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Mar. Dic 10th, 2019

CRONISTAS ÓMICRON: GLITCH 2ª parte

T.A Llopis nos manda su estupendo relato «Glitch» en su segunda parte.

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Por T.A Llopis

3-

Hace unas pocas décadas, a principios del año 2020, el chip Pentium más avanzado tenía una gigantesca lámina de silicio con veinte átomos de espesor. Un verdadero armatoste pesado y absurdamente grueso para los estándares actuales, en que los científicos han alcanzado la cifra de cuatro átomos para los recientes ordenadores domésticos, consiguiendo (en comparación) una potencia colosal que augura el principio del fin para la era de las láminas de silicio.

Pero el ordenador cuántico de la universidad, es algo totalmente distinto. No tenía nada de silicio y mucho menos de doméstico. Se trata de una bestia única y poderosa capaz de factorizar una cifra con un centenar de dígitos en segundos, cuando sus antecesores más inmediatos habrían necesitado siglos. Una herramienta de esta potencia, podría desestabilizar bancos, empresas, e incluso naciones, pudiendo hallar códigos de alta seguridad en un abrir y cerrar de ojos, por lo que el decano debía firmar una petición de uso para fines explícitamente científicos que valieran la pena y mandarla a la delegación del gobierno para que le dieran el visto bueno. Por si esto fuera poco, se trataba de una máquina increíblemente delicada y compleja. La intromisión de una simple mota de polvo en su interior, podría hacer que el ordenador cuántico perdiera su coherencia física, dejándolo inservible.

En resumen, la máquina más extraordinaria y potente que existe, debe ser mantenida bajo medidas de seguridad y aislamiento estrictamente severas.


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Y sin embargo, ahí estaba Elena. La luz roja de alarma invadía el lugar, pero ella ignoró esta clara alerta de peligro, así como los estridentes avisos de megafonía que invitaban a evacuar el campus. Ella siguió avanzando sin ningún impedimento por el pasillo extrañamente desierto y sin los habituales guardias armados, directa al área de desinfección previa a la sala del ordenador cuántico. Mientras caminaba con paso decidido, maldecía el nombre de Jim sin parar, mascullando entre dientes como si masticara el nombre.

Sin embargo, su expresión no era de rabia, sino que sus rasgos femeninos estaban deformados por una sonrisa desquiciada. De palabra, le deseaba a su joven alumno todos los males, pero en su fuero interno le estaba agradecida por tener una mente tan brillante y descubrir la aplicación del número de Planck a la teoría de la simulación.

Aquel joven cándido le había abierto la puerta a la victoria. Elena estaba más cerca que nunca de lograr su más ansiado deseo. Usó la tarjeta robada en el lector de la puerta, y entró sin más en una pequeña cámara que se quedó herméticamente cerrada. El programa de desinfección se inició automáticamente. Ya no se oían los avisos de emergencia, que fueron sustituidos por un mensaje de voz pregrabado.

-Desnúdese totalmente, por favor. Deje sus efectos personales y ropas en la taquilla a su izquierda antes de seguir.

Mecánicamente, Elena se desnudó completamente, mientras recordaba con total nitidez.

Cuando un ordenador corriente trata de cargar una gran cantidad de datos en poco tiempo” repitió la voz de Jim en su cabeza.  “A veces ocurre un “fallo” durante el ajuste de la imagen, la cual se cuelga, se distorsiona. Es lo que técnicamente se conoce como “glitch”. Y cuando se da este proceso en nuestro entorno, según la teoría de la simulación, se produce un “reality glitch”.”

-Ay Jim, pobre y estúpido Jim, genio cobarde y nenaza. No sabes hasta que punto tienes razón.

Y es que años antes de ser conocida como la profesora Elena Aldanne, era solo Elena, la más grande admiradora del profesor Aldanne. Doctorado en ingeniería informática, cosmología, matemáticas, y física, aquél hombre era su mundo, su obsesión, su dios al que amar y reverenciar, total y acríticamente. Un genio destinado a recrear el mayor Big Bang artificial, con el cual respondería a todas las grandes preguntas de la física y el cosmos.

