Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: La autómata

En una sala cargada de vapor, Johan y Nicole, un ser mecánico, comparten un vals melancólico que evoca recuerdos, culminando en la muerte de Johan y la inanimación de Nicole.

—Abre los ojos, Nicole.

Johan colocó el cilindro del fonógrafo en el reproductor del abdomen de Nicole. Una nube de vapor emanó de los pistones que sobresalían de la falda, inundando el pequeño taller. El anciano comenzó a toser, sosteniéndose en las mesas de trabajo.

El sonido del mecanismo interno resonó con una sinfonía metálica de engranajes, seguido por un chorro a vapor salido de la crinolina de Nicole.

Johan disipó el gas agitando la mano. Tosió, pero poco le importó el resto de vapor.

Él esperó que Nicole se moviera. Así fue, los primeros pasos de Nicole fueron erráticos. Ella contorsionó las articulaciones, mientras liberaba vapor.  

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Sus movimientos se hacían ligeros con cada paso, hasta que llegó a moverse como balerina.

Tomó a Johan de los hombros. Él la sostuvo de la misma forma hasta que su mecanismo inició la coreografía.

Johan recorrió la pintura del iris de Nicole buscando un ápice de vida, pero solo encontró grumos y tristeza.

De la boca de Nicole salió una voz estática que decía el nombre del anciano.

Johan sollozó, luego guio a Nicole al otro cuarto, dejando una estela de vapor.

El anciano tosía, mientras se agarraba el pecho.

Caminó hasta la ventana, apartó las cortinas. El cuarto se había iluminado. Abrió la ventana para dejar salir al vapor.  

Johan secó sus lágrimas, se recostó sobre la chimenea, y vio a Nicole. Ella estaba parada sobre la alfombra.

El cuerpo de Nicole hizo vibrar la madera. El sonido de los pistones junto el crujir del suelo hicieron una melodía mecánica.

Atrás de Nicole estaba el sofá. Era viejo, y remendado de diferentes colores.   Junto al sofá estaba el piano cubierto de polvo adornado por una manta.

—Quiero escucharte tocar algo.

Johan se sentó en el sofá, formó su figura al hundirse en los cojines.

Nicole hizo una reverencia. Se sentó en el banco frente al piano, desplegó sus dedos, y los posicionó en el centro.

De las mangas salió vapor junto al crujir de los engranajes.

Ella comenzó a tocar el piano. Sus movimientos eran mecánicos, y poco inspirados.

Johan seguía el ritmo moviendo su mano entre los remiendos del sofá. En el parche rojo sus movimientos eran suaves.

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La nota alta lo hizo cambiar al remiendo azul, en donde sus dedos jugaban entre los hilos sueltos.

El pie de Johan se sincronizó con sus dedos al ritmo de la canción.

Los hombros de Nicole comenzaron a agitarse desplegando vapor por toda la sala.

Johan intentó seguir el compás, pero perdió el ritmo en el crescendo final.  Un movimiento bruto acompañó a Nicole en la última nota, seguido de vapor inundando la sala.

Johan tosió como si fuese a expulsar los pulmones.

Los brazos de Nicole quedaron flotando encima del piano, y los dedos se movían erráticos.

Johan suspiró, bajó la cabeza, y golpeó su regazo. Sintió lástima al verla atrapada en el bucle.

Al levantarse, Johan, sintió las rodillas tronar como los pistones de Nicole. Se paró junto a ella para cambiarle el cilindro del abdomen. De nuevo, Nicole, expulsó vapor que hizo a Johan toser. 

Nicole se paró, y levantó los brazos para que Johan los tomara.

—Bailemos.

El anciano colocó un cilindro dentro del piano, cuya etiqueta decía “Nuestra canción”. Ambos entrelazaron sus manos. Johan la miró y, finalmente, sintió algo de vida en sus ojos.

Comenzó el vals.

Johan dio un paso atrás con el pie derecho, seguido por el pie izquierdo de Nicole. Una nube de vapor salió de su crinolina. Ambos dieron dos giros, liberando más vapor, y luego dos giros inversos.

Johan contenía la tos con una sonrisa.

Luego se reincorporó para cerrar el espacio entre ellos, sin soltarse de la mano se alejaron, Nicole se acercó enrollándose en el brazo de Johan.

La imaginación de Johan hacia ver a Nicole con vida.  En su mente ambos vestidos de gala ejecutando una rotación en dos compases. Luego un giro rápido que levantó la falda de Nicole, dejando ver sus pistones. En la realidad el vapor inundó toda la casa. Unos movimientos más, y habían terminado. Con las manos tomadas hicieron una reverencia.

La sonrisa de Johan se esfumó al toser, no pudo sostenerse más y cayó de rodillas. Se sentó en el sofá.

Tosió por un rato hasta que pudo calmarse. Se paró con los brazos y piernas temblando. Se acercó a Nicole y cambió el cilindro. Al hacer el cambio liberó menos vapor.

Nicole tomó a Johan de la mano, con delicadeza lo ayudó a acostarse en el sofá, fue gentil.

Nicole acarició la cabeza de Johan. Él la veía con los ojos llenos de lágrimas.

—Te extraño, Nicole.

Johan cerró los ojos. Su respiración se hizo lenta e imperceptible.

Dejó de respirar.

—Descansa, Johan.

Nicole se paró junto al cuadro en el centro de la habitación. Sus pistones se detuvieron, los mecanismos se apagaron y quedó estática como un maniquí. Nicole cerró los ojos junto con los de Johan.

Juan José Sir Bernal

Guatemala, Guatemala (1996)

Licenciatura en Química biológica clínica, Traducción jurada inglés-español, diplomado en producción literaria por la SADE

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