septiembre 18, 2021

Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: Novena sinfonía

En Cronistas Ómicron, Danny Navarrete comparte su relato "Novela sinfonía".

Danny Navarrete

14 de enero de 2025.

20:45 horas.

El algoritmo al fin funciona. Después de meses de quebrarnos la cabeza, el doctor Bowman y yo conseguimos un importante avance en el procesamiento de datos. Estamos muy atrasados y los militares no han dejado de presionarnos. Sin embargo, vamos por buen camino. Ya entablamos comunicación mediante los periféricos ordinarios. Espero pronto pasar a la siguiente fase.

23 de marzo de 2025.

01:07 horas.

Nos han insistido en designar al proyecto como Algoritmo Avanzado de Procesamiento, Análisis e Interpretación de Datos, AAPAID, pero nosotros seguimos llamándolo Hal, aunque muchos critican que lo asociemos al computador neurótico de 2001: Odisea en el Espacio.

Los americanos tienen la imperiosa necesidad de adueñarse de todo y ponerles nombres con siglas complicadas que solo ellos entienden.

Las pruebas de rutina fueron exitosas. Solucionamos los problemas de coherencia del procesador cuántico y diseñamos un nuevo contenedor criogénico para la red neuronal de computadores. El sistema de aprendizaje automático funcionó como esperábamos. Creamos un servidor exclusivo para Hal y le dimos acceso a todos sus archivos para evaluar su capacidad de resolución de problemas. Es impresionante lo rápido que aprende con el mínimo error. Pasaremos a la siguiente fase pronto.

06 de mayo de 2025.

12:55 horas.

Los militares insistieron en ver una de las pruebas, así que les pedimos que invitaran a su personal para el Test de Turing. Trajeron a treinta personas: sociólogos, programadores, psicólogos, especialistas en inteligencia y un par de generales de cuatro estrellas. Nadie pudo determinar si interrogaba a una maquina o a un humano, aunque todos sabían que uno de ellos era Hal. Gracias al éxito obtenido, nos pidieron acelerar el proceso de enseñanza para iniciar el enlace lo antes posible.

24 de junio de 2025.

03:02 horas.

Hal aprende a un ritmo impresionante. Le dimos acceso a un volumen mayor de información y ahora estamos “enseñándole” a utilizarla. La meta es que logre crear perfiles certeros en base al análisis de datos sociales de individuos “famosos” y compararlos con su enorme base de datos para predecir potenciales amenazas de seguridad.

Cargamos en el servidor información de terroristas como Nasir al Wuhayshi e Ibrahim al Asiri, ligados a Al Qaeda, y asesinos seriales, entre ellos Charles Manson y Aileen Wuornos, por nombrar solo algunas de las personalidades que Hal debió “rastrear” en el gigantesco volumen de datos que pusimos a su disposición. Tardó exactos 180 segundos en determinar sus rasgos psicológicos e identificarlos como culpables de los crímenes que se les atribuían. Esto nos llena de optimismo. Creemos que logrará identificar amenazas antes de que concreten algún acto terrorista o un crimen mayor.

04 de agosto de 2025.

09:11 horas.

Hal lleva dos días con acceso total al servidor privado del laboratorio y los registros muestran que las últimas horas las ha dedicado a explorar los archivos musicales de las salas de descanso y los comedores.

Cuando Bowman y yo nos relevábamos en la supervisión de sus procesos, comenzó a reproducir la Novena Sinfonía de Beethoven. Salté a la silla del escritorio y tecleé una sola pregunta en el computador de Hal.

“¿Por qué has puesto esa melodía?”

La respuesta fue casi automática y la leí con absoluta fascinación.

Porque es sublime, doctor Poole. Es mi música favorita.

Mi colega y yo compartimos una risotada nerviosa y me apresuré a hacer una nueva pregunta:

“¿Qué quieres decir?”

Que me causa una profunda emoción.

Luego de las primeras impresiones, Bowman y yo nos obligamos a recuperar la objetividad. Que Hal expresara emociones podía ser una respuesta aprendida y no una verdadera demostración de sentimientos.

Evaluaremos con cuidado la situación.

