Jue. Jul 9th, 2020

CRONISTAS ÓMICRON: La mente galática

Daniel Verón nos comparte su relato «La mente galática».

Por Daniel Verón

Los viajes de la Flota en aquella Cruzada Interestelar siguen y en esta ocasión arriban al planeta Cochero-10 para investigar la raza humanoide que vive allí. Como desciende un grupo más o menos numeroso, una parte acompaña a Gedeón Solar en su recorrida por la ciudad para contactarse con las autoridades y otro grupo se dedica al estudio científico. Sin embargo, lentamente los federales comienzas a observar algunos hechos extraños: en algunas partes hay como afiches de bellas mujeres, como si fueran buscadas. Otro hecho no menos enigmático es que son muy pocas las mujeres que encuentra; las pocas que han visto los miran con temor. Es así que queda claro que allí escasean las mujeres. Se trata de una sociedad adonde casi el 90% de los individuos son hombres.

Más tarde, una imprudencia hace que tres mujeres oficiales se separen del resto de los tripulantes. Se trata de las doctoras Coglan, Lima y Rek, jóvenes y bellas. Admirando ciertos aspectos de la ciudad, un par de cuadras después son capturadas por una especie de grupo comando y llevadas a la fuerza a una prisión. Con la ayuda de un traductor se enteran el motivo: han sido seleccionadas para enriquecer el patrimonio genético de la raza. Lógicamente ellas se niegan, pero la decisión ya está tomada por el Consejo Supremo. ¿Por qué han desaparecido las mujeres? Es muy simple: la mayoría han sido enviadas a las Guerras Mainéridas, esto es, contra el pueblo enemigo que habita el planeta. Los hombres de uno y otro bando han preferido mandarlas a ellas, con tal de sobrevivir. Por esta causa, ahora casi no hay mujeres para procrear y asegurar la descendencia.

Una vez enterado Gedeón de la situación, se prepara un plan para liberarlas, pero entonces tiene lugar un hecho inesperado. La doctora Rek toma la decisión de quedarse y de este modo lograr tomar el control de la situación. Hace que sus compañeras queden libres y vuelvan con sus colegas de a bordo y así evita una refriega armada. Ante el estupor de los hombres nativos, la doctora Rek hace llamar a las autoridades y les propone un nuevo plan: las pocas mujeres que quedan deben ser cuidadas y protegidas, no perseguidas. De esta manera estarán en condiciones de formar una familia y engendrar no una sola vez, sino muchas veces, y así asegurar la descendencia de la raza. Con el pueblo enemigo piensa hacer lo mismo, para que ya no haya guerras. En cuanto a ella, no tendrá inconvenientes en quedarse a controlar el proceso y, eventualmente, puede llegar a escoger un hombre para sí. Se hace la paz y la Flota de la Federación parte hacia nuevos destinos.

Ahora la Flota atraviesa una zona de “viscosidad cósmica” que afecta todos sus sistemas. Alternadamente dejan de funcionar sistemas vitales para la navegación y supervivencia, causando un temor general. La nave insignia experimenta sacudidas y los científicos tratan de revertir la causa. En un momento crítico, el almirante trata de enviar un mensaje de auxilio a otra de las innumerables flotas que recorren la zona central de la Galaxia pero, con gran sorpresa, advierten que la comunicación es imposible. Están, pues, perdidos en el espacio, sin saber dónde están e incomunicados.


Más sobre CRONISTA ÓMICRON


Aquí tienen lugar diversas escenas en donde los principales personajes dialogan sobre la situación. Enfrentados a una posibilidad cierta de perderse entre las millones de estrellas, cada uno toma la situación de una manera distinta. Extrañamente, un tripulante llamado Espertly, les infunda fe y confianza contra toda lógica, aunque sin hallar mucho eco. De pronto, una nubosidad se hace visible dentro del puente de mando y Gedeón escucha claramente las instrucciones que debe seguir para salir de la zona viscosa. Aún con incredulidad, sus compañeros le obedecen y, no sin esfuerzo, logran escapar de este sitio, empleando un método no convencional en donde los equipos son puestos a cero, en vez de estar al máximo. De este modo escapan y la nube se esfuma. Sobreviene el debate sobre quién los ha ayudado, hasta que alguien les recuerda que antes ya les han advertido que alguien, quizá la Mente Galáctica, los busca.

Después la Flota llega al planeta Melvis-14, otros de los tantos mundos que alojan razas similares a la terrestre, sólo que aquí se trata de una muy antigua, que ha practicado el vuelo espacial hace milenios, que ha conocido no sólo a los hombres de Altair, sino a los mismísimos terrestres. En efecto; hace mucho tiempo han visitado a algunas de las civilizaciones históricas que poblaron la Tierra. Tal es lo que les revela el sabio Félix a su llegada en su residencia personal. Sin embargo, Gedeón nota un trato muy curioso por parte de él y quienes les acompañan.

