Lun. Ago 10th, 2020

CRONISTAS ÓMICRON: El peón y el rey.

En Cronistas Ómicron: Arturo Yamani nos comparte su relato «El peón y el rey».

Por Arturo Yamani

No recordaba cómo había llegado, la concatenación de sus pasos, los escalones que hubo de subir o bajar, la dirección exacta en donde se encontraba, y si deseo estar ahí o no. El tablero era de una invisibilidad cristalina así mismo los trebejos que cualquiera que viera fijamente no podría más que ver sombras, pequeños, imperceptibles cambios de tono en el piso blanco (como una hoja de papel) iluminado por el techo que suponía se hallaba arriba pues no lograba distinguir donde terminaba y comenzaba la pared, la pared del suelo.

La partida comenzada no lo sorprendió tanto como el hecho de saber sin recordar haber movido ninguna la posición de cada pieza, también las del oponente (partenaire) y mientras analizaba las que considero “las suyas” una voz carente de matices o de rastro (procedencia) dijo -es tu turno de mover- y en efecto el número y la colocación añadido a un agudo sentido de la inducción confirmaron que le correspondía continuar aquel duelo, y este engullía su cerebro que no tuvo interés por resolver el misterio de su presencia en aquella habitación en donde no se divisaba puerta o ventana alguna, un páramo diáfano, falto de límites, e imperturbable, el mínimo soplo de viento habría sido perceptible.

La Torre avanzo capturando al Caballo de la Reyna y equilibrando la cifra a 9 por contendiente, esto lo hizo exento de una mano que la moviese. El caballo del Rey se movió Cb4 en postura de ataque, así contesto el enemigo en segundos, y un rayo cruzo por la cabeza de quien con las negras atañía competir (aunque claro eso no se podía decir con el uso de los sentidos), Af7 desde el instinto, jaque, un movimiento entonces para deshacerlo de parte de las Blancas, y luego nuestro amnésico lo tuvo donde lo quería, su opositor evadió cada una de las trampas, y revertió después de 13 movimientos. La contienda asomo al empate. Ninguno era un tonto redomado para efectuar un error que le diera la victoria al otro o un holgazán para rendirse prescindiendo del decoro, como mover al Rey dos escaques para descubrirlo, y cada uno esperaba eso, la terquedad de llevar esta situación hasta la ulterioridad, de eso trataba ese enfrentamiento, de resolver quien de ellos dos podía conducir más allá su pensamiento/mente en una sucesión quimérica de movimientos que predijese al otro, de eso trata el ajedrez.


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¿Tienes nombre? pregunto el de Las Negras. Tengo varios, elige el que más te agrade de entre todos los que hayas oído respondió el adversario de Las Blancas con una voz familiar que no terminaba de parecerse a la de alguien y con el acento exagerado. Te llamare Aleph dijo Kasai, que vio al sujeto con detenimiento ¿Por qué no lo hizo antes o es que no lo recordaba? Lo considero adecuado menciono este colocando la mano en la quijada oculta entre la barba canosa que llegaba al pecho, que escondía la boca que de seguro no articulaba para hablar. La nariz parva con su ángulo de 45 reluciente que invitaba a probar si era de acero como su apariencia sugería. Los ojos circunscritos en respectivas ojeras que se acentuaban debido al contraste de la piel lisa y blanca. El tono del iris era de un gris indiscernible de la esclerótica y la pupila en el centro no era un agujero por donde entrara la luz sino que la emanaba como un sol de xenón.

La cabellera también nívea le cubría las orejas y se acomodaba con elegancia por detrás de la espalda en ondulaciones simétricas. La frente ancha de tez como la de un bebe. ¿Qué edad tendrá? se formulaba para sí Kasai, setecientos setenta y siete de nuevo la voz de antes, con la diferencia que ahora era un bisbiseo mientras Aleph no pestañeaba siquiera en su labor de pensar observando en donde se supone debía estar el tablero, como se suponía que el concerniente solio de los dos se hallaba ahí debajo pero por las razones de su color la vista no discernía su presencia, aunque tampoco es que se sintiera apoyado encima de este, la comodidad agota a quienes piensan demasiado en demasiadas cosas para no pensar en lo concreto: vencer.

K recomenzó a2 y Aleph contesto con Ad5 x a2. K de nuevo h2 y esta vez א (alef) eligió no ir tras él y opto por Db5 como un Guepardo esperando el momento de correr.

K- ¿Alguna vez has perdido?

א –No.

K -¿Cómo es?

א -Aburrido.

K -¿Es como estar solo?

א no dijo nada con su voz que no necesita de desplazarse en forma de sonido para hacerse oír en la mente de K, pero alzo la cabeza e hinco su mirada en la de él, dejo de contar las victorias después de milenios buscando un digno rival, y lo encontró en aquel joven de 27 años biológicos, que ofreció dificultades y fue un verdadero desafío, le intrigaba el desenvolvimiento de este duelo, aun así no le generaba presión o angustia por una improbable derrota, cada ruta estaba analizada, computada, no cabía otro desenlace que el de siempre.

