Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

El cuento de Francisco Hernández cuenta la historia de un perro Beagle que espera ansiosamente el regreso de su dueño en un departamento. Mientras espera, se enfrenta a una serie de eventos misteriosos y aterradores que culminan en un desenlace inquietante...

El reloj avanza de forma errática, los minutos rápidamente se hacen horas, pero vemos lentamente una tensión que se acrecienta en el aire.

-Esperar, esperar. Ya pasó mucho tiempo y Juan no ha vuelto-. Pensó un perrito de raza Beagle inmerso en sus pensamientos y en su deseo de ver llegar a su amo por la puerta de entrada.
Acurrucado en sí mismo desde las doce de la mañana miraba hacia distintos puntos de un departamento que se encontraba en el segundo piso, constantemente esperando que algún sonido u olor distintivo le diera una señal de la proximidad de su dueño. Sin embargo nada pasaba.

Un silencio avasallador cubrió el lugar por mucho tiempo, silencios de esos que ocurren en noches frías y desoladas, y que cuando eran mescladas en la mente de cualquier criatura sensible provocaban el más puro terror. Esto lo vivió el pequeño ser hasta que la luz del sol comenzaba a menguar, y la temible comparación de oscuridad y miedo se hacía cada vez más reales, un silencio y una oscuridad en donde el temor a la muerte es casi palpable y es tanta la falta de ruido que los oídos empiezan a zumbar adaptándose  al ambiente carente de toda vibración. Sin embargo el pequeño can estaba seguro de que su amo volvería pronto y eso lo tranquilizaba, de pronto entre el asfixiante silencio y una calma avasalladora el cachorro empezó a adormecerse hasta perderse en un sueño en el que la felicidad estaba viva, en el que los campos verdes conformaban su presente y su amo estaba jugando junto a él.

 Pero esto fue por poco tiempo, porque tanta quietud solo acentuaría la terrible y horrorosa situación que llegó unos minutos después, de repente, de las afueras,  los sonidos más sórdidos y atípicos que se pudieron haber gestado jamás en la efímera vida de cualquier ser viviente estaban sucediendo.

 Usualmente a la pequeña criatura de orejas grandes le aterraban los fuegos artificiales y los sonidos escandalosos de los carnavales cercanos, pero esto era inimaginablemente peor. Unas enormes explosiones en las calles retumbaban tanto con su sonido, que hacían temblar las ventanas y los vidrios angustiosamente. Por momentos parecía como si fuesen a reventar provocando un piso peligrosamente afilado y cortante. Afortunadamente no sucedió.

A pesar de eso el sonido no paraba y mucho menos menguaba, y lo que sucedía afuera era indescriptible. Fue que pese al miedo y la expectación del pobre animal refugiado dentro del departamento pudo notar lo que sucedía por medio de las ventanas. Las lámparas en las calles reventaban seguramente por una sobrecarga electro/sónica, y el cielo contaminado no dejaría ver luz natural alguna. Entonces fue que se pudo divisar la terrible causa de las explosiones, estas eran provocadas por unas inhóspitas luces verdosas que se elevaban sobre el misterioso cielo nocturno hasta que casi arbitrariamente más no por casualidad, hacían explosión secuencialmente. Casi de manera estructurada como si estuvieran transmitiendo una anómala, deformada y monstruosa especie de clave para algo fuera del control humano. Estas extrañas antorchas que subían al cielo y provocaban semejantes cacofonías a unos quinientos metros del suelo, causaban miedo y confusión entre los espectadores, gente aturdida y desorientada que en ese momento se encontraba en el lugar por una terrible y trágica casualidad.

Y justo cuando la última véngala verde hizo implosión, las otras previamente lanzadas  se empezaban a disolver en una especie de nube tóxica que a cada segundo y por su propiedad física de gas, se expandía, como si de un ser monstruoso y acechante se tratara.

Mientras tanto, dentro del departamento el pobre canino estaba aterrado, había encontrado refugio bajo la cama de su amo y mientras el terrible recuerdo de las explosiones era asimilado por su domesticable psique animal, la calma sería interrumpida nuevamente por sórdidos gritos aleatorios de todo tipo provenientes de afuera. Así como también, pero en menor cantidad aullidos extraños y desconocidos de lo que parecían personas. Sin embargo pese a su menor ruido esa bestialidad en los gritos y chillidos parecía que con el paso del tiempo se acrecentaba. Luego, unos tres balazos mortíferos atravesaron la pared, un par de ambulancias cruzaban sus sonidos, ahora se volvían ensordecedores golpes. El can estaba ileso pero no se atrevería a mirar por la ventana de nuevo esa noche pues un instinto de conservación inhóspito y distante, le obligo a quedarse bajo la cama.

