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dom. Sep 22nd, 2019

HÉROES ÓMICRON: Stanley Weinbaum

Ronny Barrios nos comparte su artículo sobre es escritor Stanley Weinbaum.

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Por Ronny Barrios

Leer a Stanley Weinbaum implicó para mí una grata sorpresa, al descubrir un autor que va más allá de la ingenua ciencia ficción que esperaba encontrar en un colaborador de revistas pulp de los años treinta. Aunque sus tópicos puedan resultar naif hoy en día, héroe intrépido que rescata a la ingenua y hermosa mujer en peligro, quien agradecida se casa con él; la naturaleza vista como un botín a conquistar de la forma más pragmática posible, un telón de fondo para que el héroe demuestra su hombría; hay en la forma de narrar de Weinbaum una deuda con el surrealismo, pues sus paisajes y los seres que los pueblan se suceden por acumulación, en un imaginativo intento de desligarse de la zoología fantástica al uso.

Stanley Grauman Weinbaum (4 de abril de 1902-14 de diciembre de 1935) empezó estudios de ingeniería química y literatura, pero no concluyó. En su corta existencia, truncada por el cáncer, no sólo escribió sobre ciencia ficción, pero fue en este género donde marcó un antes y un después. Aunque los críticos no se ponen de acuerdo en considerarlo un gran autor, su influencia en el género es indiscutible, dado que Weinbaum vislumbró la existencia de formas de vida que no respondían enteramente a la lógica terrestre, permitiéndo a la ciencia ficción avanzar en este tema.


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Sin entrar en detalles de las tramas, bastante simples hay que decirlo, dejo las impresiones que me han causado sus narraciones.

Una odisea marciana, Editorial MOAI

Una Odisea Marciana (A Martian Odyssey, 1934) y El Valle de los Sueños (Valley of Dreams, 1934) Ambientados en un planeta Marte de psicodelia biológica, estos dos relatos tiene la peculiaridad de mostrar la vida alienígena de una manera original, nada de hombrecitos verdegrises en son de conquista o en procura de lograr que el ser humano alcance la trascendencia, como es habitual cuando de marcianos se trata, sino de los últimos remanentes de una vida evolucionada en un planeta que se apaga debido a la falta de combustibles y energía, pero tan vitales, tan lógicos en su propia evolución, como inquietantes a fuerza de resultar extraños para la psique humana.

Máxima Adaptabilidad (The Adaptative Ultimate, 1935) Una mutación lograda en el laboratorio, convierte a una moribunda en una femme fatale, una vampiresa capaz de seducir a medio mundo con tal de alcanzar sus objetivos, obviando todo código moral, como si la conciencia, el bien común, fueran lastres que los mediocres seres humanos de todos los días debemos soportar, incluso en contra del más básico de los instintos, el de supervivencia.

Las gafas de Pigmalión (Pygmalion’s Spectacles, 1935): La tecnología como puente para acceder a otras realidades, un planteamiento que la ciencia ficción ha venido realizando desde sus inicios, me atrevo a decir. Con lo que no contaron ninguno de los autores clásicos que incursionaron en el tema, es que lo peor de la virtualidad, el simulacro y la fluidez líquida en las relaciones, se trasladaría al otro lado de las pantallas, infectaría la realidad misma con su relatividad, convertiría el tiempo en inmediatez sin historia y la comunicación en intercambio de imágenes, hasta el punto en que Galatea no sería la realización de vida de Pigmalión sino una más en una lista de contactos, un holograma al que ningún dios otorgaría vida.

Mares Cambiantes (Shifting Seas, 1937) Una amena historia acerca de cómo todos los seres humanos estamos conectados en esta pecera que llamamos Tierra, y cómo cualquier cambio que en ella ocurre repercute más allá de fronteras, creencias y todo lo demás.

Los Mundos «Si» (The Worlds of If, 1935) Algunas teorías niegan la posibilidad del viaje en el tiempo, encadenándonos a los más profundos temores del paso del tiempo y la degradación, amén del profundo terror que nos invade ante la muerte. Pero si en lugar de viajar en el tiempo, pudiéramos contemplar en las aguas aún más inquietas de las consecuencias de las decisiones que nunca tomamos, como si nos fuera permitido caminar por el jardín de los senderos que se bifurcan, quizás ese espejo llevaría a la desesperación y ese jardín se tornaría en laberinto.

