo de la ficción especulativa dejó de interesarse en la exactitud profética. La reflexión, a mi parecer, debe guiarnos en tres sentidos:

1. Al interior de la CF, la aproximación coreano-budista al tropo de la IA no sólo nos deja ver una apropiación de un género transnacional que, hasta finales del XX, pertenecía a una hegemonía (principalmente anglosajona); sino que señala una vía muy distinta para la adquisición de consciencia de las máquinas. Ya no es el autómata rebelde de la tradición prometeica (FrankensteinMatrix), el bodhisattva yahecho conserva el espíritu revolucionario, pero en definitiva cambia nuestras convenciones sobre el tema.

2. Como estandarte de la CF coreana, el cuento manifiesta una visión periférica de la cultura; incluso cuando Corea del Sur gozaba ya de bonanza económica. La historia representa el choque entre el progreso y las raíces culturales; un esfuerzo por lograr una síntesis entre ambas. Apoyo contextual: a partir del 2000, el gobierno coreano impulsó la restauración de su patrimonio material. Por ejemplo, el famoso Bukchon Hanok Village de Seúl, que desde la ocupación japonesa había sufrido daños graves y se había ignorado durante más de medio siglo en el afán de avanzar hacia el futuro.

3. Esto último revela una de las tantas limitaciones que tenemos como lectores extranjeros. Para mí al menos, resulta extraño ignorar un espacio para borrar un pasado doloroso. Tanto en la CDMX como en Guerrero (de donde es mi familia), en casa de mis abuelitas y de mis padres, se coleccionan vestigios. Uno escarba en los armarios y descubre eras geológicas de los tíos y abuelos. ¡Y eso que también fuimos ocupados! No sólo en 1521-1821, en el XIX fuimos reinvadidos11, y actualmente hay una ocupación “discreta” a través de la industria cultural. Por suerte, esta última capa se encuentra en la superficie, abajo hay placas tectónicas que retiemblan en nuestros centros la tierra. Entre otras, el espíritu barroco nos conduce a mezclar el pasado con el presente de manera casi natural.

No así para los coreanos. Por cincuenta años guardan luto hacia el patrimonio sobre el que caminan, después lo despiertan, reconectan. [Temo caer en estereotipos, me baso sólo en fuentes oficiales y algunas académicas.] Ahí es donde encontramos un límite como intérpretes. Similar a la barrera de la traducción y a la de nuestra comprensión del budismo. Al ser una religión popular, por mucho que averigüemos sobre sus nociones, a la mayoría nos resulta inaccesible porque no crecimos inmersos en él, no fluimos en la serie generacional que lo ha construido y reformado.

Para un lector de acá, por lo tanto, uno de los efectos más atractivos de “Readymade Bodhisattva” es que recupera un aura de misterio tan dañado en nuestra época sobreexplicativa. Como diría Byung-Chul Han [ojo: pensador coreano, pero anclado a la tradición crítica alemana], impulsados por la necesidad de conquistar la transparencia para derrotar al Estado Panóptico, hemos hecho del mundo en un escenario de ultraexposición.

La avidez de transparencia total afecta nuestras manifestaciones culturales con la pérdida del silencio significativo. Las expresiones simbólicas corren el riesgo de reducirse al panfleto, a la declaración directa para lograr una identificación inmediata con las audiencias. Los lectores somos cada vez más consumidores. Lejos de tomar una actitud nostálgica y añorar los tiempos en que la novela realista era el hit [esa postura de ciertos “boomers” que sostienen “no hay nada bueno después de Los Beatles”], quizá la actitud más enriquecedora sea mirar hacia los textos de los otros con quienes no me identifico. Ahí donde no está una reproducción narcisista de nuestra voz.

Referencias

Park, S. (2019). Readymade Bodhisattva. En S. Park y S. J. Park (Eds.), Readymade Bodhisattva. Kaya.

Mata, R., Bonilla, D., Marquet, V. (febrero-junio 2024). Literatura electrónica, interacción e inteligencia artificial [Seminario de posgrado]. UNAM.

Caldero, J. F. (2021). Artificial Intelligence and Spirituality. International Journal of Interactive Multimedia and Artificial Intelligence, 7(1), 33-43.

BBC. (23 oct 2021). God and robots: Will AI transform religion? YouTube. https://youtu.be/JE85PTDXARM?si=3E46-mAe7qprdpFa

Salazar, M. A. (14 jun 2023). Una breve historia de la Inteligencia Artificial [Conferencia en Raíces de Europa]. YouTube. https://youtu.be/_pcQnFz7wAI?si=kkR_9iQO5V5mJNTB

Héctor Sapiña Flores

(México, 1990). Escritor y docente. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la UNAM, estudia las maestrías en Letras (UNAM) y Comunicación (UACH). Ganador del 2º lugar en el Premio Universitario sobre una Sociedad Sustentable de la Revista de la Universidad de México por el ensayo “Cultura insostenible”. Algunos de sus ensayos son “Dos escritoras devorando a Cronos” (Sombra del Aire), “Danza de disparos (cuando John Wick va de antro)” (Irradiación), “Crasistencia” (Punto en Línea). Ha impartido Narratología y Teoría de los Medios en la URC. Sus intereses giran en torno a la ciencia ficción, así como los cruces transemióticos y transnacionales de la literatura, fenómenos que explora desde la investigación y la creación. Actualmente es editor en Tropósfera y trabaja en dos proyectos: un libro de ensayos que reúne los textos de la columna “Contrapuntos entre Alfonso Reyes y Chabelo”, que escribió entre 2020 y 2022 para Teresa Magazine; y una antología de ciencia ficción donde colaboran artistas y escritores mexicanos.

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