CRONISTAS ÓMICRON: Acliópolis

Publicamos el relato «Acliópolis» de Javier Velázquez.

Por Javier Velázquez

The best cure for worry, depression, melancholy, brooding, is to go deliberately forth and try to lift with one’s sympathy the gloom of somebody else.

Arnold Bennet, Collected Works.

La nave dio aviso de la llegada a la zona objetivo, ni en el panel ni desde la cabina era posible verlo, entre la negrura cósmica eran visible polvo, objetos y explosiones siderales eternizadas, como si el tiempo fuese tan inmutable.

El estado somnoliento en el que me encontraba, después de tanto dormir a la espera de la llegada, hizo que olvidara por un momento el escaneo de variación y alteración gravitacional cercano, activando su mecanismo, los sistemas encontraron por fin el objeto de un tamaño poco llamativo, no era más que una roca flotante en medio de la totalidad, inerte, sin color más que el que la oscuridad le permitía.

El vehículo sin alteraciones gravitacionales ni atmosféricas pudo aterrizar más rápido de lo que esperaba, preventivamente registrando características casi de un satélite natural, alisté la protección y escudo anti-radiotérmico, aunque ya el sistema de escaneo había establecido que la radiación letal era casi nula en la zona. 

La iluminación que emitía mi transporte permitía ver que el terreno era de una especie de roca y polvo negruzco, llamado acliotita, ante la ausencia de luz directa y permanente que algún objeto celeste le pudiera emitir, pero con la luz de la nave podía ver que refractaban un azulado opaco, fuesen el suelo vidrioso y liso o las grietas, piedras y polvo que caracterizaba todo el terreno.

Por encima de esta extraña tierra a veces regular y luego escarpada, interrumpiendo el lejano brillo estelar y la oscuridad cósmica, se iba a haciendo visible una alta y extraña estructura, en el geo-radar era detectada e identificada como artificial, confirmando la información que ya poseía sobre el lugar. Hecha del mismo material que caracterizaba el apagado entorno de la roca que pisaba por primera vez.

Entre más cerca a la particular estructura el electromagnetismo afectaba los sistemas de lectura y protección del traje, pero no representaba daño ni amenaza, por esto logré avanzar hasta por fin lograr tocar la sólida y lisa estructura, con su opaca luz azulada refractada ante la iluminación de mi traje, un análisis arqueométrico demostraba que sí se trataba de una construcción artificial. 

Rodeé el singular edificio en busca de una entrada, la roca sólida no parecía tener acceso alguno, hasta que después de dar un rodeo innecesario encontré ciertas salientes geométricamente perfectas que llevaban a una especie de entrada minúscula, a la cual solo pude pasar arrastrando las rodillas.

Luego había una caída bastante alta que daba, a un claustofóbico pasadizo, al parecer la construcción se erigía bajo tierra, un ligeramente perceptible gas se comportaba como la iluminación dentro del lugar, refractándose en el sólido material que identificada el lugar.


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El traje detectó un cambio en la temperatura, haciéndose más amable que el seco, frío e intolerable del exterior, y avisó de la posibilidad de respirar en ese ambiente por la composición del aire, al parecer, creado artificialmente.

Al encontrar una salida del estrecho pasadizo, encontré una entrada que daba a sala amplia, las paredes tenía unos geométricos bloques en saliente, al igual que el suelo, que variaban en tamaño y en altura, en el centro un débil vapor, cálido y azulado era exhalado por una especie de núcleo cuasidureriano de un gris metálico opaco, que parecía sostener en el aire, en el centro del lugar, gracias a una extrañas láminas cristalinas, que provenían del suelo hasta conectarse en la parte baja de la figura de metal, y ascendían hasta lo alto del lugar.

Unos leves zumbidos y pulsos eléctricos subían desde la máquina hasta la parte alta, contrario a mi pensamiento de que podía afectar mi traje y sistemas de lectura, parecía que la energía de este extraño artilugio quitaba la independencia de la fuente de energía que dependía de la nave, creando un campo electromagnético en todo el lugar.

Un hombre barbudo, con aspecto resignado y mirada cotidiana, vestido con harapos grises y botas negras cual trabajador tecnoplanetario, apareció entre los pasadizos entrando al inmenso lugar central. Se acercó a la máquina y hizo el gesto como de si quisiera posar su mano en ella, pero al parecer esto no era seguro, luego dijo: 

-No puedo dar bienvenida ni ofrecer hospitalidad en un sitio como este-

Solo asentí porque comprendía, para darle más importancia a una pregunta, y mirando sus ropas viejas que coincidían con su mirada lúgubre, la realicé: -¿Qué lo trajo aquí? 