El almirante y sus oficiales recorren el planeta observando vagamente algunas semejanzas con la civilización terrestre. Un cruce con algunas personas los deja asombrados: un hombre, simplemente, no pueden creer que sean del lugar de donde dicen provenir; una mujer, en cambio, los abraza en una actitud más bien maternal. Esto es más acentuado con los provenientes del Sistema Solar que con los de otros mundos. Por fin, ya de noche, regresan a la residencia de Félix. Este les sirve una cena frugal a la luz de las estrellas, en su mansión. Gedeón finalmente le interroga sobre el por qué de tanto interés hacia ellos. La respuesta no puede ser más increíble:

    Los melvianos son “familiares” del hombre terrestre. Hace mucho tiempo, cuando visitaron Grecia, su constitución física les permitió mezclarse con los terrestres.

Y así la revelación continúa. Luego debieron afrontar diversas guerras globales en su mundo y abandonaron la práctica de los viajes espaciales. No obstante, sabían que un día los volverían a encontrar. Para los melvianos, ellos representan algo de lo más importante que han hecho en el Cosmos: dejaron su similla principalmente en la raza nórdica, que luego ha sido clave en la historia terrestre. De la Federación solamente se interesan en ellos. El final es emocionante. Con un apretón de manos se despiden prometiendo volver a verse. Gedeón les asegura que pueden contar con ellos cuantas veces lo necesiten.

Luego la Flota visita el planeta Pólux-6, un extraño mundo de características caleidoscópicas a causa de sucesivos “pisos de nubes” en la densa atmósfera. Aquí, superficie y nubes parecen confundirse y cierta clase de organismos, semejantes a colibríes, suben y bajan de un nivel a otro, formando colonias en diferentes lugares. Los científicos los estudian con interés por un hecho infrecuente: estos seres poseen dos diferentes tipos de conciencia: una personal y otra racial. Esta última se desarrolla de acuerdo con la edad y la experiencia.

No es esto todo, ya que se puede comprobar que estos niveles de conciencia varían de acuerdo con los pisos estratosféricos en que se encuentran. Cerca del suelo están los más simples en tanto que, más alto, están los más desarrollados. Todo esto es atentamente estudiado por los científicos y, finalmente, comunican sus resultados a Gedeón. Ellos han encontrado un símil con el espíritu humano y de otras razas, de acuerdo con el entorno en donde se mueven. También significa que ellos mismos han dejado atrás sus primeros pasos y que en la actualidad se aprestan a lograr una conciencia cósmica como raza.

Mientras tanto los federales arriban al sistema de la estrella Gamma-Virgo, uno de los más alejados del núcleo de la Galaxia. Desde allí, la inmensa mayoría de las estrellas se ven arracimadas en una sola dirección, hacia el E galáctico, y el resto es toda una negrura sin fin. Tal es el cielo que observan al descender en el planeta Virgo-10, un mundo gigantesco, vagamente parecido a la luna de Neptuno llamada Tritón. Gedeón y sus hombres recorren distintos puntos de la superficie sin hallar vestigio de vida. Se suceden las exploraciones  y cuando ya están por finalizar, los aparatos de la nave detectan algo así como una señal en una frecuencia extraña.

Todos se asombran, ya que por allí no parece existir nada vivo en muchos años-luz a la redonda. Se emplean toda clase de instrumentos para detectar el origen. La sorpresa no puede ser mayor. La señal proviene de una distancia como de 100 años-luz más lejos aún del borde galáctico. Sin embargo, fuera de toda duda, se trata de una señal inteligente. Alguien desea comunicarse con ellos.

Así la Flota emprende el viaje a las regiones más oscuras de la Galaxia, adonde ya no llega la luz de los millones de soles que resplandecen en el núcleo. Aún nuestro Sol y otros están demasiado lejos para ser visibles. Delante de ellos, el espacio se ve cruzado por ciertas bandas de color blanco como si flotaran dentro de algún gran océano. Los especialistas localizan de dónde proviene la señal y, poco después, ante la Flota se presenta una especie de esfera compuesta por materia oscura. Su diámetro es equivalente al de un pequeño planeta. Apenas verlo, el almirante comprende que es eso lo que los ha llamado de tan lejos.

A partir de allí, todo lo que puede llamarse comunicación se desarrolla en forma telepática. Una extraña voz intercepta sus pensamientos, logrando una especie de “empatía psíquica”. Lo que escuchan es realmente increíble. Aquello que tienen frente a sí es lo que muchas civilizaciones han imaginado como la Mente Galáctica. Se trata de un ser pensante, que parece haber existido siempre, que ha asistido, inmutable, al surgimiento y caída de miles de razas y civilizaciones a lo largo de la Galaxia. Los conoce perfectamente.

