Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: Scydrone

Un hombre narra su experiencia inmersiva y adictiva en la red, donde el uso de nanodrones deteriora su salud y relación con Jo, mientras enfrenta graves consecuencias.

Gabriel Padilla

Siento que mi avatar se fusiona con todo lo que le rodea, pudiendo leer los programas que construyen los muros, las calles y los vehículos que están cerca de mí, aquí, dentro de la red, la visión es increíble, me siento capaz de poder modificar todo. El flujo de datos es constante, rápido y denso, como si se tratara de un torrente de agua que entra de golpe a tu cuerpo cada segundo; en el mundo real, mis ojos tiemblan en forma errática, se mueven de un punto a otro, leyendo toda la información que estoy recibiendo, mientras mi corazón se acelera a más de ciento cincuenta latidos por minuto, o al menos es lo que marca el sistema de soporte vital; tendones y músculos comienzan a tensarse demasiado, endurecen tanto que siento que mi cuerpo se ha convertido en una serie de cables y placas de acero; nuestro dealer me mira con esa sonrisa burlona de siempre, observando los niveles de adrenalina y oxitocina que se producen en mi metabolismo, a la vez que mueve la cabeza al ritmo de aquella vieja canción de fondo del siglo pasado.

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El contador de “lifecoin” se ha vuelto loco, quitándome más de dos semanas de vida por cada segundo que pasa (dos semanas, cuatro, doce, veinte…) pero vale la pena el costo por lo que estoy sintiendo en mi cuerpo; Jo me mira preocupada, preguntando una y otra vez al dealer si podré sobrevivir a esto, pero el sigue sonriendo, tarareando la molesta tonada de Metallica (No entiendo cómo puede escucharlos alguien todavía, murieron hace más de cincuenta años y en ese entonces ya eran solo un recuerdo de épocas más bárbaras y simples); intento decirle a Jo que me siento bien, que la droga funciona, pero  creo que no me escucha.

La inyección termina, y descubro que solo han pasado seis segundos desde que comencé a recibir en mi flujo sanguíneo la carga de nanodrones, segundos que me parecieron un par de horas de información insertadas en mi cerebro. La luz es intensa, pero puedo ver con más detalle cada uno de los objetos que me rodean, mi cuerpo real se siente diferente: fuerte, rápido, ágil, con mis sentidos agudizados (¿Eso que escucho es el ronroneo de un gato a unas calles? Pero ¿Cómo?)

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Jo sigue viéndome preocupada, pero Morris (nuestro dealer) le explica los beneficios de la inyección que acaba de inocularme, sin embargo, los sistemas de mantenimiento vital indican que mi cuerpo se encuentra sobrecargado y a punto del colapso, creo que esas máquinas no funcionan bien, porque me siento mejor que nunca, puedo sentir como cada uno de los nanodrones se adhieren a mis arterias, a mis pulmones y los obligan a trabajar mejor que antes.

¡Me siento realmente vivo!

Han pasado cuatro días desde la última dosis y mi cuerpo comienza a resentir todas las horas que duré conectado sin probar alimento, sin dormir, aprovechando cada minuto. Las reservas de dinero que tenía se están acabando con rapidez, no consigo hacer algo para evitarlo, y no puedo seguir pidiendo crédito a la corporación donde trabajamos; los efectos cada vez duran menos, no esperaba que los malditos nanos se desintegraran tan rápido, o que me dejaran con esta horrible ansiedad, este dolor en mi vientre que no puedo soportar. Jo lo ha consumido también, creo que en cantidades mayores que las mías, porque la noto más delgada, sus ojos se ven cada día más apagados, sin vida, su piel se siente más acartonada, y su aspecto más cenizo, no sé si son las dosis o es ese maldito tumor en el útero que le apareció hace poco.

Mis “lifecoins” casi se acaban, y esta sensación de hambre continúa, de adormilamiento y dolor en los huesos no se sacia con nada. Acepté ser uno más de los “runners” de nuestro dealer (no soporto su tarareo y esos estribillos de música vieja cada que hablo con él), distribuyendo pedidos en distintos puntos de la red y esquivando tanto a “finders” como a miembros de seguridad virtual de las corporaciones, no me he presentado a mi trabajo en la corporación desde hace más de una semana, dudo que siga trabajando ahí; los últimos días me la he pasado en varios “Hots squares” viendo clientes potenciales para la droga, pero en secreto, robo pequeñas dosis para mantenerme activo. Las dosis se han vuelto caras, una dosis pequeña de un segundo de nanos cuesta doscientos mil “lifecoins”, pero estas solo sirven para un par de días y la abstinencia se vuelve más insoportable. Ya he dejado de ver a Jo desde hace casi un mes, pero su última imagen se quedó plasmada en mi memoria: dentro de la red se veía sana, hermosa como siempre, pero fuera… La piel reseca y gris pegada a los huesos, su vista hueca, vacía, cómo si se encontrara perdida en el ciber espacio, además de todos esos hematomas y ampollas en brazos, cuello y piernas, cómo si alguien la hubiera golpeado repetidamente.