-Las circunstancias se hicieron oportunidades con mi voluntad- 

Me contestó, creí una obviedad y a la vez un absurdo, no esperaba más de un desquiciado por la estadía en un lugar como este.

Notó que yo estaba mirando el extraño artefacto, y supo las dudas que tenía en mente: 

-La máquina es el corazón esta roca, por ser un emprendimiento es que los servicios planetológicos no la han colapsado, mi trabajo es mantener su funcionamiento- 

Mientras hablaba, se arrodilló, extendió su mano y sin tocar el suelo hizo que un bloque se estirara hasta su altura, y estando de pie, activó lo que sería un panel de plasma de brillante azul, y observó mi extrañeza contestando: -Todo el planeta y el lugar está hecho del mismo material, de lo que está hecha la máquina… Eso es clasificado, nunca me dijeron-

Supe que el material permitía fluctuar la energía del artefacto, haciendo funcionar todo, como una máquina rocosa que flota en el cosmos, le pregunté: -¿La gravitación, el movimiento, la radiación, la atmósfera…?-

-Todo lo regula, controla y permite, nunca supe si es el artefacto hecho acorde a esta roca o la roca se hizo para este artefacto- Contestó mirando la máquina con una sonrisa resignada, luego pareció terminar su labor y presionó con su mano el bloque para que lentamente se hundiera en el regular suelo.

No me molesté en preguntar en dónde residía y descansaba, viendo cómo funcionaba todo en el lugar, lo que sí me extrañaba era cuánta riqueza le costaba a la empresa mantener el lugar y con qué objetivo lo hacía, existiendo tantos objetos celestes artificiales que se alquilaban, incluso ilegalmente y a bajo precio. 

Lo que sea que hubiera hecho en el panel de trabajo hizo que el lugar tuviese un leve movimiento y sonido que jamás había escuchado, mientras el núcleo del artefacto empezó a moverse e intentar rotar pero era casi imperceptible, y las láminas se multiplicaron de repente, el vapor se hizo blanco.

Para minimizar mi desasosiego, subí un poco la voz y me acerqué un poco más para escucharlo, mientras él miraba con estupefacción el artefacto, le pregunté: -¿Y cuándo vuelve a su lugar de orígen o tiene descansos?

Con su cabeza hizo un movimiento reflejo rápido y extraño, estuvo dubitativo sin dejar de fijarse en el artefacto, luego se quedó mirando el suelo y contestó: -Señor, probablemente su llegada signifique el fin de mi trabajo aquí-

No entendí a qué se refería, pero al hallarme en el lugar, al pensar lo que estaba haciendo, un arrepentimiento de haber arribado a este lugar me revolvió el estómago, la situación creó un nudo en mi garganta que dejaba pasar solo unos repugnantes sabores amargos y un frío recorrió mi cuerpo que hizo como si una extrema debilidad no física me invadiera.

Se acercó y dio un abrazo formal con unos golpes en la espalda, mientras hacía esto dijo: -Esta es la máquina del destino y la verdad,  no dejes que la detengan y solo déjate llevar por lo que sientes, pues es así que te guiará a hacer lo correcto- 

Lo vi marcharse, antes de cruzar el umbral tocó estratégicamente la pared, activando algún mecanismo que alzó bajo mis pies bloques que me hicieron perder el equilibrio, caí sobre lo que resultó ser una especie de descanso hecha de acliotita, por un momento de pánico pensé que era una tumba, luego vino a mi mente su extraña forma de despedirse con lo último que me dijo, me consideré víctima y carnada, un gran temor me invadió.

Entre el pánico que se apoderaba levemente, parecía que escuché el eco de la voz del hombre diciéndome claramente que me dejara llevar y apreciara el momento. Lo único que empecé a sentir fue un miedo pues no entendía cómo podría morir, y no encontraba vida estar atrapado aquí, una apeirofobia me invadía en una roca sobre el cosmos.

Ya no podía hacer movimientos más que los de la cabeza, el sonido del artefacto y del lugar se hizo ya considerable, sentí que eran generados en mi cabeza, encima de mi cara apareció una proyección azul pálida que empezó a tomar forma de rostro etéreo cuya faz estaba hecha del reflejo de imágenes, cuando agucé la vista, pude ver que lo que proyectaba eran imágenes fluctuantes de regiones y planetas que conocidos y nunca vistos.

