Mar. May 26th, 2020

CRONISTAS ÓMICRON: Leyenda de dragones

En Cronistas Ómicron: Hina Finck nos comparte su relato «Leyenda de dragones».

Por Hina Finck

Cuentan las leyendas del País de los Montes Fulgurantes, de esa región que llamamos Las Termas Azufrosas, que, hace muchos, requetemuchísimos años, apareció en una cueva una familia de dragones y uno de ellos, el del color de las fresas maduras, no podía dormir; pasaba sus días mirando al cielo plateado naranjadizo e imaginando en él a las hadas mágicas, que vagando por las nubes descendían y al verlo le daban el regalo del sueño prodigioso; por las noches, también miraba los cielos, ahora pintados de morado intenso y en ocasiones cubiertos por nubes verdeazules que lo cundían a plenitud.

Insomnio gritaba: “Hada del Sueño déjate ver; mi papá te fabricará una casa de oro como recompensa porque me transmitas el placer de dormir”

En una madrugada llena de desilusión, unos paseantes olvidaron una hoja de pergamino que Dragón Insomnio encontró. En ese documento estaba dibujada la princesa más hermosa de la historia, blanquecina, alta, delgada y… dormida.

Insomnio dio un salto de sorpresa y comenzó a leer; en él, Charles Perraul afirmaba que Bella Durmiente pasó cien años en la dormición. Al terminar de leer aquel documento, Insomnio tenía varias dudas: el rollo no asentaba el nombre de la princesa; tampoco aclaraba el nombre del hada que la hizo dormir; el libro no señalaba la ruta para llegar a donde vivía la princesa ni a la residencia del hada en cuestión. ¿Qué hacer para llegar a ellas? Consultaría los anales del reino en el que él vivía, en ellos, habría acaso alguna referencia.

Después de pedirle a su papi que le llenara la faltriquera con monedas de oro, se puso en marcha, caminó y sobrevoló por la vereda interminable hasta que llegó al castillo y secándose el sudor con la orilla de su clámide, gritó: “Aaaahhh del castillo” Dejose venir el esclavo encargado del puente levadizo e inquirió:

–¿Qué os pasa? En este reino no se admiten dragones y menos, color de rosa… si fuereis de piel más oscura…

–Sólo deseo que me dejéis entrar a consultar la biblioteca, porque me es imprescindible saber en dónde vive una princesa apodada Bella Durmiente y también, el lugar que habita la bruja o hada que le dio la gloria de la dormición. A cambio de vuestro favor yo os daré lo que necesitéis pues soy Insomnio, el Dragón Mágico, hijo único de papi, El Dragón Mayor.

–Lo único que yo deseo es libertad, ya que soy esclavo del Rey de estas tierras y libertad, es algo que vos no podéis otorgarme.

–Os equivocáis ¿veis? Yo puedo conseguir del Rey lo que yo desee porque mi magia alcanza todo poder sobre la Tierra.

–¿Cómo sé que no me mentís?

–Tendréis que arriesgaros a creerme porque no puedo comprobaros nada; sólo os digo que mi palabra quedará empeñada y a vuestros pies.

–Pasad. -dijo el esclavo bajando el levadizo.

Dragón Insomnio recorrió el puente y al llegar junto al esclavo, de esta manera le habló: “Ahora si puedo comprobaros que mi palabra es ley. Vedla” Insomnio se echó a volar y en pleno vuelo decía: “Pude haber entrado al vuelo pero, sé respetar, si vos no me hubierais dado vuestra aquiescencia, os hubiese rogado hasta conseguirla, porque sé acatar reglamentos; soy disciplinado ante las jerarquías… aunque, claro, a leguas se ve que sois un plebeyo y no, una persona de sangre azul como yo. Iré a la biblioteca, después hablaré con el rey para que dejéis de ser esclavo. Confiad en mí.

Insomnio entró a pata en el gran salón iluminado por descomunales arañas de bronce con pendantifes de cristales tallados, en las que gruesas pavesas ardían. Otro esclavo bajaba la araña de una esquina y malhumorado pensaba: “Jamás se acaba mi trabajo; en cuanto termino de colocar cirios en un pebetero, debo bajar otro cuyas velas ya se extinguieron” Insomnio a al ver la cara de aburrimiento del velandero, se acercó y le dijo:

–Si me guiais a la biblioteca, os daré la libertad.

–Necio,  mi libertad no depende de vos sino de mi Rey.

–A eso mismo me refiero, del Rey conseguiré para vos ¡la libertad! Porque, miradme, soy de sangre azul, igual a él.