La Luna Loca (The Mad Moon, 1935) Otro cuento en el que encontramos las constantes de la narrativa de Weinbaum: el tipo duro e intrépido que se enfrenta a la naturaleza agreste del espacio exterior por algo de dinero, del que sin embargo es capaz de renunciar en pro del amor de una chica que, aunque igual de intrépida que él, se ve superada por la naturaleza desaforada de los planetas del sistema solar y debe ser rescatada; la fauna-flora exuberante, pues en estos mundos no existe diferenciación entre unos y otros, enfrentándose al hombre que no invade sino que explora y explota, con total dejadez pues carecen de cualquier otra voluntad que no sea el apetito más básico; por supuesto un final feliz entre la pareja protagonista, algo que a mí me resulta ingenuo, pero parece que a Weinbaum le funcionaba de maravilla. Uno de los personajes alienígenas: una especie de gato de Chesire que habla en enigmas.

Rescate de un Secreto (Redemption Cairn, 1936): Una aventura que se desliga de las temáticas biológicas para centrarse más en la space opera, con asesinos y celadas y el rescate de la damisela en peligro.

El Ideal (The Ideal, 1935) El científico loco van Manderpootz construye una máquina capaz de mostrar el ideal último de una mente; la belleza absoluta, lo siniestro freudiano, expuestos a través de una pantalla. Una vez más, Weinbaum erró el tiro, las pantallas actuales no muestran más que lo banal.

La Isla de Proteo (Proteus Island, 1936) Una vez más el interés biológico de Weinbaum se ve reflejado en una isla del Pacífico donde experimentos genéticos han creado una flora y una fauna únicas, con claras reminiscencias de La Isla del doctor Moreau, condimentada con los típicos rasgos de su autor: una damisela en peligro y un explorador con nervios de acero capaz de rescatarla.

El planeta de los parásitos (Parasite Planet, 1935): En uno de los tomos de lo mejor de la ciencia ficción clásica, Isaac Asimov presentaba este cuento como una joya del género, y no desencaminaba para nada; la trepidante narración nos introduce a un ecosistema tan llamativo que sólo puedo compararlo con el creado por Frank Herbert en Duna, con la diferencia que en Arrakis todo es contención y ahorro, mientras en el planeta Venus de Weinbaum es exuberancia y floración incontenida.

Lotófagos (The Lotus Eaters, 1935) En Lotófagos volvemos a encontrar a los protagonistas de Parasite Planet, Ham y Pat, quienes ahora casados continúan la exploración de Venus; pero mientras en el cuento anterior todo era aventura, en este hay un punto de oscura inflexión, de desesperada reflexión, cuando los exploradores tropiezan con una especie tan inteligente que ha renunciado a todo locomoción y decisión, para dedicarse a una contemplación tan intensa que los aboca a su propia desaparición.

Fotos: Project Gutenberg Australia / Moai ediciones

Ronnys Barrios

Cartagena De Indias, Colombia (1979). Desde pequeño me ha interesado la ciencia ficción y la fantasía, primero a través del cine, en películas como Star Wars, El Planeta de los Simios, Terminator o Mad Max, pero también Leyenda, Willow, Conan y El Señor de las Bestias, además de series televisivas tanto animadas como en imagen real. Ya en la adolescencia pude acceder a los clásicos de Julio Verne, a las ficciones pulp de las novelas de bolsillo españolas, y más tarde a la ciencia ficción más elaborada, al terror cósmico y a la fantasía más elaborada. Entre mis muchos intentos de crear mi propio mundo de fantasía y ficción, me he decantado más por el relato corto, ya que me permite condensar más las ideas trabajar en un estilo más preciso en el que cada frase debe ser sopesada y estar en armonía con el conjunto.


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1 pensamiento sobre “HÉROES ÓMICRON: Stanley Weinbaum

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