Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: Terror en el planeta enano

Un nigromante busca destruir una civilización por su falta de méritos. Un robot enviado intenta retrasar la aniquilación presentando alegaciones absurdas, pero finalmente fracasa.

P. A. García

Había un nigromante en el planeta.

Todas las ciudades cerraron sus murallas. Algunas de ellas —las pocas que podían permitírselo—desplegaron sus escudos de invisibilidad vía plasmónica. Esta medida suponía un gasto energético enorme. Únicamente placas solares esféricas de última generación, capaces obtener energía de la luz de las tres lunas que orbitaban el planeta enano, podían alimentar los escudos de invisibilidad, pero no más de veintiocho minutos estándar.

Una única ciudad, llamada Imperio¬Astro, envió un emisario para recibir al visitante. Se trataba de un robot hechicero descendiente de los primeros autómatas criadores de niños humanos. En su frente lucía un vestigio del antiguo emblema de los embriones congelados: la macrofotografía difusa de un óvulo siendo inyectado por una nanojeringuilla.

El nigromante podía viajar más rápido que la luz. Lo demostró plantándose ante el robot hechicero en lo que dura un parpadeo. Clavó en él sus ojos como sombras nocturnas, y dijo:

—Estoy aquí parar neutralizar esta civilización. —La voz del ser raspó el aire como el zumbido de un ejército de avispones—. ¿Tienes algo que alegar en vuestra defensa?

Anuncios

—Cinco colmillos de serpiente —respondió el robot hechicero.

—¿Qué?

—Por la tarde tuve más suerte, dijo la bruja galáctica, ya que sólo fui azotada de forma espantosa.

—No comprendo —gruñó el nigromante, cortante y malhumorado.

—A la última Corona la asesinaron cuando se bajó de su montura para hacer sus necesidades.

—Esos argumentos no son procesables. Por favor, expón tus alegaciones de forma clara para que pueda realizar mi labor.

—La última guerra, como de costumbre, resultó ser la penúltima.

El nigromante no dijo nada esta vez. Una ráfaga de viento destapó su cabeza, tan calva como la de un buitre. Se colocó de nuevo la capucha oscura sobre los ojos.

—Por si no te has dado cuenta —dijo—, represento a N.A.S.A., Nigromantes Asociados por la Supervivencia de los más Aptos. En la reunión celebrada por la Asociación en fecha estelar 1.eibh.F.3 se ha decretado que esta civilización nunca ha aportado nada meritorio al universo, ni en el campo de las artes, ni de la sociología, ni de la ciencia, ni en ninguna otra área de interés para la Asociación. Y como los recursos del universo son limitados, vuestro derecho a la existencia ha sido revocado. La decisión contempla la posibilidad de presentar alegaciones, que serán tenidas en cuenta por mí. Si la argumentación no es lo suficientemente convincente, yo mismo ejecutaré la sentencia. Si lo es, obtendréis una moratoria que prolongará vuestro derecho a existir. Te exijo que dejes de hacerme perder el tiempo y presentes los alegatos de tu civilización de una vez.

—El primer científico que viajó a un universo paralelo se enamoró de una versión femenina de sí mismo y abandonó a su esposa —replicó el robot emisario de Imperio Astro.

Los escudos de invisibilidad vía plasmónica comenzaron a apagarse en ese momento por todo el planeta. Las ciudades que permanecían ocultas fueron reveladas.

Más sobre cronistas ómicron

—¿Qué está haciendo? —preguntó Ro WaPrise a su compañera de observación, Ge Ix Hoye.

—El nigromante no puede ejecutar la orden de exterminarnos sin primero escuchar y juzgar las alegaciones. El robot hechicero lo sabe y por eso le da respuestas estrafalarias. Es una forma de aplazar indefinidamente la aniquilación, de ganar tiempo.

—¿Y por qué no se queda simplemente callado?

Ge Ix Hoye negó con la cabeza.

—En ese caso el nigromante entenderá que la civilización se niega a ejercer su derecho de réplica y seguirá adelante con la aniquilación.

