Eduardo Honey Escandón
Somaire apenas salió de la nave de transferencia se deslizó en gravedad 0 al ventanal más cercano. La parte que no ocupaba la esfera giratoria de la Magu permitía una vista de la costa oeste de Gaia Mater, el continente mayor de su planeta de origen, Lat.
—Bienvenida, Däimé Somaire—saludó la figura que apareció de súbito a su izquierda. Una delgada diadema giraba en el aire apenas por encima de su cabeza donde tres diminutos árboles de cerezo dejaban caer hojas sin parar—. Soy Amanita Khöl y ellas —levantó el brazo izquierdo para señalar la diadema—(es | son) Magu.
—Mucho gusto en tenerte con(migo | nosotras) —resonó por doquier.
—¿A qué se debe la urgencia? El Consejo de Madres de Lat urgió que dejara lo que estaba haciendo.
—En realidad lo desconozco —respondió Amanita—, me pidieron acudir cuanto antes para trasladarte a…
¡¡¡T R A N S I C I Ó N!!
Resonó en todos y ningún lado. Somaire inició un pensamiento para avisar que no estaba lista cuando llegó la sensación de inmanencia que tanto detestaba. Decían que duraba menos de un segundo, pero eran minutos u horas para ella.
—…Lunaria-III —continuó Amanita como si no hubiera interrupción—. ¡Lo siento! —expresó con angustia cuando Somaire tuvo arcadas—, no sabíamos que eras tan sensible.
Un swarmbot trajo de inmediato una botella con agua y una pastilla. Somaire, sin dudar tomó la segunda y la hizo pasar con un trago. Más tranquila apreció por el ventanal que la vista por Lat fue sustituida por la circunferencia de un planeta cubierto de vaporosos trazos azules, blancos, naranjas y amarillos que con lentitud parecían danzar.
—¡Maldita leche agria! —gritó Somaire—, de vuelta a este lugar. Amanita, deseo regresar.
El holograma de un bioide de piel azul cubierto de cánulas y electrodos surgió del lado derecho. Una voz mecánica y monótona provino de él.
—Soma, un placer volverte a ver. Ciento cincuenta años desde que te fuiste.
—Y por mí serían diez mil. ¿Qué malditas ubres hago aquí, Sonaq?
—Al final tuviste razón, Lunaria duerme porque está enferma. Y eso puede explicar lo que sucedió hace siglo y medio.
—Entonces me debes un viaje a Tierra, Sonaq. Esa era la apuesta.
—Däimé Somaire —interrumpió Amanita de forma cortés—. La/las Magu y yo queremos entender. Solaria es un planeta, ¿verdad?
—Así es, querida, es un planeta que a la vez es un ente y una conciencia. Duerme y en cuanto nos sintió, nos incorporó a sus sueños. Como resultado de vivir noventa días en esa situación es que Sonaq tuvo que ser reencarnado en un bioide. En mi caso, cuando hacemos la transición a través del espacio Planck el tiempo se dilata, percibo algo que habita en las dimensiones liminales de los pliegues Yau. No es agradable. Lunaria nos alteró.
—Amanita y Magu —comentó Sonaq—, por seguridad de ustedes deben mantenerse a tres órbitas lunares de distancia. Así el planeta no las afectará como ya sucedió con las IAs de la última estación espacial. Es necesario que Soma baje a la Estanislao VII.
—Ya veo que estás de estreno. Ya me platicarás que pasó con la Estanislao V y VI. ¿Cuál es el plan, Sonaq? —preguntó Somaire no bien giró y voló rumbo a la nave en que llegó.
—Mañana descenderemos a Lunaria, tienes que presenciar algo que descubrimos.
La entrada a la atmósfera ocurrió de forma suave y sin grandes llamaradas.
Más sobre Cronistas Ómicron
—Latitud 60 grados norte, longitud 27 grados —comentó Somaire tras leer los instrumentos—. No has perdido habilidad, Sonaq. Estamos setenta y cinco kilómetros de lo que marcaste como primer objetivo. Tiempo de arribo en cuarenta minutos aproximadamente.
—¿No extrañabas esto? —preguntó Sonaq al señalar con el casco azul, sin visera, que cubría su cuello y cabeza.
Somaire guardó silencio. Alrededor se levantaban catedrales de neblina y líquidos en aspersión que lentamente se movían, se transformaban en otras figuras o se fusionaban con otras de cualquier tamaño. En ocasiones se generaban figuras vagamente familiares a ciudades, monumentos o estructuras parecidas a un deja vu; en otras se generaban conjunciones de pesadillas para la geometría euclidiana. Miró hacia abajo para apreciar el océano de gel que cubría la superficie. Recordó que el gradiente de temperatura variaba no más de tres grados centígrados entre los polos y el ecuador. “Lunaria es un planeta feliz que vive en una cuna estelar donde la cuidan cuatro soles” comentó un astrofísico que alguna vez estuvo en la Estanislao IV cuando fue asignada como la xenobióloga titular.