Pero algo imprevisto ocurrió cuando el profesor Aldanne logró su objetivo.

Cuando aquel cosmos diminuto se creó inmediatamente de la nada, en el programa informático que es la realidad, se implantó una enorme subrealidad. Como consecuencia, se introdujeron muchos, demasiados, datos en poco tiempo dentro de nuestro universo simulado. Los cuerpos de los dos Aldanne se “fragmentaron” momentáneamente en paquetes de bits. Y al restablecerse de nuevo la imagen, los fragmentos, simplemente, no encajaron correctamente.

Volviendo al presente, Elena se quedó contemplando la cicatriz en su deformidad al final de las piernas. Los dedos estaban desplazados dos centímetros hacía afuera respecto al resto del pie, y eso fue todo. Pero el profesor Aldanne, al estar más cerca del incidente que ocasionó el glitch, no tuvo tanta suerte. Solo dos de los múltiples paquetes de bits en que se descompuso su cuerpo se reajustaron en el lugar correcto, quedando reducido a una amalgama muerta y amorfa de trozos aleatoriamente pegados entre sí. Así es como Elena sabía perfectamente que la realidad era una simulación informática imperfecta llena de datos corruptos. Porque había visto un “reality glitch” con sus propios ojos.

Un haz de luz láser de baja potencia recorrió las curvas de su cuerpo desnudo, desinfectándolo con mayor efectividad que cualquier otro sistema conocido. En una mano sujetaba el DACU, o “Dispositivo Aldanne Contenedor de Universos”,  un pequeño recipiente estanco en dónde brillaban las incontables estrellas y cuerpos celestes que el difunto profesor había creado. En la otra mano, Aldanne sostenía un explosivo casero pero de gran potencia que, si todo salía según lo previsto, pensaba meter por el culo a aquel dios informático chapucero que les había creado en aquella simulación de la realidad tan imperfecta.

Tal y como supuso que pasaría, cuando el programa de desinfección identificó los elementos inorgánicos que Elena llevaba consigo, la voz pregrabada emitió toda una retahíla de avisos y consejos sobre los objetos traídos del exterior.  Un segundo haz láser levemente más potente recorrió a Elena, que sentía un hormigueo de calor por toda la piel, y a los dos objetos que llevaba consigo. Al apagarse el laser, ante ella se abrió la compuerta a una segunda cámara, totalmente esterilizada y más amplia. Se puso uno de los muchos trajes de vacío pulcramente colocados por tallas en una repisa, los cuales estaban diseñados de modo que uno mismo se lo pudiera poner sin ayuda. Sin embargo, apestaban a plástico, además de tener un tacto frío y desagradable sobre la piel desnuda. Tan pronto se encajó uno de los cascos de plástico transparente que había en otra repisa, la calefacción y el oxígeno del traje se pusieron en funcionamiento automáticamente. Finalmente, accedió a la cámara del ordenador cuántico.

Aparte de su respiración, no podía escuchar ningún otro sonido.

Estaba dentro de un cilindro gigantesco, vacio, de superficie pulida, tenuemente iluminado y perfectamente pulcro. Caminó sobre un puente metálico, al final del mismo estaba el panel de control del ordenador cuántico. El enorme monitor que había en la pared de enfrente se encendió solo, escribiendo una frase de bienvenida.

-BIENVENIDO/A. ¿CON QUIEN TENGO EL PLACER DE TRABAJAR HOY? INTRODUZCA UN NOMBRE CON EL QUE PODER DIRIGIRME A USTED.

Elena ignoró la cortesía de la máquina y empezó a trabajar de inmediato, calculando toda la materia que existe en el universo y dividiendo la cifra obtenida por el número de Planck (6’63×10 elevado a -34) para pasarlo a bits, siguiendo la teoría de Jim. Luego hizo las mismas operaciones con el pequeño universo, lleno de puntos brillantes en la oscuridad insondable del DACU. Al comparar ambos resultados entre sí, estos eran proporcionales, de modo que la realidad simulada en dónde vivían era un múltiplo numérico exacto de todo lo contenido en el DACU. Elena tenía un recordatorio constante en sus pies de que viven en una realidad creada digitalmente, ahora además, tenía la confirmación científica y matemática de tal hecho ante sus ojos. Y no solo eso, sino la demostración de que su propia realidad era una capa intermedia.