–No sé por qué os creo, seguidme, la biblioteca está por acá.

–No os mováis de dónde estáis, seguid trabajando; sé que la biblioteca está en el piso alto, al pie de la escalinata que conduce al torreón pequeño.

–Entonces ¿por qué me habéis preguntado?

–Sólo por tener, por segunda vez en la vida, la osadía de hablar con… ¿cómo os lo plantearé?… tener la valentía de hablar con un villano.

–¿Cuál es vuestro nombre?

–Insomnio Color de Rosa, vizconde de los Montes Fulgurantes.

–¿Para qué quiere vuecencia ir a la biblioteca?

–Para encontrar más datos sobre Bella Durmiente. ¿En dónde puedo localizarla?

–Pase vuecencia a la escalinata que os conducirá a la biblioteca. Pero ya no asustéis con vuestro color sonrosado a los demás sirvientes… si tuviera vuecencia la piel renegrida… otra cosa sería.

–Gracias os doy.

Insomnio siguió caminando, admirando pinturas y gobelinos que cubrían las paredes de la gradería y los tibores labrados en piedra que se posaban en cada descanso; encontrando a otro esclavo, exclamó:”Aaaahhh de la casa” El esclavo muy asustado, contestó:

–A vuestros pies, su señoría.

–Suplico vuestra guía para acceder al Torreón del Bóreas.

–Su señoría, pasad por aquí y seguidme, con gusto os guiaré.

–¿Podríais indicarme quién fue un tal Charles Perraul?

–Un grandioso escritor de tradiciones que…

–¿De tradiciones?  ¡Ajá… de tradiciones! Por lo visto en este castillo ya es una tradición la esclavitud.

–Sí,  su señoría, todos los servidores del castillo, somos esclavos del Rey.

–Pues esa tradición dejará de existir porque, por mi honor os juro que antes de que yo abandone este castillo, seréis libertos.

–Alabo vuestras buenas intensiones, excelentísimo señor Dragón.

Insomnio llegó a la puerta del Torreón del Bóreas y comenzó a subir… contó los escalones, eran ciento cuarenta y cuatro ¡Qué coincidencia! porque él, Insomnio, había nacido precisamente el día 144 del Año Lunar Amarillo. Esto lo tomó como de muy buen fario.

Llegó a la puerta de la biblioteca, la admiró desconcertado, había cientos de rollos, unos de papiro, los más de piel de cabra o de cabritillo o… del macho de la cabra… ¿Por dónde comenzar a buscar? ¿En cuál de todos esos estantes se encontrarían los anales de ese reino? Pensó: “Si me pongo a leer rollo por rollo, jamás terminaré y no localizaré a la bruja que conduce al sueño” entonces sacó de su morral el rollo encontrado y comenzó a compararlo con los demás. ¡Sí, sí, sí y más sí! Sobre la mesa más grande se encontraban unos libros similares… comenzó a desenrollar el primero… ¡Albricias! precisamente era ése el prólogo de Bella Durmiente del Bosque Encantado; en él, Charles Perrault saludaba a los lectores:

< PRÓLOGO

En la edad Media proliferaron los castillos por toda Eurolandia

“Eurolandia, ya estoy en Eurolandia, se dijo Insomnio y prosiguió leyendo”

… uno de esos castillos era de cantera azul…

“Como éste” pensó el Dragón.

… tenía tres torreones, el Bóreas, el Noto y el Aural…

“Este castillo es así” volvió a concluir el Dragón Insomnio.

… el Noto era un salón musical, el Bóreas albergaba una biblioteca y el aural un taller de costura en donde se diseñaban la telas y atuendos de todas las cortes y de todos los reinos…>

Todo coincidía: Los torreones, las arañas con gruesas candelas de la más fina cera; las gárgolas con lenguas viperinas; los fosos enlamados y atestados de salamandras azules y el Rey rodeado de esclavos color magenta y que, tenía una sola hija. ¡Ya estaba en el castillo de Bella Durmiente! sólo tenía que localizarla.

Subió hasta lo alto del Torreón Bóreas y oteando cada recoveco, localizó al Torreón Aural y se dijo: “Ahí y sólo ahí, debe estar Bella Durmiente, mirándose en los espejos, comprobando su belleza realzada por las telas hiladas por esclavas y metiéndose en los atuendos que las diseñadoras le confeccionan.


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Insomnio voló, llegó al Torreón Aural y comenzó por presentar sus respetos a Bella Durmiente. Ella preguntó:

–¿Qué venís a hacer aquí plebeyo?

–¿Plebeyo? No, no lo soy, tengo tanta sangre azul de dragón como vos la tenéis humana. Busco al sueño, su Serenidad.