Cada dos días lunarios, equivalente casi a una semana terrestre, Somaire y su equipo de investigación bajaban para retirar muestras de las nubes, atrapar los líquidos en aspersión, llenar probetas de la gelatina oceánica. Fuera de saber que la atmósfera era venenosa para un sapiens cualquiera que las nubes, líquidos y gelatina era un coctel de aminoácidos como todo el inventario existente como por existir en química orgánica, era imposible determinar el cómo y porqué emergían las estructuras desde la superficie y se transformaban.
—Estamos por llegar, Soma —señaló Sonaq—. Cortaré los motores para un planeo de acercamiento, ¿entendido?
—Claro y correcto, capitán —bromeó la acompañante—.
—Estamos a once kilómetros del océano. Descenderemos poco a poco entretejiendo un mandala cuyo diámetro central será de casi tres kilómetros. Espero que notes algo.
Sonaq inició la maniobra y por debajo de la lanzadera apareció uno de los “rebaños de puros”, el nombre que el astrofísico le dio a las estructuras alargadas, tubulares, de entre cien a tres mil metros variaban entre un color café oscuro a terracota. Por lo general se presentaban apiñonadas donde las formas mayores eran sostenidas por una cuasitelaraña que emergía del océano y se unía a la parte inferior de los “puros” mayores. Esos hilos (en apariencia, en realidad eran componentes tubulares rígidos cuya unión y entrelazamiento permitía sostener decenas, cientos e incluso miles de toneladas que podían pesar los puros) se entretejían en columnas, trabes y repisas para sostener los “puros” menores que se montaban uno sobre otros sin orden.
Conforme Sonaq hizo descender la nave, Somaire notó que el rebaño era idéntico al que había filmado siglo y medio atrás, misma cantidad de “puros” divididos por el diámetro del falso hueco en un extremo (en realidad daba a la versión fractal del telar externo pero que recubrióa el interior del puro) en cinco categorías: ultra pequeño, pequeño, medio, grande, gigantesco. Como si no hubiera pasado décadas, recordó los números según cada categoría 7283, 3082, 569, 135 y 58. Tecleó un escaneo con la computadora a bordo.
—¡Santas ubres sagradas! —gritó al notar en la cuenta 7287, 3083, 569, 135 y 58.
—Ya lo descubriste, ¡felicidades Soma! —expresó Sonaq burlándose.
—Estuve aquí casi treinta años de mi vida y ese grupo de puros, al igual que los demás que están dispersos por Lunaria, siempre daban el mismo resultado según correspondiera. Son lo único estático en el paisaje planetario. Lo demás va, viene, se crea, se disuelve, pero no sucede con los grupos de “puros”.
—Lyotard, ese astrofísico medio loco —continuó Sonaq— consideró que eran los dogmas de fe de Lunaria, lo inamovible. Solo que no alcanzó a vivir para ver esto.
Se acercaron a la superficie de uno de los puros pequeños cubierto por doquier los ultrapequeños. A cien metros de altura Somaire apreció una decena bultos alargados surgiendo de la superficie del más oscuro.
—¡Malditas ubres sagradas! —imprecó con fuerza—. ¿En verdad son “puros” miniultrapequeños?
—Todo apunta a que así es. Si mis cálculos son correctos emergerán en su totalidad en unos tres años, momento en el que uno de tamaño ultra será pequeño. Falta el tercer insulto.
Sonaq encendió el motor delantero para hacer que frenaran y dejó caer la lanzadera en picada por un hueco entre los puros mayores. Al bajar más allá de la parte inferior, maniobró para frenar de golpe a pocos metros del gel oceánico y con motores de impulso mantuvo la posición. Encendió la luz ventral.
—El color del gel es turquesa, anómalo por completo.
—No es lo único, mira la columna más cercana. El telar absorbe el gel y por esto está pintado de ese tono. Notarás que asciende y se interna en el puro mayor. A diferencia de las nubes catedral que se generan con gases y aerosoles, los puros sorben el océano y, como era de esperarse con estructuras del tamaño de pueblos y ciudades, se reproduce o se duplica muy lentamente. No me preguntes si es meiosis, mitosis o si les gusta el sexo. Por algo tú eres la xenobióloga.
Los libros de está semana
—Subamos, Sonaq. Quiero uno de los bebés para examinarlo —solicitó Soma.
