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Mar. Dic 10th, 2019

CRONISTAS ÓMICRON: Dinosaurio

Marisol Utreras nos comparte su relato «Dinosaurio».

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Por Marisol Utreras Guerra

(En homenaje al inolvidable microcuento de Augusto Monterroso)

Se restregó los ojos una y otra vez, había sido muy claro en su petición, borrar para siempre el tatuaje de hiperrealidad grabado en su antebrazo izquierdo, producto de una junta con unos tragos de más; todos querían probar la novedad del momento, tatuajes que parecían tener vida propia, y así el Gordo se tatuó la más hermosa de las sirenas, que ondulante y misteriosa lo acompañaría en sus largas noches onanistas susurrándole marítimas palabras de amor. El Chino eligió un samurái de movimientos exactos, en honor a sus antepasados japoneses, aunque  indefectiblemente terminaban llamándole “El Chino”, a pesar de todas sus explicaciones. 

Cuando H. eligió el dinosaurio, lo miraron con cierto asombro, ya que la finalidad del tatuaje hiperrealista era tener un compañero (o bien como el Gordo, una compañera) para poder interactuar con él, conversar, reír o pasar las penas, en medio de tanta soledad, de hecho les costaba mucho juntarse  los tres, era muy de tarde en tarde, porque movilizarse por la ciudad de un extremo a otro, era más difícil que viajar a otro país, y los departamentos cada vez más pequeños, ya parecían armarios  en vez de un lugar donde pudiera tenerse una vida más o menos normal, como la de antes, ya sabes.

Pero H. se empecinó con el bicho, y ya ni siquiera estaba tan borracho, el robot tatuador cumplió con recitarle el protocolo, preguntándole tres veces si estaba seguro de su elección. Las tres veces dijo sí con voz resuelta, en recuerdo a su afición por los grandes saurios desde que era niño.


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Después, cada uno tomó su camino, Gordo se lamía con fruición el antebrazo, mientras se escuchaban ciertos grititos que parecían de placer, el Chino iba ya practicando su rudimentario japonés con el nuevo amigo; pero H. parado en medio de la vereda, sentía la horrible aspereza de las escamas -que no eran suaves y lujuriosas como las de Sirena, valga la aclaración- y esos ojos reptilianos aterradores, que cada vez lo miraban con más encono, como si él le hubiera hecho algún daño, porque  nunca convivieron humanos con dinosaurios ¿verdad? Pero el dinosaurio lo miraba con un odio más antiguo que las piedras, y después sintió que algo lo hería por dentro, escarbándole su antebrazo como si quisiera desenterrar algún secreto.

Ahí empezó su tortura, no había forma de que el dinosaurio estuviera tranquilo, siempre gruñendo, arañando y odiando, hasta que al cabo de una semana recurrió al robot borrador de tatuajes,  donde tuvo que pagar una pequeña fortuna para revertir un proceso tan reciente, no importaba, estaba dispuesto a todo, con su voz metálica le advirtió que a veces el proceso fracasaba porque el tatuaje se oponía a ser borrado, pero eso solía suceder con figuras humanas que se independizaban demasiado de su portador, H. asintió y cerró los ojos esperando que la dulce anestesia le diera un par de horas de paz. No fue así, aterrado vio cómo el dinosaurio había destruido al robot tatuador, dejándolo convertido en una chatarra humeante, y volvió su cara maligna hacia él, por última vez, antes que el antebrazo cayera separado para siempre, con un certero golpe de lata chamuscada.

Foto: Imagen de Eric Labayle en Pixabay

Marisol Utreras Guerra

Nacida en Valparaíso (Chile) el 31 de mayo de 1968. Ingeniera en Administración de Empresas, divide su amor por la literatura entre la ciencia ficción y la poesía, participando activamente -desde 1988-  en conversatorios, presentaciones de libros y recitales poéticos en los diversos círculos culturales de su ciudad. Admiradora y defensora de la lengua castellana, su poesía se centra en el Ser Humano: sus ansias, angustias y devenires dentro de un mundo que se desmorona, lo cual responde a una clara influencia distópica, vertiente de la ciencia ficción de la cual es admiradora y estudiosa. Actualmente se encuentra cursando el Máster de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Salamanca, período 2019 – 2021. En sus ratos libres estudia latín.


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1 pensamiento sobre “CRONISTAS ÓMICRON: Dinosaurio

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