–¿Sueño diurno o nocturno?

–Cualquiera de ellos Serenísima Princesa.

–¿Veis aquella muñeca de azúcar?

–La veo y la admiro su Serenidad: tiene vuestra estatura y reluce su piel como si tuviera la tuviera hecha con pedacería de perlas relucientes.

–Pues no es tal. El Hada del Confín engaña a cualquiera, a mí con una rueca, me hizo dormir largo tiempo, hasta que me besó el amor; esta muñeca es una persona y otra persona es aquella, esa que veis allá luciendo como miel petrificada. Son personas que no podían dormir y le pidieron al Hada del Confín que les enviara un adormecimiento.

–¡Oooh Princesa, excelsa Señora Mía! ¡Qué fatídicas palabras han llegado a mis oídos! Yo veía a implorar a Vuesa Serenidad que me dijese dónde encontrar a la tal Hada ¿Qué haré? Necesito dormir.

–Quedaos aquí, sed mi huésped esta noche, que mañana, a primera hora os presentaré con mi padre el Rey. Él sabrá cómo guiaros.

Degustaron puras exquisiteces: entrada de huevos de termita arriera en salsa de uvas inmaduras, con galletas de mijo verde; sopa de bellotas; carne de zarigüeya asada con guarnición de brotes de pingüicas y como postre, alitas de abejorro en su sangrienta miel.

Después, Bella Durmiente señaló una habitación para Insomnio y éste en un lecho de cojines de seda y olor a pino rojo…se quedó… DORMIDO.

¿Por qué Insomnio se durmió? porque estaba cansado, esta era la primera vez que trabajaba, que se dedicaba a algo. En toda su milenaria vida había sido sólo el hijito de papi… sí… Insomnio tenía la piel fresita.

Insomnio conoció al rey de aquellos lares e inmediatamente se acordó de pedirle la libertad de los esclavos. El rey, después de oír muchas súplicas y revisar documentos, concedió la libertad a todos los miembros de su corte y de todo el reino.

Esta situación recuerda a alguien, mejor dicho a algunos, pero no se sabe exactamente a cuáles de los mandatarios evoca ni de cuáles reinos, si alguno cercano o alguno muy, muy, requetemuy lejanísimo; en fin, quizás esto pueda ser aclarado en alguna otra ocasión, porque son muy pocos los mandatarios que no desean tener esclavos.

Insomnio hoy trabaja prendiendo y desazolvando chimeneas, las enciende con el fuego natural que producen sus fauces y las apaga tallando en las paredes sus escamas que ya no son sonrosadas, ahora se revistieron de belleza negra y son tan bellas que hay una ciudad mexicana que le erigió una estatua.

Primero se le erigió una estatua, pero con el tiempo se degradó y como los habitantes de aquel lugar la extrañaron muchísimo, le erigieron nada menos que cuatro, y las colocaron en la llamada Calle de los Héroes que Migraron hasta aquí.

Como ya pasaron cien años de aquellos encantamientos de la muñeca de azúcar y la de miel, ya resurgieron las personas que habitaban en ellas y ahora se dedican a modelar ropas femeninas en las pasarelas de Francia.

Por lo que se refiere al Hada de la Dormición, esa que habita en el Confín, ha sido localizada por satélite, cuando baja a los lechos de innumerables personas haraganas.

MORALEJA: Si deseas quedarte despierto para ver por las noches, todos los programas televisados, no trabajes.

Foto: Imagen de Stefan Keller en Pixabay

Hina Finck

Me llamo Hugolina G. Finck y Pastrana, me dicen Hina Finck. Soy mexicana y vivo en México.

Profesora, pedagoga y terapeuta en Educación Especial.

De siete años a la fecha escribo y envío mis producciones a los certámenes de los que tengo noticia. Ya tengo publicadas más de 850 obritas entre ensayos, narraciones, cuentos, poemas, etc.

De esto estoy muy orgullosa.

En algunos certámenes he salido finalista en otros seleccionada y en otros he triunfado como la mejor. En este último renglón estoy publicada con:

Les y Otras Yerbas; La Sirena varada; El Ojo de Uk; Concurso Literario de Micronarrativa; Revista Extrañas Noches de Literatura Visceral, con un cuento-narración; Editorial Vérbum con leyenda sobre Madrid; Buenos Aires BZ, un cuento de horror; Revista En Sentido Figurado con poema: Editorial Anuket, cuento.

No pararé hasta mirar una de mis novelas publicada o un poemario o una antología de cuentos. Esta es mi mayor ilusión.