Hugo Alejandro Vega
Al hablar de ucronías, suele pensarse en un género narrativo que explora las alternativas a eventos decisivos: ¿Qué consecuencias se desprenderían de un desarrollo distinto de los hechos? ¿Y si nunca hubieran sucedido? La historia parece ser necesaria para el planteamiento de las ucronías, pero en ellas puede identificarse a su vez, un cuestionamiento a la perspectiva historiográfica y al tiempo lineal.
Detrás de la afirmación pretendidamente estoica “el hubiera no existe”, se reconoce un pensamiento ucrónico, acuciante en las preguntas por lo que pudo ser que persisten después de una elección. Aunque su referencia habitual sea la literatura, su manifestación artística se extiende también hacia las artes visuales.

Hallo una ucronía en el proyecto colaborativo Fósiles de lo que podría haber sido o quizás será, de los artistas Miguel Ángel Salazar y Carlos Iván Hernández. Se trata de un cuerpo de obra integrado por dibujos y esculturas que derivan de modelos en 3D, producidos por una máquina CNC que traza con punta de plata diseños geométricos. El resultado es una serie de criaturas primigenias que reúnen elementos digitales con el carácter imaginativo de la historia natural.
El proceso de producción de la Mandradidae, uno de estos organismos especulativos, la coloca más allá del discurrir histórico convencional, pues sus recursos tecnológicos prescinden del futuro para dirigirse hacia la prehistoria. Esta trayectoria epistemológica ha llevado a sus autores a relacionar su proceso con la paleontología, y a reconocer su afinidad con la ciencia ficción (Pacheco Vela, 2021), pues el propósito de la ucronía es emancipar al pensamiento de la falacia del progreso.
Vemos entonces que, alterar el pasado es también alterar el presente y el futuro, y que hacer ucronías no se limita a pensar de nuevo el pasado sino que entraña también hacer crítica del presente y el futuro (al fin y al cabo, así a veces no lo podamos percibir, pasado presente y futuro constituyen una unidad). Por otro lado, ese experimento virtual que es la ucronía cumple también con la función -como diría Wolfgang Iser- de provocar la simultaneidad de lo que es mutuamente excluyente. (Burgos, 2009, p.26)
Ya que se presentan a través de las artes visuales, estos fósiles se sustraen a una narración precisa y así, no se los puede entender como una alternativa para un decurso original ni datar su procedencia. Tampoco se puede fijar una fecha que determine el momento inaugural de su imposibilidad. Siempre a punto de ser descubiertos, constantemente truecan la historia en ucronía.
La simultaneidad a la que se refiere Campo Ricardo Burgos, es la confrontación en una obra de lo no ocurrido frente a lo realizado, y la Mandradidae cumple con esta característica ucrónica. Incluso técnicas antiguas como la punta de plata pierden su significación histórica al ser ejecutadas por la máquina, el método anula valores como los de origen o tradición. La relación entre precisión y tecnología se rompe igualmente, para dar paso a la ambigüedad y colocar a la imaginación en el lugar de la certeza.

H. P. Lovecraft, quien cifraba el terror en los límites del conocimiento, acomete contra el saber histórico en el cuento En las montañas de la locura, pues en éste, el descubrimiento de criaturas fosilizadas en la Antártida muestra que la historia es, tan sólo, el registro de la duración humana dentro de un intervalo más amplio. Sencillamente, la comprensión histórica no puede agotar al tiempo. No es fortuito entonces, que Salazar y Hernández se valgan de los fósiles para abrir otra vertiente temporal. La Mandradidae no es el vestigio de una ciencia avanzada, su factura brillante no indica una cualidad futurística, porvenir y prehistoria son ejes desde los que disloca la historia. En ella se reúnen épocas que la concatenación cronológica mantiene separadas.
La sola concepción de entidades semejantes suscita preguntas respecto a la necesidad de nuestra existencia. ¿Y si la humanidad no hubiera derivado del proceso evolutivo? ¿Y si se consuma el hallazgo de los fósiles? El atractivo de otros modelos de tiempo radica en la posibilidad de concebir la identidad bajo circunstancias diferentes a aquellas con que nos hemos determinado. Burgos señala que esto -mayor autoconocimiento y evasión de condicionantes- forma parte de las funciones de la “ficción artística”. (2009, p.39)
Cada ucronía revela una vía para hacer sensible todo eso que -aparentemente- carece de realidad porque no tuvo lugar en la historia, reconoce la validez de esas certezas que perviven en las enunciaciones “habría sido”, “pudo ser”. Se trata de un modo de abrir la concepción de ser más allá del criterio lineal del tiempo. Las ucronías no son alternativas pueriles para la verdad, no son el consuelo para una voluntad frustrada. En último término, suponen un recordatorio de que el estado actual de cosas es contingente y no el destino del ayer. Quizá esta sea una de las razones en que se cifra la creciente afinidad entre la ciencia ficción y las expresiones artísticas del sur global.
El umbral de lo que se considera humano, así como la capacidad de valorar aquello que no lo es, se amplía en un imaginario habitado por extraterrestres y cíborgs, familiarizado con mundos paralelos y viajes en el tiempo. Son recursos con los que la ciencia ficción cuestiona el pretendido despliegue necesario de los hechos. La ucronía es cienciaficcional por su arrojo hacia la alteridad, en efecto reúne excluyentes y en ello, realiza un gesto ético, pues permite abrazar lo otro del conocimiento.

Querer para la Mandradidae una narrativa sería insistir en el equivoco que exige como garantía de existencia que las cosas tengan un registro histórico, o que partan de él; sería no saber reconocer una estrategia artística que burla al tiempo.
Una última yuxtaposición de opuestos: aun cuando albergan una cualidad evasiva, también recuperan lo que se considera perdido:
Al poder percibir de un solo vistazo tanto un hecho como su contrafactual (el equivalente a ver las dos caras de una moneda sin tener que girar la moneda o el equivalente a tomar a la vez los dos caminos que en un momento dado hay en una encrucijada) la ucronía ofrece la oportunidad de resignificar el mundo y, por ende, que se revelen nuevas perspectivas que en la presentación tradicional de los acontecimientos, permanecerían ocultas (Burgos, 2009, p.27)
Estos fósiles son indicio de la veracidad del “hubiera”, en ellos se materializa la sospecha de que la ficción no es el cúmulo de lo que quedó relegado a impotencia. Una disyuntiva no separa lo fáctico de lo inasible, al contrario, más allá del tiempo, las ucronías complementan lo que somos.
Bibliografía
Burgos, Campo Ricardo. (2009). Pintarle bigotes a la Mona Lisa: Las ucronías. Bogotá: Universidad Sergio Arboleda.
Pacheco, Jesús. (Presentador). (2021). La pipa y la fuente #35 /010620201/ Invitados: Wimpy Salazar y Carlos Iván Hernández. En La pipa y la fuente. Radio Nopa
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Hugo Alejandro Vega
(México, 1992) Licenciado en Filosofía por la FFyL de la UNAM, estudió la maestría en Investigación en Artes Visuales en la FAD de la misma institución. Ponente en eventos como XX Congreso Internacional de Filosofía o el Tercer Encuentro de Estéticas de Ciencia Ficción, ha publicado sus investigaciones, junto con textos sobre arte contemporáneo, en plataformas como Reflexiones Marginales, Terremoto, Salón Mesones o Biografías México. Su obra ha sido expuesta individual y colectivamente en museos y galerías del país, formando parte de certámenes como XLI y XLII Encuentro Nacional de Arte Joven, 4ta Bienal Arte Lumen, 9na Bienal Internacional de Arte Universitario o CLAVO Seis. Paralelamente, ha impartido cursos en espacios como Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Prepa Ibero y Estudio Roma.
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