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Morris ya descubrió que le estaba robando “scydrone” de cada una de las dosis que debía entregar, enviando a otros “runners” a buscarme. He cambiado de un centro de inmersión a otro, intentando esconderme de la gente de Morris, que en ocasiones me envía mensajes con esa insoportable música de fondo diciéndome que no puedo escapar de él o de las dosis; mientras lo hago, me encuentro con más personas consumiendo la droga, no importa la edad, muchos lo consumen para mantenerse conectados a la red, otros para soportar lo poco que les queda de vida. Mis brazos y piernas se han sentido más pesados últimamente, quizá sea por el poco tiempo que tengo para descansar, o por la tensión de saberme descubierto por mi dealer, pero esta pesadez me vuelve más torpe, lo que complica mis oportunidades de escapar. Dentro de la red, he modificado mi avatar para evitar ser descubierto por mis perseguidores, y me oculto en áreas poco transitadas o muy antiguas, arriesgándome a ser atrapado o absorbido por algún programa de purga.

Casi no puedo respirar, siento que aspiro pedazos de roca que van lacerando mi nariz y mis pulmones, quedándose atrapados en mi pecho, mis costillas se fracturan intentando llenarme de oxígeno sin éxito; el sistema de sustento vital enciende las alarmas para los observadores autómatas cercanos, comenzando las acciones de reanimación. Dentro de la red, veo que mi avatar colapsa, distorsionándose algunos segundos, como reflejo de mi corazón arrítmico y mi respiración casi nula, intento pedir ayuda a los más cercanos pero ellos solo me observan, señalándome y llamando a la seguridad virtual; mis ojos enfocan por segundos tanto el mundo virtual como el centro de inmersión, combinando imágenes de ambos mundos y provocándome mayor confusión y dolor; los sistemas de soporte vital me informan que comienzo a mostrar algo que llaman “Trastorno inmersivo profundo” y que las funciones de varios órganos se han perdido, mi avatar intenta correr, pero  miro como se desintegran partes de él, separándose en miles de datos que se confunden y fusionan con las paredes y objetos que me rodean, mi corazón deja de latir de golpe, llenando mis oídos de ese pitido insistente y largo que convoca a las unidades autómatas de salud, mi cerebro (lo único que parece seguir vivo) no soporta la constante de datos infectados…

¡Estoy muriendo!

Recorro las calles virtuales de la red, pidiendo ayuda a todo aquel que logro ver, mis manos son solo un flujo de datos  dispersos que apenas y forman una silueta, pero mi rostro, mis pies, mi cuerpo entero a dejado de tener forma para ser solo un recuerdo de bytes, un error en la programación, sé que mi cuerpo murió por causa de una sobreexposición de datos que consumieron mi parte orgánica, pero dejaron un rastro de mi aquí, en la red, esto que soy,  que quedó de mi es nada, solo un grito, algunos fragmentos de lo que fui, que solo sirven para que avance por estas carreteras de datos como un espectro.

Quiero saber… ¿Por qué sigo aquí?[1]

NOTA

[1] Presentada el 29 de abril de 2023 en el Coloquio Nacional de Narrativas Especulativas de lo Insólito y el horror de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Puebla México.

Gabriel Padilla

Guadalajara, México, 1979. Lic. En educación primaria de la B y CENJ; Lic. En ed. Especial de la escuela normal superior de especialidades de Jalisco. Maestro de nivel primaria y locutor del programa de radio en línea “Bajo la mira: Arte, cultura y educación a tu alcance.” En http://www.radiomorir.com. Publicaciones principales: Novela negra “Detrás de las sombras (Espejos distorsionados)”, editorial Proyección Literaria. Noviembre de 2019 Guadalajara, México. Antología de cuentos de terror “Historias detrás de las sombras” (spin off de la novela negra “Detrás de las sombras”) Editorial Proyección Literaria. Octubre 2020. Guadalajara, México. Colección de plaquettes “Perlas de Horror”, Editorial Proyección Literaria. Octubre 2021. Guadalajara, México. Antología de relatos de Horror cósmico “En las Puertas de N’Ajjer”, Editorial Edhalca. Junio 2022. Guadalajara México. Antología de relatos “Relatos que cruzan el mar” Volumen 3, Editorial Señor Valdez. Agosto 2022. Guadalajara México. Antología de poesía erótica “El encanto de lo prohibido”. Mandrágora ediciones. Septiembre 2023. Guadalajara México. Novela de Ciencia Ficción “Sombras y cráneos. Lazos de sangre”. Editorial Edhalca, Octubre 2023. Guadalajara Jalisco. Antología de cuentos de terror y fantasía “Enigma y travesía”. Editorial Cositos cartoneiros. Octubre 2023. Guadalajara México.

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