Cristián Londoño Proaño
Hace algunos años cuando empecé mis publicaciones digitales como escritor 2.0 descubrí a Dioni Arroyo Merino, un autor español que me llamó la atención por las historias imaginativas y universales que desarrollaba. Arroyo nació en Valladolid en 1971, diplomado en Educación Social y licenciado en Antropología, alterna su oficio de escritor con su profesión de funcionario del Ministerio del Interior. Fue vicepresidente de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, y el fundador de la equivalente en Castilla y León. Así descubrí sus novelas Fracasamos al soñar y Fractura. Luego en mis viajes a España puede conseguir sus novelas Cuando se extinga la luz y Rechazaré todos los mundos. Lo que siempre me atrajo de este autor de Valladolid es la manera de sumergirnos en futuros posibles e incluso en mundos quizás probables. Además de sus temas son la mitología, el transhumanismo y la I.A. autoconsciente. Pero, esta admiración se vio reforzada cuando le invité a publicar en Teoría Ómicron y nos entregó una maravillosa serie de artículos sobre el cine español de ciencia ficción. Luego le entrevisté por su novela Cuando se extinga la luz. Ahora le pedí que concediera otra entrevista a Teoría Ómicron para indagar en otras temáticas y su última publicación.

La literatura española de ciencia ficción ha tenido figuras como Elia Barceló, incluso tú mismo como uno de los interesantes cultores del género…¿Crees que la ciencia ficción española está maduro?
Nuestra historia contemporánea ha estado muy marcada por acontecimientos políticos en los que era habitual padecer regímenes muy poco partidarios de la libertad de expresión. Por ello es difícil encontrar equivalentes a figuras tan sublimes como Mary Shelley, Julio Verne o H. G. Wells, por eso la literatura gótica tardó tanto en llegar, casi cuando en el resto del mundo vivía su ocaso, y los géneros fantásticos no contaron con el apoyo de las instituciones. Veían en sus argumentos una manera sutil de criticar el sistema político opresivo, y se encargaron de desprestigiar al género, considerando desde los inicios, a la ciencia ficción como una literatura de segunda a la que no había que prestar atención. Aun así, encontramos a algunos escritores de la Generación del ’98 tan relevantes como Unamuno, Baroja o Azorín, que escribieron en sus primeras etapas interesantes historietas futuristas que a los ojos de hoy serían consideradas ciencia ficción muy avanzada para su época.
El renacimiento de la ciencia ficción en mi país surge con el advenimiento de la democracia a partir de 1975, en el que la censura desaparece y los escritores comienzan a ser conscientes de que nadie va a poner en peligro sus creaciones. Así aparecen figuras muy influyentes que nos siguen inspirando, y encontramos a Elia Barceló, Gabriel Bermúdez Castillo, Pascual Enguídanos, Domingo Santos, Juan Miguel Aguilera o Rafael Marín.
El momento actual es muy interesante por la gran cantidad de escritores que cultivamos el género, además de la especialización en subgéneros, apareciendo obras de ópera espacial, ucronías, distopías, transhumanismo, steampunk, ciberpunk… Es decir, hay una verdadera riqueza en cantidad y variedades temáticas, y comenzamos a hablar con orgullo de que hemos pasado de una ciencia ficción en España, a una ciencia ficción española, que absorbe las singularidades culturales de nuestro país y se diferencia de la de otros pueblos. También se observa que los prejuicios hacia el género van reduciéndose, en la medida en que los lectores perciben que en nuestro género la reflexión filosófica y el análisis sobre las consecuencias de las nuevas tecnologías, son aspectos que se abordan en profundidad. Ha dejado de ser una narrativa de segunda para gozar del respeto que se merece. Podría afirmar que estamos llegando a la madurez.
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A la hora de escribir las historias de ciencia ficción, ¿cuál es tu proceso de escritura?
En este género es muy importante documentarse, sobre todo cuando anticipamos un futuro en el que la tecnología es diferente a la actual. Debemos investigar los últimos avances científicos e imaginar su proyección al futuro, para elaborar textos que sean creíbles para los lectores más exigentes, y es una parte muy importante del proceso creativo. A partir de ahí, me encargo de inventar un argumento, una historia con su planteamiento, nudo y desenlace, en la que me gusta colocar el foco en temas sociales y humanos, dotar a mis personajes de vida propia, que haya la necesaria introspección para que el lector se encariñe e identifique con ellos, buscando los puntos de suspense, las sorpresas y giros de guion, en las que me encanta que existan historias de amor, situaciones comprometidas, dilemas éticos, buscar soluciones a preguntas complicadas en las que invito al lector a participar en las respuestas. Después llega la parte de la disciplina, de escribir y reescribir, borrar y repetir, como cualquier oficio artesanal.