Elena hizo otra consulta, y el monitor mostró nuevos datos casi al momento.  El ordenador cuántico confirmaba la viabilidad de su plan. Sonriendo, se acercó al límite del precipicio que se abría ante sus ojos, dejó la bomba en el suelo, y, usando ambos brazos, levantó el contenedor del pequeño cosmos artificial por encima de su cabeza con evidente intención de romperlo.

-¡Deténgase!

Jim entró corriendo en la sala. Dentro del traje de vacío, su cuerpo blanco y desnudo, sujetaba un revolver robado a un guarda de seguridad herido.

-Por favor, no lo haga. Esto ha ido demasiado lejos.

Antes de que Elena pudiera moverse, Jim levantó el brazo y la apuntó con el arma.

-El…el campus. Todo está en llamas. Cuando me pidió que lo hiciera para distraer a los guardas, pensé que era para no arriesgarse a que la detuvieran a usted, que no sería capaz de hacerlo si yo me negaba.

Elena relajó los brazos.

-Pues, te equivocaste.

-El fuego ha alcanzado las residencias de estudiantes, hay heridos, ahogados por el humo. ¡Creo que algunos se han quemado vivos, o asfixiado!

-Contaba con ello.

Jim respiraba entre jadeos, estaba al borde del pánico, pero no bajó el arma.

-¡Hay un incendio en la facultad de física, hay pequeños reactores nucleares en uno de los laboratorios!. La radiación…

-Oh si, querido. Radiación. En cuanto los reactores superen la temperatura crítica se producirá una fisura, puede que incluso una fisión de los núcleos. Entonces sí que habrá muertos.

-¿¡Porqué!?

-La gravedad de una distracción es directamente proporcional a su efectividad. Eso es hacer las cosas bien, Jim. Aprende.

-No lo entiendo.

Elena no dijo nada, simplemente esperó que Jim viera los datos en la pantalla del ordenador cuántico, reconociera que era el DACU, y atara cabos por sí mismo. Cuando Jim lo hizo, sus ojos se centraron en el explosivo que Elena tenía en el suelo, y el rostro del muchacho palideció aún más.

-Si rompe el contenedor y el cosmos artificial se dispersa, se enfriará, morirá, y desintegrará. Al desaparecer, creará un vacio de datos masivo en la simulación dónde vivimos, un agujero en nuestra realidad que podría llevar a la capa superior.

-Sobresaliente.

Y Elena lanzó el DACU al abismo.

CONTINÚA EN EL PRÓXIMO NÚMERO «GLITCH 3ª PARTE» Y ÚLTIMA

Nota

Anteriormente se publicó en la web «elclubdelafabula.com» y su revista «Rebelión Galáctica»

Foto: Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

T.A.Llopis

Podríamos comentar lo típico en estos casos. Que nací en Menorca el 25 de agosto de 1981, y a partir de aquí elaborar un extenso currículum tirando a pesado que realmente no es muy interesante y que podríamos resumir en tres puntos: entré como voluntario en la Cruz Roja tan pronto tuve la edad, que estudié y trabajé en terapias naturales y como auxiliar de enfermería, y por último que viví en Barcelona, luego en Murcia, de vuelta a Menorca, y ahora Barcelona otra vez. Y ya está, esta es la parte aburrida.

Aunque bueno, en algún momento de todo lo anterior conocí a mi mejor amiga y actual compañera de vida, tan aburrido no sería.

Lo realmente bueno, empezó cuando apenas tenía siete años… puede que incluso antes.  En pocas palabras, descubrí que me encantaba leer.

De algo tan “simple” surgió el placer de imaginar historias y escribirlas. Parece poca cosa, pero… ¡ahí es donde empezó todo!, porque he estado escribiendo casi toda la vida desde entonces, por el simple placer de hacerlo.

Hasta que pensé: “¿y si comparto esto con otros?”.

Desde entonces, publiqué en ciao.es, elojodeuk.com, y la revista “Rebelión Galáctica”.

Ah, y estoy escribiendo una novela.


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