El rostro desapareció y una voz ubicua e indiferente apareció diciendo: -Querido usuario, agradecemos que haya dispuesto de su red neurofisiológica para catalizar el proyecto-

Me hice la imagen mental de levantarme y escapar con tanto afán y fuerza mental que pronto me vi levantándome de mi posible tumba de pasiva cautividad, y cuando tome impulso y levanté la mirada, una entidad azul pálida, etérea e interrumpida, aplastó mi posibilidad de escape, parecía ser ajena al espacio-tiempo, y pronto en un parpadeo se acercó tanto que sentí que la gravedad empujaba despiadadamente, tumbándome de nuevo a ese condenado lecho mortuorio.

La acliotita no era ni fría ni caliente, pero daba una sensación extraña que llegaba a mi piel, la entidad levantó los brazos, y se lanzó salvajemente estrellando su forma etérea contra mi ser. Luego desapareció y todo se hizo brillante y ruidoso, fue solo un segundo, hasta que regresó la normalidad, pude levantarme y salir como sin temor por una extraña salida que ahora existía en el lugar.

La nave estaba allí, y subí como si nunca hubiese sucedido lo que experimenté, como si hubiese sido un mal sueño, con la nave ascendiendo y saliendo del lugar, emití transcomunicación para dar mi informe de examen logístico de ilegalidad en servicios planetológicos, solo un diario de campo narrado, pero no pude hablar cuando mi jefe inmediato me enlazó, solo dando un efímero aviso, con el encargado vitalicio de la empresa, nada más supe de él por informes y comentarios. Pero en el panel veía  al mismo tipo que estaba en el extraño edificio que ya no era visible desde la distancia cósmica, solamente veía la negruzco presencia con un invisible brillo azulado del lugar.

De todas las formalidades que decía solo escuché en su voz calmada e impredecible  -Un gran trabajo el día de hoy, cada día sus esfuerzos permiten que los servicios sean cada vez mejor y progresemos como emprendimiento, ahora nuestro proyecto llegará a muchos más-

Mientras decía esto de esa roca flotante extraña salió expulsado un haz de luz que parpadeaba de colores azul y blanco, desde el panel  casi parecía un pilar que sostenía la eternidad celestial, en su ascenso había un pulso visible que se desprendía del rayo, buscando su origen pude ver la estructura, imaginé que ese artefacto era el causante de esa emisión de energía, el vehículo no detectaba como ataque o fenómeno cósmico, no advertía nada.

Pero yo sí lo hice mientras seguía el flujo de energía, sabía que no ya no tenía que aterrizar, me era indiferente, porque recordé que hace años restablecí y puse en línea para revisión de nuevo un proyecto que equilibrar en contraposición la emisión de carga humoral desde nave y bases interplanetarias, en las que buscaban subsanar los problemas de muchos habitantes cargando su atmósfera con felicidad o euforia.

Y al parecer se había procesado por omisión o voluntad, el discurso inmaduro, rebelde y tembloroso con el que impregné nuestras oficinas para que también se apaciguara los excesos de consumo y destrucción de planetas, usando carga humoral opuesta, cosa que dijeron era imposible por los elementos y materiales, y costos de personal, fue una época de histeria, euforia y felicidad que no gocé, y la pura contrariedad hizo que me aferrara a un proyecto olvidado y poco familiar que nadie sabía de su creador.

Esa época había terminado ahora con calma y pasividad donde todo era fácil y monótono, pero ahora su destrucción era inevitable, la acliotita conducía la energía del sosiego, la amargura y el encierro a los cerebros del gentío alcanzable, el proyecto era una realidad, Acliópolis había iniciado, y sucedió cuando ya no lo esperaba, ni nostalgia sentía, pero me generó emoción ver que si era posible llevar el veneno de la melancolía para acabar la intranquilidad e intensidad abusivas, y vengar lo que la era impuesta de la felicidad agresiva nos había arrebatado. 

La tristeza, gran diosa de las tinieblas, ahora viajaba por la inmortalidad para ajusticiar la dicha que se creía intocable en su maldad cotidiana.

Nota

Aclis, de acuerdo a Hesiodo, fue personificación de la tristeza y la miseria. En William Smith (1850) Dictionary of Greek and Roman Biography and Mythology.

Foto: Imagen de hikersbay en Pixabay

Javier Velázquez

Licenciado con énfasis en Humanidades: Lengua castellana e Inglés, egresado de la Universidad de Cundinamarca, Colombia. Autor del blog literario Radiotelescopio abandonado, ha participado en revistas y varios medios publicando poesía y cuentos, así como artículos, reflexiones y ensayos sobre literatura, lingüística, semiótica y educación.