Ahora conversemos sobre tu último libro “Rehazaré todos los mundos”. Tratas la inteligencia artificial consciente y como ella tiene su propio camino trazado. ¿Es algo que podría volverse realidad?
Afortunadamente, hablar en la actualidad de la singularidad en la IA o de autoconsciencia, es pura fantasía, y está muy lejos de ser una posibilidad. La cuestión es que comenzamos a atisbar que su evolución es exponencial, y corremos el riesgo de que llegue dicha singularidad sin que nos percatemos, y sus consecuencias sacudan nuestro desarrollo evolutivo como especie.
No sabemos muy bien qué es la singularidad, ni tan siquiera recordamos en qué momento la alcanzamos los humanos. Tenemos teorías de que pudo ser durante la llegada del bipedismo, que provocó la exogestación para que los bebés pudieran nacer vivos, dado que las madres habían comenzado a caminar erguidas y debía estrecharse la cadera, por lo que el niño vendría al mundo sin el cerebro desarrollado, lo que a medio plazo provocó que, debido a su vulnerabilidad, no solo sirviera el instinto para sobrevivir. También era necesario el razonamiento abstracto.
Tal vez fue ese el momento en que llegó la chispa mágica, la llegada de la singularidad; respecto a las máquinas, creemos que, al aumentar sus competencias reflexivas y su capacidad para aprender, llegará un momento en que brotará la posibilidad de que sean conscientes de su propia existencia, y surja la singularidad. Entonces, qué duda cabe, nos encontraremos ante otra especie que es mucho más inteligente que nosotros, el nacimiento de la criatura de Mary Shelley en Frankenstein, cómo el ser humano habrá creado un nuevo ser. Y las inteligencias artificiales serán seres conscientes de que existen, pero no seres vivos. Habrá un nuevo concepto de comprender el hecho de existir desgajado del de vivir, pero en ambos casos, gozarán de derechos semejantes. Ante este probable futuro que se avecina y que, estoy convencido de que viviremos los de mi generación (nací en 1971), los escritores de ciencia ficción tenemos la responsabilidad de anticiparnos, plantearnos preguntas, abrir debates éticos, escudriñar las consecuencias futuras de nuestras decisiones presentes.
Es evidente que el actual siglo XXI será el de las respuestas a los grandes interrogantes (la singularidad de la IA pero también la colonización de nuestro sistema solar y tal vez el descubrimiento de otras formas de vida no terrestres), y los próximos veinte años viviremos más cambios (tecnológicos, sociales, culturales e incluso físicos, como la ciborguización), que en los últimos cinco mil años.
En tu novela se enfrenta el control de la inteligencia artificial y una mujer que culpa a la IA por su pérdida de trabajo y cree que es una amenaza global ¿La intención es enfrentar el miedo al cambio?
Más que enfrentar el miedo al cambio he intentado especular con lo peor que pudiera suceder dentro de unas probabilidades lógicas. Poco después de publicar la novela gracias a Nou Editorial, se presentó un manifiesto firmado por más de mil intelectuales, tecnófilos, filósofos, ingenieros, informáticos, todos ellos referentes del mundo de la inteligencia artificial, entre los que destacaban los artífices de los mayores cambios acaecidos el último lustro y responsables de las empresas más volcadas en las nuevas tecnologías. En dicho manifiesto solicitaban, con absoluta sinceridad, una moratoria de un año, por lo menos, para reflexionar sobre lo que queremos que sea la inteligencia artificial, dado que eran conscientes de que habían perdido el control de su evolución, que su avance era exponencial y ya no lo protagonizaban los humanos, dado que las máquinas aprendían de otras máquinas que eran creadas a su vez por otras máquinas.
El manifiesto aceptaba el hecho de que las implicaciones en nuestro futuro y en el mundo laboral iban a afectarnos directamente mucho más de lo que nos imaginábamos, mucho más que durante la revolución industrial.