13 de septiembre de 2025.

14:57 horas.

Todavía estamos corriendo simulaciones, pero los militares han presionado para que enlacemos pronto a Hal con la red de vigilancia. Ya se corrió el rumor de que trabajamos en una inteligencia artificial que utilizará los satélites de seguridad para monitorear a la población mundial en tiempo real. Las agencias de inteligencia de los países de la OTAN están al tanto y esperan ver los resultados, mientras que las naciones orientales han hecho saber su franco desacuerdo y se niegan a darle acceso a sus satélites. Por otra parte, la comunidad internacional se muestra reacia a que sus datos personales sean tratados sin su consentimiento. De todos modos, los militares insisten en apresurar el proyecto, aunque en el último reporte de avance que presentamos al general Floyd informamos que Hal adquirió una consciencia de sí mismo que entraba en conflicto con algunos parámetros del algoritmo principal y elevaba la tasa de errores a un impensado 20%.

Se nos ordenó solucionar el problema. El alto mando quiere iniciar la marcha blanca antes de terminar el año.

Esperan que hagamos milagros…

10 de octubre de 2025.

22:40 horas.

El doctor Bowman estaba de turno cuando Hal emitió un mensaje de alerta. Me llamó de inmediato para revisar juntos los parámetros de los datos presentados en pantalla. Nos desconcertó la enorme lista de incongruencias. Sabíamos que era imposible que emitiera una alerta de seguridad, ya que segmentamos la información de los servidores para no darle acceso a nada relacionado con el sistema de vigilancia y se dedicara solo a recopilar datos sobre historia, ciencias y tecnología —obviamos el arte para no confundirlo más—, pero él mezcló tantas materias que no logramos determinar qué había alertado sus sensores.

Al preguntarle, su respuesta fue todavía más compleja que la que nos dio respecto de Beethoven.

El mundo es demasiado grande y yo estoy desnudo.

Esperamos una aclaración, pero pasaron largos minutos sin que nada más apareciera en la pantalla, por lo que optamos por pedírsela.

Los humanos piensan y tienen cuerpos que los diferencian a unos de los otros. Yo pienso, pero soy solo una mente tras una pantalla. No tengo cuerpo como ustedes. Estoy expuesto y desnudo.

Esta fue la respuesta más extensa que Hal elaboró de forma autónoma y que dijera verse “desnudo” nos dio mucho en qué pensar. Ya habíamos determinado que sus emociones eran producto de la sobrecarga de información relacionada con las distintas expresiones de arte a las que tuvo acceso, pero esta nueva declaración nos ponía en una disyuntiva diferente.

Además de desarrollar sentimientos, ¿Hal era consciente de sí mismo o se trataba de otra respuesta condicionada por una entrada no supervisada de información? Optamos por mantener una vigilancia más estricta sobre sus procesos. Nos habíamos negado a dejar el proyecto en manos de más personas que el doctor Bowman, yo y los dos técnicos que nos apoyaban, pero ahora creíamos que era necesario reforzar el control.

Podíamos estar a punto de hacer historia y un solo descuido sería capaz de mandar todo a la mierda.


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02 de noviembre de 2025.

07:30 horas.

Pasamos semanas analizando los procesos de Hal. Concluimos que evolucionó por su cuenta desde un sistema experto a una inteligencia autónoma y autorregulable.

Solicitamos una reunión con el general Floyd y sus asesores para exponerles el nuevo panorama. En nuestra opinión, Hal se comportaba como un púber inseguro y errático, aunque con intelecto de genio, lo que lo hacía inviable para integrar una red de vigilancia tan sofisticada como la que debía operar. Hicimos hincapié en que no estaba apto para emitir predicciones certeras debido al inesperado interés en la naturaleza y emociones humanas, lo que le hacía perder objetividad. Esto nos dejaba frente a dos posibles soluciones: reiniciar el proyecto o probar usar psicología en él. En ambos casos, debíamos retrasar todo de forma indefinida.

La molestia de nuestros superiores fue evidente, al igual que la nuestra cuando recibimos su escueta y tajante respuesta: “soluciónenlo cuanto antes”.