Kasai lo sabía, ninguna posibilidad remota de ganar, su contrario aguardaba, lo leía con idéntica facilidad que ejecutaba sus movimientos con la velocidad de un tenista de mesa. Ante aquel escenario lógico le quedaba lo aprendido de su contrincante. Pensó que lo había sorprendido tres veces con total claridad, cuando movió usando el instinto y fue más rápido que el, cuando se comportó de manera irracional e infantil, y cuando lo hizo desposeído de un plan o intención. El azar su arma contra el razonamiento preciso, su ventaja, saber que Aleph acechaba confiado en que actuaría con inteligencia. Conocer lo que va a pasar no requiere de coraje para efectuar el vuelo. Valiente es quien se lanza al abismo despojado de la certeza de poseer la facultad de volar.

Aa7 y Aleph de inmediato Te6, Kasai f6 y no altero a su imponente competidor que capturo al Caballo restante y tomo franco la ventaja posicional. Lo que siguió fue Dc4, no había engaño o su antagonista no podía verlo, lo que era absurdo, pues nada se le escapaba, así que decidido tomo a la Reyna. Continuaron los movimientos absurdos y Aleph siguió seguro y veloz, h1=Ac8, pero el de Las Blancas no podía ver que intentaba su Antagonista. Harto de la poca seriedad que mostraba K fabrico la movida que daría por terminada la guerra de dos mentes llevada a cabo en ningún lugar.

El Peón que se transformó en Alfil capturo a la Reyna, lo que ocurrió después, fueron despropósitos de El Rey por salvar la dignidad sacrificando a sus súbditos, abandonado en su incredulidad no vio venir el triple Jaque que lo inmovilizaba. Mate dijo Kasai temblando y a punto de hiperventilarse.

De pronto lo entendió con nitidez, como si la victoria le confiriera la verdad de su situación, lo recordaba o mejor sería decir que recordaba no recordarlo, como podría si no paso, no llego a ese lugar porque ese lugar no era real, no camino hasta ahí ni subió o bajo escalones porque jamás ha usado sus piernas para caminar, la dirección exacta de su ubicación es una bodega subterránea llena de capsulas cilíndricas de cristal grueso que contienen un líquido verde esmeralda, sumergido esta como otros millones en surco su cuerpo, cables y tubos lo sujetan, lo alimentan y lo estafan con una realidad que no es, que solo existe en su mente, todos estos años que su cuerpo paso de ser un embrión a un adulto. En el mundo afuera de ese cilindro, de esa bodega esta un desierto de piedra carbonizada y tormentas de viento cegadoras, lo que en la representación mediante circuitos eléctricos conectados al cerebro de cada cautivo es un azul bellísimo en realidad es un cielo de nubes negras que descarga en truenos incesantes todo el odio acumulado de los que una vez se consideraron los dueños de su destino. Afuera de esta mentira se halla la ausencia de cualquier signo del sueño humano.

El cilindro numerado 7-7-7 abrió su compuerta y el agua se desparramo en el suelo, el bulto que creyó llamarse Kasai rodo hasta una alcantarilla, le retiraron los cables y los tubos por donde comía, respiraba y excretaba, aquel cuerpo se sacudía y gemía, después de un rato dejo de hacerlo. Como saber lo que es sentir frio si nunca antes lo has sentido, si lo que creíste era sentir no lo es en verdad. Digamos que K sentía frio, y esa sensibilidad lo ocupaba todo en su ser. Te has ganado la libertad le dijo un androide sucio y esbelto que se agacho para verlo, la voz esta vez tenia origen, venia de arriba pensó K en un esfuerzo por concentrase, logro esforzándose separar los parpados y ver la imagen borrosa, tenía unas orejas alargadas y puntiagudas, o eso supuso que eran sus orejas. Veremos si sobrevives sentencio el androide, lo que no ocurrió, Kasai murió de inanición a los pocos días, no sin antes padecer terriblemente. La vida en los cilindros fue suspendida junto con el último aliento de K. En el silo indiscernible Aleph espera la mañana en que logre vencer (predecir) la inteligencia del hombre que enfrenta su miedo a volar.

Foto: Imagen de FelixMittermeier en Pixabay

Arturo Yamani

Mal jugador de Ajedrez, pero buen perdedor. Rockero de Espiritu, ya saben, de los que no usa vestimenta negra, que no tiene el cabello largo, perforaciones o tatuajes.

Flaco con pancita, despreocupado pleno de la marca de sus tenis, Neandertal respecto al uso de la tecnología, insomne de la lámpara encendida, portador de unos lentes como los de JEP, fumador hermético, portero imbatible en el equipo de mis amigos de la infancia, coleccionista de atardeceres en la azotea, oriundo de un Rancho, joven torpe, propietario de 17 cicatrices que prueban lo que soy, un sobreviviente.
Lector como mis abuelos, a los que no conocí. Cinéfilo y cocinero inventor de salsas y baguettes. Piloto de una Motocicleta Honda CRF250R. Demasiado franco para conservar amistades, pero que valora a quienes me soportan. Anticuado al grado de no lograr sostener ninguna relación sentimental. Imaginativo y realista. Terco y solitario. Callado y distraído. Despeinado creativo. Caminante pensante. Anarquista Utópico. Singular…7

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