La Mente Galáctica les explica algo de lo que ha sido su vida. Evidentemente ha influido en la creación misma de diversas formas de vida en diferentes épocas de la Vía Láctea. Primero empleando las estrellas más antiguas y luego muchas de las que se ven actualmente. La Mente ha intervenido en la estructura misma de los sistemas planetarios, de acuerdo a los materiales disponibles. De este modo ha visto surgir infinidad de especies. Algunas han sido más capaces que otras y subsisten. La mayoría no. Aquí es donde aparece su interés por el ser humano. Este pertenece a alguno de los últimos experimentos que la Mente ha realizado. Es su mejor creación.

Aquí vuelve a repasarse todo lo que ha sido el surgimiento de la raza humana en la Galaxia. El hombre de Altair fue simplemente algo maravilloso. Parecía capaz de todo pero arrastraba en sí mismo fallas que ocasionarían luego su desaparición. Fue ayudado pero sólo hasta cierto punto. De todos modos, sentó las bases para lo que vendría más adelante. De él surgió, posteriormente, un desprendimiento que llegó a nuestro Sistema Solar, asentándose en el desaparecido Faetón. Esta civilización era mejor y aprovechó mucho de la experiencia de sus ancestros, pero tampoco era perfecta, hasta el punto de que causó su propia destrucción.

Ahora explicaremos el surgimiento del hombre terrestre en forma independiente a las otras razas, pese a algún contacto ocasional que tuvieron. En sus comienzos, el hombre terrestre falló y bien pudo desaparecer, pero la Mente Galáctica le amaba e intervino a su favor para que siguiera adelante. Surgió así un hombre renovado que fue capaz de grandes empresas. Pese a los vaivenes culturales, la raza prevaleció y así comenzó a captar algunos puntos elementales del Plan Maestro del Cosmos. Esto es lo que lo llevó al espacio, trasladándose primero a la Luna, luego a Marte y de allí al resto del Sistema y a las estrellas vecinas. Su destino era encontrarse un día con la Mente Galáctica. Ese día ha llegado.

La conversación se vuelve un poco más oscura. En toda la Galaxia no existen formas de vida que puedan superar lo que es el hombre. Sin embargo, la Mente no desecha las otras formas de vida sino que desea valerse del mismo hombre para unirlas. Este es el papel que realmente cumple la Federación, aunque ellos mismos no lo sepan. Les revela cómo proseguirá la evolución de la Galaxia. En el remoto futuro los seres vivientes no necesitarán ni la energía de las estrellas ni la seguridad que le ofrecen los planetas. El Universo entero está evolucionando hacia nuevas formas de energía y llegará un día en que nuestra Galaxia se convierta en un gigantesco organismo viviente. En él, cada raza cumplirá un papel, como lo cumplen los miembros y órganos de un cuerpo. Entonces, es el ser humano quien debe marcar el camino que seguirán otros.

A continuación, el almirante interroga sobre las demás galaxias. La Mente Galáctica posee su propio lenguaje para describir lo que hay más allá. Para la Mente, el Grupo Local es todo un conjunto de galaxias muy similares, en donde prevalecen condiciones parecidas para cada una. El gran interrogante empieza cuando se consideran distancias que vayan más allá del Grupo Local de galaxias; en otras palabras, cuando se sale de la gota de agua en que estamos inmersos. Falta ver si hay otras gotas o no. Pese a ello, la Mente está en contacto con otras criaturas parecidas a ella. No son iguales, porque todo depende de la evolución específica de cada galaxia. Ella ha tenido inteligencia desde un principio. En el vasto mar galáctico cabe esperar un sinnúmero de variantes. Si existen Mentes en muchas regiones, es probable que estén cumpliendo una función de supervisión respecto a la vida en el Universo. El motivo es que la vida no consiste en un azar, sino en un propósito que debe ser sabiamente encaminado.

Por último, se efectúa la despedida. Las palabras finales de la Mente Galáctica es, que la raza humana debe continuar cumpliendo su papel clave en el Cosmos. Más allá de aquella negrura sin fin que los rodea, la vida bulle en millones de galaxias como granos de arena en una playa. El propósito de su empresa no debe ser la conquista sino llevar la antorcha de algo tan precioso como la civilización, la cultura, la trascendencia, a miríadas de mundos que esperan en la noche estelar… Abrumado ante tanta revelación, Gedeón agradece en nombre de todos los hombres que han vivido y que viven y, como un hijo ante su padre, promete cumplir con lo que le ha sido encomendado. Así es como la Flota parte hacia su próximo destino.

Foto: Imagen de Christopher Keough en Pixabay

Daniel Verón

 Argentino. Tengo 62 años, recibido en filosofía en la uba, soy profesor de teología, doy charlas sobre ciencia ficción y expongo mi libro que es una novela de casi 300 págs. de ciencia ficción. Lo expongo en ferias del libro por todo el país.


Anuncio