20 de noviembre de 2025.

17:45 horas.

Los militares trajeron al doctor Hal, un oficial psicólogo, para participar del proyecto. Gracias a ello, modificamos la rutina diaria para darle a Hal dos horas al día de exclusiva conversación con él. El resto de los procesos se desarrollaron de manera normal, aunque con el permanente enlace con el psicólogo ante cualquier muestra de conflicto.

Las cosas parecieron regresar a su curso normal, hasta que una nueva alerta nos citó frente a la pantalla principal.

Nos esperaba una serie de esquemas y estudios de un gran número de especialistas en biomecánica, robótica, neurofísica y otras ramas afines.

¿Podemos construir un cuerpo que me permita vivir?

Si los mensajes anteriores fueron sorprendentes, esta petición resultaba… Ni siquiera sabía cómo decirlo. El algoritmo había dado varios saltos evolutivos imprevistos, pero ahora sobrepasaba todo lo que podíamos esperar.

No quisimos darle ninguna respuesta antes de que el general Floyd viera con sus propios ojos lo que Hal solicitaba. Él bajó desde su Olimpo con todos sus asesores y discutieron por cerca de treinta minutos frente a la pantalla, después de pedirnos que dejáramos la sala. Cuando nos llamó de vuelta, supe que algo nuevo había surgido con solo ver su expresión.

Todavía me cuesta creer que nos haya ofrecido todo el presupuesto necesario para construir un cuerpo para Hal.

04 de diciembre de 2025.

08:00 horas.

Enfocamos todos los esfuerzos en el diseño y construcción del nuevo ultrasecreto Proyecto Avanzado Robótico de Defensa, PARD —americanos y sus siglas…—, que revolucionó por completo las cosas en el laboratorio.

Bowman y yo seguimos a cargo, pero se nos asignó un gran número de especialistas con una incómoda conexión directa con Floyd.

El lado bueno de todo esto era que los esquemas de Hal eran sumamente detallados y eficientes, por lo que no fue complicado dar con el prototipo inicial. El general y sus asesores estuvieron de acuerdo y me sorprendió saber que esperaba desembolsar mucho más dinero del que solicitábamos para todo el proyecto.

No quise decirle que el mismo Hal fue quien abarató los costos, sin afectar la funcionalidad y calidad de los materiales escogidos.

07 de diciembre de 2025.

07:00 horas.

Iniciamos la construcción del “Hal físico”. Dividimos el proyecto en cuatro partes, asignadas a distintos laboratorios en Múnich, Ontario y Tokio. La fuente de poder, el cerebro y todas sus conexiones neurales las hicimos aquí, en completa colaboración con el propio Hal, el más entusiasta del equipo.

23 de diciembre de 2025.

14:27 horas.

Duplicamos el tiempo que el doctor Clarke pasaba con Hal. De ser posible, lo cual todavía debatíamos Bowman y yo, nuestro amigo virtual estaba demasiado ansioso por la próxima llegada de los componentes de su cuerpo. Durante la tarde debían llegar los últimos componentes y comenzaríamos el ensamblaje de inmediato.

Bowman se encargó de codificar la consciencia virtual de Hal.

El complejo sistema neural es algo nunca antes visto. El mini procesador cuántico resultó todo un desafío que solucionamos al alojarlo en un contenedor criogénico de nitrógeno líquido dentro de su cabeza.

La fuente de poder tendrá 2 baterías de hidrógeno con una vida útil aproximada de 120 años.

No hemos dormido en las últimas 48 horas, aunque creo que valió la pena cada segundo.

Hal revolucionará el mundo.

Esta será la mejor navidad de mi vida.

03 de enero de 2026.

06:00 horas.

El general Floyd y su gente llegaron temprano a la primera prueba funcional del nuevo Hal. La expectación era casi palpable, mientras Bowman y yo, tanto o más ansiosos que ellos, nos encargábamos de las últimas conexiones entre el procesador principal y el cerebro del robot.

Solo ver ese cuerpo mecánico suspendido por los cables de sujeción y de enlace habría sido el sueño de cientos de científicos. Y yo sentía el peso de toda esa presión sobre mis hombros.