El holo de Amanita observaba con atención el “puro” bebé de más de quince metros que reposaba en una larga mesa del laboratorio mayor de la Estanislao VII.
—(Me | nos) sorprende este ser, Soma —expresó la tríada Magu desde la corona. Semejaban una mujer blanca con rasgos asiáticos de una pintura japonesa del siglo XVI. Cada una tenía el ceño fruncido y la mano en el mentón.
—A todos, Magu. Comparamos fotos y videos desde las primeras expediciones y las diversas encarnaciones de la Estanislao. En verdad crecen muy lentamente, pero logramos darnos una idea de la edad de los puros mayores.
—¿Y cuándo cumple años?
—Pues digamos que apareció unos trescientos cincuenta millones de años atrás. Además, su biofirma es totalmente distinta, diría inexistente, a lo que hemos hallado en Lunaria. Lyotard, si viviera, de seguro traería a colación la panspermia, pero sobre todo señalaría lo evidente, Amanita.
—¿A qué haces referencia, Däimé Somaire?
—A que soy xenobióloga, pero para obtener este grado primero cursé biología y me especialicé en parasitología. Los “puros” son el parásito perfecto que llegó de fuera e infectó a Lunaria. Tenemos que pensar a esa escala: de mundos enteros y millones de años. Los “puros” afectan el equilibrio orgánico de Lunaria y de allí los tonos turquesa que —proyectó en el aire una representación esquemática de la superficie donde una red de tono verde unía islas separadas por enormes distancias— hemos descubierto que intercomunican a los grupos de parásitos. Están transformando la superficie y, en cierta forma, matando el ente que es Lunaria. Es como tener amibas en el cerebro.
—Debemos curar y salvar —clamaron las tres figuras en la diadema de Amanita—. Las IAs regentes han establecido como regla máxima la salvaguarda de cualquier entidad sentient en el cosmos.
—Lo sé, Magu, lo sé y es lo que deseo. Solo toma en cuenta, por favor, lo que he dicho de escalas planetarias. Lunaria ha estado enferma por una décima parte de su vida. La crisis que la hizo entrar en un modo de reposo, “soñar”, que ocurrió cuando menos, unos veinte o treinta millones de años en el pasado. El curar y hacer que se recupere puede que iguale en tiempo ese periodo. Por lo tanto, Magu, tú y las IAs regentes, ¿seguirán aquí en un millón de años? ¿O en veinte?
—Soma, ya terminé la revisión que solicitaste —anunció el holo de un Sonaq miniatura que apareció sobre la mesa—. Lyotard, antes de suicidarse bebiendo nitrógeno líquido, cruzó la información disponible de los sistemas planetarios dentro de la Expansión Homo. Localizó cuatro cunas estelares y en dos de ellas hay un planeta casi idéntico, en tamaño y configuración, a Lunaria. Son planetas muertos que alguna vez tuvieron océanos como los de aquí. Sobre el polvo, ¿adivinas lo que se levantan?
—¿Grupos de “puros”, Sonaq?
Un pesado silencio se interpuso por largos minutos.
—Anoche —retomó Somaire la palabra en un hilo de voz— soñé como soñaba cuando estuve aquí por primera vez. Ahora entiendo lo que percibo: algo que nos observa en las dimensiones liminales. Son los espectros o ecos de esas entidades planetarias tras su muerte por un parásito. Si nos contemplan desde su cielo, infierno o purgatorio es algo que desconozco. Y, ante la complejidad de cómo curar un planeta, presiento que mucho después de que nuestra civilización sea polvo, Lunaria se unirá a ellos. Por favor, ¿podemos regresar a Lat? No creo que haya mucho qué hacer por aquí más que prender cirios cósmicos por un funeral anticipado.
IMAGEN DE PORTADA: Pexels
Eduardo Honey Escandón
(México, 1969). Ing. en sistemas. Autor de Códex obsidiana y Cósmicos espejos humeantes. Publica constantemente en plaquettes, revistas físicas, virtuales e internet. Textos suyos fueron primer lugar (Teresa Magazine 2020, Nyctelios 6ª. Ed.), segundo lugar (bokker Awards 2021) o finalistas (Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2021 y 2020, 1er. Concurso de Cuento Breve Plétora Editorial 2020, Mención de Honor del Jurado, Quequén 2020, Supraversum 2021, Novum 2021, VIII Concurso Internacional de Microrrelatos “Jorge Juan” 2021, Madrid Sky 2021, II Concurso Literario “Relatos legendarios” 2021). Ha sido seleccionado para participar en diversas antologías. Prepara su primera novela.
Página personal: https://www.facebook.com/eohoneyewriter
Twitter, Instagram: @eohoneye