Ahora que han pasado unos meses de dicho manifiesto, es evidente que es imposible detener un motor que está en marcha y carece de frenos, por lo que mi novela, que fue anterior al manifiesto, trata de advertir sobre lo peor que nos puede suceder. No quería generar miedo o desconfianza hacia la IA, porque en el fondo soy positivista y creo que será inevitable gozar de un futuro brillante en todos los aspectos, pero las luces no están exentas de sombras y hay numerosas preguntas sin respuesta: habrá una nueva legión de proletarios por el impacto de la IA, que provocará frustraciones, desengaños, despidos masivos, suicidios, y hay que alertar para prevenir, dado que aún estamos a tiempo.
La solución podría ser la democratización de los resultados de la IA, que se repartan los beneficios que producen, porque si no, el futuro que nos depara no será nada halagüeño.
Intento construir escenarios coherentes con una tecnología creíble, expandiendo y proyectando los conocimientos científicos actuales, que otorgue confianza en el lector, que haya visos de verosimilitud, para dar amparo a los asuntos sociales que son mis favoritos, dado que mi formación académica es humanista.
En tus novelas utilizas el método científico en la construcción y la extrapolación como recurso, ¿la intención es escribir una ciencia ficción dura?
Entiendo que Verne, al redactar De la Tierra a la Luna o Viaje alrededor de la Luna, lo hizo según la tecnología del vapor de su época, imaginando que de esa manera llegaríamos a nuestro satélite. Lo cierto es que no fue así como llegamos, como tampoco terraformaremos Marte tal como lo aventuró Stanley Robinson en su célebre trilogía. Lo importante es que lo escribieron proyectando al futuro la tecnología que conocían entonces, los últimos avances en el momento de la redacción de sus textos. De la misma forma intento construir relatos verosímiles sobre transhumanismo, manipulación genética o inteligencia artificial, según los conceptos más modernos y descubrimientos recientes que manejamos hoy en día.
El futuro dirá hasta qué punto he acertado.
Desde tu experiencia y perspectiva, ¿cuál es la función de la literatura de ciencia ficción, considerando que es un género popular?
Me parece que es un género que posee muchas funciones, aunque la principal es el entretenimiento. También está la reflexión especulativa o la anticipación de los cambios sociales o científicos, pero por encima de todas, la clave es el entretenimiento, y ahí se halla la clave de su éxito.
¿Consideras que la ciencia ficción es un camino válido para retrata muestra contemporaneidad?
Sí, no me cabe la menor duda. Da igual que escribamos una historia contrafactual ambientada en el siglo XIX o un presente alternativo, o un futuro muy lejano. Siempre son construcciones que nos permiten comparar nuestra civilización contemporánea, vernos desde fuera, provocar el necesario extrañamiento para comprobar nuestros errores y aciertos, como una foto fija en el momento en que leemos ciencia ficción. Es el mejor de los caminos, porque siempre necesitamos de una referencia que nos sirva de brújula para encontrar un mínimo de objetividad.
IMAGEN DE LA PORTADA: Dioni Arroyo Merino
Cristián Londoño Proaño
Quito, 1973. Escritor, guionista, productor y realizador audiovisual, y editor y director de la revista digital “Teoría Ómicron”. Inventó y desarrolló el concepto de la novela de fantasía andina. Sus artículos se han publicado en varias revistas digitales y sitios web de México, España, Argentina, Chile y Ecuador. Publicó el libro de no ficción “Entre la ciencia ficción y la fantasía” (2020). Publicó las novelas “Noches oscuras, bocas grandes” (2021); “Misión Antares” (2019), “El retorno de La Luz” (2018); Doce Horas” (2016), ”Underbreak” (2015), “El Tiempo Muerto” (2015), “Los Improductivos” (2014) y “El Instinto de la Luz” (2011). Publicó los poemarios: “Desojare” y “Luna de Solitarios”. Obtuvo los premios: I Bienal de Joven Poesía Ecuatoriana Jorge Carrera Andrade, el primer premio del V Festival al aire libre del Municipio de Guayaquil y una beca del fondo de fomento a la producción artística del Ministerio de Cultura del Ecuador. Escribió y dirigió las obras de teatro: “Amantes azules” y “Los Cirios Negros”. Escribió, dirigió y produjo varios documentales y series documentales como: “Jorge Enrique Adoum: el poeta desenterrado”, “La Belleza de Sentir” , “Arte de Sentir” y “Literamanía”. En el 2019, ganó la convocatoria de script doctors del Instituto de Cine y Creación Audiovisual. En 2020 ganó la convocatoria emergente del IFFIC 2020.
Website oficial: https://www.cristianlondonoproano.com