Teoría Ómicron

Revista de ciencia ficción y fantasía

CRONISTAS ÓMICRON: Las reglas de la magia

Raúl S. Martínez relata la historia del capitán Óscar Zentella y su misión secreta en Ciudad Equis.

Raúl S. Martínez

El anillo de zafiro relucía bajo el sol del mediodía en Ciudad Equis. El capitán Óscar Zentella se sintió incómodo con la joya alrededor del índice. Sin embargo, era la señal perfecta; discreta pero inconfundible. Sentado en una banca del olmedo axial, Óscar Zentella lucía como cualquier otro ciudadano en la urbe más poblada de la galaxia.

La leyenda familiar contada por su madre, quien le había regalado el anillo hace tantos años y le atribuía poderes arcanos, le parecía una tontería de magnitudes cósmicas. Aún así, nunca se había hecho al espacio sin él.

Notó dos figuras que se acercaron decididamente. La señal había cumplido su propósito y fue guardada en el bolsillo interior de la gabardina del capitán Zentella. La pareja se sentó a su lado sin dirigirle la palabra. Los miró de reojo. Ninguno superaba los veinte años y eran muy atractivos. Óscar Zentella se rascó la espesa barba marrón salpicada de canas. Le quedaba claro que en la situación en la que se encontraba -en la que siempre se había encontrado- debía tomar decisiones que le avergonzaban. Llevaba años aceptando trabajos realizados en la marginalidad y sin contarle a nadie, ni siquiera a Jazmín Ochoa, su esposa.

La joven pareja junto a él estaba llena de vida. Le pareció absurdo que tanta belleza pudiera ser desperdiciada peleando una guerra que había sido iniciada a miles de años luz. Pero el frío del cosmos alcanzaba a todos, concluyó. Estiró el cuerpo para liberar algo de tensión. A la incomodidad de haber portado el anillo de su madre se sumó la provocada por la pareja que, en su papel, se besaba apasionadamente a un metro de él. El sol invernal era incapaz de calentar a los habitantes de la ciudad y sólo era un recordatorio de la hostilidad del cosmos en el que le había tocado vivir. La mujer extrajo un pequeño sobre azul del generoso escote depositándolo entre el capitán Zentella y ellos, que comenzaron a alejarse tomados del brazo.

Pasó un minuto antes de que Óscar Zentella recogiese el sobre para guardarlo en la gabardina junto al anillo.

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Caminó lentamente en dirección a la estación de transporte multidimensional más cercana y decidió usar las escaleras tradicionales para adentrarse en las entrañas de su inclemente ciudad. Tal y como había sido instruido, vagó aleatoriamente entre estaciones durante media hora hasta que finalmente se aburrió y emprendió el camino de vuelta a casa.

Sentado a la barra de la cocina, con el sobre y el anillo frente a él, dio un largo sorbo de cerveza. Agradeció que Jazmín aún estuviese en el centro de formación para preadultos donde enseñaba, así él podía concentrarse en los detalles de la misión. Apuró el vaso y sin otra actividad que le permitiese postergar más aquel momento, abrió el sobre.

Los detalles contenidos en la hoja de papel fueron decepcionantes. Una dirección, un manifiesto de carga y una contraseña con la que podría transferir el dinero acordado a su cuenta personal. Finalmente, una fecha. Volvió a guardar el sobre y el anillo en su gabardina para después colgarla al fondo del armario. Jazmín no tardaría en llegar y seguramente tendría hambre. Adoraba cocinar para su esposa. Puso manos a la obra mientras de las bocinas emitían El blues de la supernova enamorada. El esmero adicional a la hora de poner la mesa lo hizo olvidar la agobiante vergüenza que le provocaba la misión. Había nacido en Ciudad Equis y se sentía orgulloso de ser un equistente*. Experimentaba un moderado desprecio por el resto de los ochenta y seis planetas de la federación galáctica, especialmente por Tierra Dos. Sus acentos le parecían ridículos y sus tradiciones le resultaban barbáricas. Aún así, las tensiones cosmopolíticas entre Ciudad Equis y algunos mundos disidentes le parecían innecesarias. Si las charlas diplomáticas fracasaban, la galaxia sufriría enormemente. Terminó de poner la mesa, abrió una botella de vino pero se sirvió otra cerveza y se sentó a esperar a su esposa. Cuando Jazmín Ochoa finalmente cruzó la puerta, el capitán Óscar Zentella recordó que en la inmensidad del vacío, la ambición de los hombres y la certeza de la muerte, su hogar no era un mundo ni una causa, sino una mujer.

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Despertó sobresaltado antes del amanecer. Su esposa dormía desnuda a su lado. La velada había sido maravillosa. Jazmín, quien pasaba toda la semana intentando enseñar Historia universal a preadultos sin el mínimo interés en la materia, había olvidado inmediatamente su frustración al cruzar la puerta y oler la pasta recién preparada. Después de la cena pasaron horas en la habitación explorando sus cuerpos como si fuera la primera vez. El placer de hacer el amor con su esposa sólo se comparaba con la sensación que le provocaba hacerse al espacio. Se maldijo a sí mismo porque ahora debía poner sus habilidades al servicio de una causa en la que no creía y que amenazaba directamente la capital de la federación. Culpó al alcalde de Ciudad Equis y a los mediocres burócratas sin imaginación. También a la avaricia de los planetas-colonia, que estaban dispuestos a cualquier cosa con tal de pagar menos impuestos. Se metió en la ducha para tranquilizarse. Debía presentarse en dos horas en el espaciopuerto donde su contacto haría la carga de mercancías que debía llevar a Tierra Dos, epicentro de la disidencia. Lamentó también que su pequeño pero legítimo negocio de transporte privado de pasajeros tuviese que fungir como la tapadera para su misión secreta. Las tres mujeres que debía transportar estarían en riesgo sin saberlo. Al salir de la ducha, Jazmín dormía boca arriba. La visión de sus pechos moviéndose lentamente al ritmo de su respiración le recordó que había tomado una serie de decisiones que lo hacían sentir miserable. Se vistió en silencio, se colocó la gabardina y abandonó la casa protegido por la oscuridad de la madrugada.

La nave Portal de la gloria, era también el hogar del capitán Zentella. Estando a bordo se sentía invulnerable, feliz. Cargarla de mercancía prohibida, sin embargo, arruinaba el efecto. Pero ahora todo estaba listo. Las tres pasajeras llegaron cuando finalmente hubo amanecido. Lucían emocionadas por abandonar el planeta, cada una con sueños diferentes y la promesa de una nueva vida en Tierra Dos. El capitán las saludó cortésmente, les mostró las distintas áreas de la nave, compartió las instrucciones de seguridad y se retiró a la cabina para comenzar con el protocolo de despegue.

—Cosmonave R-8990, transporte particular de pasajeros, Portal de la gloria, tiene permiso para despegar. Buen viaje. —se oyó por los parlantes de la cabina. 

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El capitán Óscar Zentella tardó un minuto más en iniciar el protocolo de despegue. Antes de dar la instrucción a Isaac, la inteligencia artificial a bordo, extrajo una vez más el anillo de zafiro. Lo frotó varias veces con las yemas de los dedos, lo besó suavemente y volvió a introducirlo en el bolsillo. Hacía el mismo ritual con cada viaje. No creía en las propiedades mágicas de aquella joya y tampoco entendía por qué seguía haciéndolo. ¿Cuáles eran las reglas de la magia que lo protegerían una vez  que se encontrase viajando a velocidades súper luminosas con destino a un mundo hostil? Su madre nunca se las había explicado. La única magia que Óscar Zentella había encontrado en el universo probablemente aún dormía y era lo suficientemente poderosa para hacerle olvidar las disonancias que lo invadía con cada acción que tomaba. Respiró hondo. No hacía esto por dinero, gloria o la justicia en el universo. Su causa era mucho más sencilla, pero ahí, en las cosas sencillas que habitaban el indiferente vacío del espacio era donde verdaderamente reside la magia que alimentaba todo. Pulsó el botón de inicio y se hizo al espacio.

Nota

*Gentilicio oficial de Ciudad Equis: La X se pronuncia como el dígrafo QU, es decir, con el sonido de la consonante oclusiva velar sorda (K).

IMAGEN DE LA PORTADA: DALL – E

Raúl S. Martínez

Escritor mexicano de Ciencia Ficción y Fantasía. Publicó su antología Ahora tenemos vino y otros cuentos (Acento Editores 2020) y está trabajando en su primera novela.

 

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