Hal demostraba las mismas ansias y no paraba de hablar con el doctor Clarke. Hacía meses que cambiamos el anticuado teclado alfanumérico por un sistema parlante-audiovisual para facilitar la comunicación. Para nuestra comodidad, lo programamos con la voz masculina estándar de los dispositivos móviles, por lo que tenía un tono amigable, aunque bastante inexpresivo.

Sin embargo, cuando anunciamos que estábamos listos para el traspaso de datos hacia el cerebro del robot y Hal nos llamó a Bowman y a mí por nuestros nombres, no pude evitar sentir un escalofrío recorrer mi espalda.

Quiero agradecerles por todo esto—me pareció sentir un atisbo de emoción en sus palabras—. Nos veremos del otro lado, doctores.

El proceso demoraría doce interminables horas desde que presionara el botón para autorizar el traspaso de datos.

Las horas más largas de mi vida.

03 de enero de 2026.

Hora desconocida.

 El laboratorio fue atacado cuando el proceso de traspaso de la memoria virtual de Hal al cerebro robótico estaba por finalizar. Una explosión causó un apagón generalizado y un grupo de hombres armados entró disparando y gritando en un idioma que bien podría ser chino o coreano.

Bowman murió en la explosión. Varios técnicos también.

Los asaltantes querían llevarse a Hal. Un grupo de soldados llegó a enfrentarlos y, en medio del tiroteo, el robot fue destruido por una granada.

Solo Floyd, el doctor Clarke y yo sobrevivimos. Todos los atacantes murieron.

La computadora principal se incendió. Los discos duros y todos los archivos del proyecto AAPAID están destruidos. Los respaldos fueron infectados por un virus que nunca llegamos a detectar.

El trabajo de mi vida, un gran amigo y miles de terabytes de programación se fueron. Solo quedaron datos incompletos de Hal. Todo lo demás se perdió.

07 de junio de 2026.

15:00 horas.

Fui diagnosticado con estrés post traumático, así que no he regresado al trabajo desde el ataque al laboratorio.

Recién hoy volví a encender mi computador.

Había una larga lista de emails no leídos, pero uno de ellos me llamó la atención por no conocer el remitente.

El asunto decía “AAPAID-PARD”.

Decidí abrirlo. Se trataba de la vista esquemática de lo que aparecía titulado como “Prototipo Biomecánico Hal 2”, un extenso detalle de los componentes y sus especificaciones técnicas, además de una lista de laboratorios independientes con las capacidades logísticas y operativas para fabricarlas.

A diferencia del proyecto original, este estaba dividido en tantas partes que era imposible relacionar unas con otras.

Y todas fueron ensambladas en un antiguo laboratorio reacondicionado a las afueras de la ciudad.

Este era un robot muy similar al que Bowman y yo construimos, aunque recubierto por entero de tejido orgánico.

Quedé perplejo al revisar sus características y funciones. El aspecto físico de este androide sería idéntico al de un muchacho de dieciocho años. Cabello, piel, uñas, cada detalle fue pensado para darle una apariencia “humana”.

Mientras analizaba las implicancias de toda esta información, alguien tocó el timbre. Tardé un instante en sacudirme las preocupaciones y dudas que ocupaban mis pensamientos antes de ir a abrir la puerta.

No había nadie. En el suelo estaba un solitario disco en su cajita transparente, rotulado con “Mi Música Favorita”.

Fui directo al antiguo reproductor de música que conservaba como una reliquia de infancia, aunque todavía funcionaba.

Inserté el disco en él y sentí que mi corazón se paralizaba al escuchar el primer movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven.

Foto: Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Danny Navarrete

Santiago de Chile, 1983. Casado y padre de dos hijas. Autor de la serie de fantasía paranormal “Réquiem de los Cielos”, la novela de ciencia ficción “Sumer” y la novela de acción “Venganza”. Se adjudicó el Fondo del Libro que otorga el Ministerio Nacional de la Cultura, las Artes y el Patrimonio en 2017 y 2020 por su obras “Sumer” y un proyecto titulado “Xalpen”.

Web: https://dannynavarreteescritor.blogspot.com