—Entiendo. Es un robot hechicero muy listo, ¿verdad?

Ge Ix Hoye asintió con convicción.

—Mi tataratatarabuela fue criada por ese robot, ¿lo sabías? —añadió Ro WaPrise.

—Debes de sentirte muy orgulloso.

—Así es.

Anuncios

—¿Es que ese maldito nigromante no va a cansarse nunca? —gruñó Ro WaPrise.

Tanto él como su compañera Ge Ix Hoye habían dejado de ser observadores hacía mucho tiempo. Ahora disfrutaban de una plácida jubilación en uno de los barrios residenciales más coloridos y automatizados de Imperio¬Astro.

—He oído decir que algunos nigromantes llegan a vivir mil años, y este no parece viejo —respondió Ge Ix Hoye.

Ro WaPrise miró al cielo. El nigromante y el robot hechicero permanecían en el mismo lugar donde se habían encontrado cien años atrás. El robot mostraba indicios de desgaste en su carcasa exterior, que había adquirido un color semejante al de la herrumbre. Pero nada hacía pensar que su pila de upsalita no fuese a durar al menos un par de siglos más.

Excepto Ro WaPrise y Ge Ix Hoye, el resto de los habitantes de Imperio¬Astro hacía mucho tiempo que habían abandonado el planeta. Lo mismo había ocurrido en todas las ciudades repartidas a lo largo y ancho del mundo enano. El éxodo fue apresurado en los primeros días tras la llegada del emisario de Nigromantes Asociados por la Supervivencia de los más Aptos. Después se fue ralentizando poco a poco. Y por último se detuvo por completo.

Ni Ro WaPrise ni Ge Ix Hoye tenían ahora posibilidad de abandonar su pequeño planeta natal. Pero eso no les importaba. Si finalmente el nigromante conseguía destruir el planeta con ellos encima, se llevarían a la tumba el consuelo de que la astucia del robot hechicero había permitido que su civilización se salvase al expandirse por una docena de mundos a la redonda.

—El reloj de la torre dio las nueve —volvió a la carga el robot hechicero.

Esta vez los ojos del nigromante se tiñeron de rojo al oír el absurdo argumento.

—La alegación ha sido procesada y juzgada —anunció con voz ominosa y estridente el ser encapuchado—. Conforme a los preceptos fundacionales estipulados por N.A.S.A, el derecho a la existencia de esta civilización ha sido revocado.

Un attosegundo después de que el nigromante se desvaneciese del espacio que había estado ocupando desde su llegada, el planeta enano reventó en mil pedazos. Y en los siguientes doce femtosegundos, doce planetas más se hicieron añicos en los alrededores. Todos ellos habían sido colonizados por los descendientes de los primeros pobladores humanos del planeta enano.

P.A. García

Nacido en Pontevedra (España), cosecha de 1982. Licenciado en psicología. Mi primera novela se titula Porvenir (2013) y es una aventura espacial con tintes postapocalípticos. En 2020 publiqué Un oficio indiscreto, una novela negra en un mundo de ciencia ficción. En 2023 terminé La Secta del Fuego, una novela de espada y brujería  con tintes detectivescos y elementos sobrenaturales y weird. También en 2023 llegó a la App Tentacle Pulp El oscuro dios de la sangre, relato de fantasía oscura y grimdark. Y aterrizó en la plataforma El Yunque de Hefesto el cuento futurista Matroide. En 2024 en el pódcast Los Retronautas el relato de ciencia ficción El planeta herido fue convertido en una ficción sonora.

Desde 2019 participo en el pódcast La Hoguera de los Necios, sobre cine, historia y tragicomedia. Soy un lector compulsivo, un guitarrista mediocre y ornitólogo aficionado. Muy fan de Geralt de Rivia, Phillip Marlowe, Spenser, Firefly, Futurama, Stargate y Beethoven.

Web oficial: https://pagarcia.es

Descubre más desde Teoría Ómicron

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo