Verónica Schennel
Esa mañana llegó el camión de la mudanza, era muy temprano y yo aún tenía mucho sueño. Me coloqué mi mochila y tomé entre mis brazos a Gaby, mi muñeca favorita. Me despedí de mi habitación, le agradecí por cada día de juego en su interior y por cada noche de dulces sueños. Toqué por última vez sus muros de color rosa y con una sonrisa me dirigí a la puerta, la cual cerré con mucha delicadeza.
Al bajar por la escalera vi la casa vacía, ya no quedaba nada, sólo un espacio amplio que guardaba en su silencio muchos recuerdos. Parte de mi infancia la viví en esa casa, fue un lugar en el que tuve momentos alegres y tristes, cada rincón cuenta una anécdota de mi niñez. Pero ahora llegarán los nuevos dueños, y una nueva historia estaría por empezar, más momentos que vivir que se convertirán en recuerdos para el futuro.
Ya todos nuestros muebles, cajas y maletas esperaban en el camión de la mudanza. Entré al auto y por la ventana pude despedirme de ese que fue mi hogar, no dejé de observarlo hasta que nos fuimos alejando. Empecé a preguntarme cómo sería la casa nueva, sentía mucha curiosidad.
Cuando llegamos entré ansiosa e inquieta, revisé cada espacio. Una casa enorme y hermosa, una nueva historia que estoy por escribir para mis recuerdos del futuro, los que les contaré a mis hijos y a mis nietos. Nuevos paisajes, nuevas personas, muchas aventura.
Esa noche escuché el ruido de una campana que me despertó, al abrir los ojos una luz muy intensa me hizo cerrarlos nuevamente. Esa luz misteriosa venía del clóset, y yo como niña curiosa y aventurera quise averiguar de dónde provenía, por lo que me acerqué, abrí las puertas, me asomé y finalmente entré.
Sentí que me empujaron con mucha fuerza y empecé a caer. Gritaba y se escuchaba el eco de aquellos gritos, mi cuerpo flotaba y se desvanecía hasta que aterricé en una cama. ¡Estaba viva! Pero, ¿En dónde estaba?, ¿Qué lugar era ese?, ¿Por qué mi clóset me transportó ahí? Tenía que buscar la manera de regresar.
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Muchos jóvenes se acercaban a mí con rosas, peluches y chocolates. Ellos me dedicaban canciones y poemas. Eso no me había pasado antes.
Al mirarme al espejo vi lo hermosa que me veía, era una versión de mí, pero más perfecta. Ya era una adulta, alta y delgada. Mi cabello corto había crecido y ya no usaba lentes. Me gustaba mi nueva apariencia.
Escuché la misma campana y empecé a subir con mucha fuerza, iba de regreso a mi habitación. Al día siguiente entré varias veces al clóset, pero no estaba la luz intensa, era un clóset normal y corriente.
Me vi en el espejo recordando mi imagen adulta, quería volver a lucir así. En ese momento, el espejo se distorsionó y empecé a caer en un vacío parecido al que experimenté en el clóset. Esta vez no era una adulta hermosa y con muchos enamorados, era una niña muy inteligente. Todos los profesores en el colegio me felicitaban, todos mis compañeros querían hacer conmigo las tareas, los trabajos y las exposiciones. Tenía muchos temas de conversación, interesantes y entretenidos. Me encantaba ser la niña brillante del colegio. Disfruté mucho conversando con mis compañeros que me escuchaban atentos, pero sonó la campana y me tocó volver a casa.
El clóset era mágico, el espejo también tenía poderes especiales, me preguntaba qué otros espacios y objetos de la casa podrían transportarme a esos sitios maravillosos en los que yo podía ser más hermosa e inteligente.
Empecé a correr y a brincar tocando todo a mi alrededor, cuando uno de los cuadros me succionó llevándome a un nuevo lugar, esta vez yo era una niña muy ocurrente y graciosa que hacía reír a todos utilizando el más mínimo esfuerzo. Pasé un día de risas hasta que la campana me devolvió a casa.
Durante meses me estuve transportando a través del clóset, el espejo y el cuadro. Un día era la más hermosa, otro día la más inteligente y otro día la más graciosa, todo era maravilloso, me encantaba, hasta que ser tan perfecta se volvió aburrido y agotador. Extrañaba mis defectos. Los jóvenes que me enamoraban con flores, peluches, chocolates, poemas y canciones, ahora eran insistentes y asfixiantes, siempre estaban ahí, nunca se iban. Sólo hablaban de mi belleza física.
Mis compañeros que me admiraban por mi inteligencia sólo se aprovechaban de mí. Tenía que hacer sus tareas y explicarles miles de veces los contenidos vistos, los cuales no entendían por más que se los explicaba. Hasta tuve que hacer trampa en los exámenes, haciéndoles llegar las respuestas a través de pequeños papeles que les arrojaba.
Mis amigos que se reían de mis chistes y anécdotas, ahora sólo se burlaban de mí, me pedían chistes y más chistes, yo era su payasita particular.
Quería ser yo misma, con mis virtudes y mis defectos. Ser hermosa, inteligente y simpática, pero que mi vida no dependiera de eso, que esas cualidades no fuesen lo más primordial.
El espejo y el cuadro los oculté en el sótano, ambos estaban envueltos en sábanas. El clóset siguió brillando cada noche con esa luz intensa que llamaba mi atención, pero era sólo por las noche, así que cerraba mis ojos y la ignoraba hasta quedarme dormida.
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UNDERBREAK
A los meses mis padres decidieron volver a nuestro antiguo hogar, recuerdo mi felicidad y el alivio que sentí cuando me dieron la noticia. En ese momento, las razones de mudarnos nuevamente eran la nostalgia que sentían mis padres y lo difícil que había sido para ellos el cambio. Pero con el tiempo, al yo crecer y convertirme en adulta, me confesaron que ellos se transportaron también en varias oportunidades y siempre eran ancianos amargados que aterraban a los niños, personas aburridas que hacían dormir a las demás personas y en una oportunidad llegaron a un planeta distante y caluroso en dónde fueron perseguidos por animales gigantes y extraterrestres.
Lo más importante es que ahora el clóset no brilla por las noches, que los espejos y los cuadros no nos absorben y que somos felices tal y como somos, viviendo y disfrutando cada momento, aceptándonos y amándonos con nuestras virtudes y defectos, existiendo en nuestro espacio y nuestro tiempo como personas normales. Yo estoy orgullosa de mi apariencia física, ni me puedo quejar de mi inteligencia y soy muy alegre, ocurrente y graciosa a mi manera.
IMAGEN DE LA PORTADA: Pexels
Verónica Schennel
Pertenece a diversos Grupos y Movimientos Internacionales de escritores y poetas. Obtuvo el 2do lugar en el Concurso Internacional de Poesía por la Paz (año 2022). Recibió el “Premio Péndola Dorada” (año 2022). Obtuvo el 3er lugar en la categoría: “Crónica breve” en el Primer Concurso Literario Internacional (México, 2023). Obtuvo el tercer lugar en el Concurso Internacional de Relatos “Palabreando”. (España, 2023).
Ganadora en el Primer Concurso de los Derechos Humanos Internacionales Categoría: Poesía (2023). Tercer lugar, categoría: Poesía. En el Festival “Las Raíces”. Chile.
Su trabajo ha sido publicado en diversos blogs, redes sociales, revistas digitales y antologías a nivel nacional e internacional.