A las pocas horas el sonido fue disminuyendo nuevamente a un silencio espectral, gélido e inhóspito. Y cuando la luz blanca y neblinosa del sol empezó a hacer acto de presencia nuevamente, como si de un consuelo se tratara, el pequeño can con toda la lealtad de un compañero fiel, tomó esa luz como una señal, como una caricia esperanzadora que le devolvió el recuerdo de tiempos mejores y que lo llevó con temple a su posición inicial cerca de la puerta para esperar nuevamente la llegada de Juan, su amigo.

-Tengo hambre, quizás fue por comida, tal vez…- En ese momento de reflexión el perro notó algo diferente, por primera vez en días escuchó pasos subiendo las escaleras acercándose, ¿Sería Juan acaso? Pensó inquisitivo. La manija de la puerta empezaba a hacer ruidos, la nariz húmeda del pequeño can empezaba a moverse curiosa, perceptiva a cualquier cambio en el aire. Luego la maniga giró. Su rabito cual pincel de pintor empezaba a moverse para todos lados como una antena de auto en movimiento, entonces al abrirse la puerta el pequeño can vio a su mejor amigo entrar.

-¡Juan! El perro giraba sobre sí alegre.

-Por fin, mi amo volvió, podremos ir al parque y comer y jugar y… ¿Juan, qué te pasa? No cerraste la puerta.- Juan cojeaba de la pierna izquierda, se veía cansado, estaba muy sucio y su cuerpo poco erguido. -¿Por qué caminas así?-

El perro apoyo sus dos patas delanteras en la pierna fuerte de su amigo en señal de aprecio pero sin fastidiarlo demasiado, olio la tierra que tenía esparcida, también percibió pólvora y sangre, Juan estaba exhausto, pero hizo una sonrisa casi imperceptible a su amigo en señal de agradecimiento.

Dio un par de pasos, luego recargándose de espaldas en la pared de sus sala, poco a poco se sentaba en el suelo.

-Hola amigo, lamento haberme tardado- Dijo con una débil voz el hombre de veintiún años, entonces el pequeño can puso su cabeza en su regazo para ofrecerle algo de calor, y acariciando su cabeza, Juan empezó a hablar:

-Sé que… llegamos aquí… apenas hace un par de semanas… pero creo que tendremos que movernos pronto, este lugar fue invadido también…- El perro notaba como los latidos de Juan pasaban de un latido nervioso a un constante estado letárgico.

-¿Por qué no te sientas en tu sillón favorito?- Le pregunto a su amo con el sonido de un pequeño quejido de duda y angustia. Tus brazos, están llenos de heridas. Lamer* Lamer*. Como pudo el perrito trató de sanar a su amo. Pero Juan respiraba difícilmente por la boca, arrítmicamente y con dificultad. Y sus latidos comenzaban a hacerse más leves, más sutiles.

-Me alegra que te estés relajando Juan- Dijo el perrito pensando que su amigo descansaba.

-Sí, mejor cierra los ojos, descansa. Me quedaré junto a ti, ya verás, todo saldrá bien.-
Esperar… Esperar. El tiempo se volvió irrelevante, defectuoso.

 Luego de rato un movimiento despertó al can de su siesta.

-¿Uh? ¡Jhonny despertaste, despertaste! Sabía que te sentirías mejor, ¡Y ya te puedes levantar! Ahora podremos ir al parque, y jugar, y comer, y… Espera, Sniff* Sniff*.

-El olor en el aire era extraño.

-¡Tú no eres Jhonny! ¿Qué hiciste con él? ¡Devuelvemelo!

-El sonido de su cuerpo al moverse era anormal.

Crack*… Crack*…

-¡¿Quién eres tú?! Grrr… ¡Alejate! ¡Alejate! Tú no eres Jhonny, tú no eres Jhonny.

Francisco Abraham Hernández Tellez

Nació el 23 de Septiembre de 1999 en la Ciudad de México. Escritor de ciencia ficción y fantasía.

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