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sáb. Jul 20th, 2019

HISTÓMICRON:George Romero, la épica de los zombies.

Desde España, Francisco Segovia nos trae un artículo sobre la obra de George Romero y los zombies.

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Por Francisco José Segovia Ramos

No se confunda nadie: las películas de muertos vivientes de George Romero no son de terror, entendido como “miedo intenso”, sino de puro horror, eso que el diccionario define como “sentimiento de gran miedo y repulsión causado por algo terrible o repugnante”. El director neoyorquino no pretende asustar sin más al espectador sino revolverle el estómago y atizarle en el cerebro con la idea de que la sociedad en la que vive tal vez esté a un paso, si no lo está ya, de ser dominada por muertos vivientes.


Esa es la grandísima aportación de Romero al cine de género: su capacidad de entroncar la crítica social más ácida y corrosiva con el horror subyacente en la consciencia colectiva. Los zombis, esos muertos que no lo están y que vuelven para devorar a los vivos, son el trasunto de una sociedad consumista, monótona e insolidaria.


Su filmografía, no muy extensa con respecto a otros directores, es, sin embargo, una mina deliciosa para el amante del género de terror. Es, sin embargo, en su media docena de películas de zombis (pretendía rodar dos más, pero su fallecimiento nos privó de ellas), donde Romero trabaja con habilidad esas características propias y reconocibles a cualquier que se acerque a su cine.


Seis películas que, en conjunto, componen un entramado coherente, divertido e hipnótico en el que los muertos vivientes escriben su propia epopeya, a similitud de los héroes griegos. Epopeya que, por otro parte, incluye a sus enemigos o víctimas, humanos que quieren seguir siéndolo y que lucharán por no convertirse en esos seres aletargados y de instintos primarios que recorren las calles de un mundo desolado. Hablaremos de ellas, y las referiremos por su título en inglés, aunque las notas a pie de página indican su traducción al castellano en España.


George Romero inicia su particular punto de partida con una película mítica, y no solo del género de terror: Night of the living dead, del año 1968, elaborada con pocos medios, en blanco y negro y con actores y actrices aficionados. Lo que se rodó como un mero entretenimiento, una forma de divertirse durante unos días en mitad del agreste campo, terminó por convertirse en un referente del género que abrió el cine a nuevas formas de describir el horror.


Ya en este primer acercamiento al séptimo arte, Romero da muchas de las pautas y características que veremos en sus películas posteriores.


Así, su protagonista, un hombre negro, será el líder de la lucha contra los zombis (a los que en ningún momento se les llama con ese nombre), y se enfrentará a blancos y mujeres con decisión, haciendo cómplice al espectador de su honrosa lid contra los muertos vivientes. Y esto se rueda en 1968, cuando los derechos civiles de los afroamericanos todavía no estaban reconocidos y Martin Luther King luchaba por ellos contra una sociedad racista y discriminatoria.


Esto mismo sucede en la segunda entrega, Dawn of the dead, rodada en el año 1978, con un policía negro que, además, será uno de los dos únicos supervivientes. En Land of the dead, también hay un afroamericano protagonista, aunque esta vez es… el caudillo de los zombis. Curiosa manera de cambiar las tornas y dar una vuelta de tuerca a las historias de Romero.


Por supuesto, y sabiendo que George Romero tiene ascendencia hispana, tampoco faltan personajes latinos, tal y como se advierte en Day of the dead, del año 1985, y en la referida Land of the dead.


También las mujeres tienen un papel importantísimo en su filmografía. No se limitan a correr y gritar sin más (exceptuando la primera entrega, Nigth of the living dead), sino que se convierten en protagonistas de cada una de sus películas, bien como médicas enfrentadas a militares enloquecidos, en Day of the dead, como embarazadas que, a pesar de las circunstancias, deciden tener a su hijo y sobrevivir con él, en Dawn of the dead, prostitutas que se redimen, en Land of the dead, o se enfrentan a los hombres ensoberbecidos de Diary of the dead (2007) o Survival of the dead (2010).


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Protagonistas, hombres y mujeres, que lucharán con más o menos éxito para alcanzar, si viven, una relativa paz y seguridad, ya sea en una isla perdida, navegando en un yate por el mar, surcando los cielos en un helicóptero hacia nadie sabe dónde, o viajando en un vehículo acorazado hacia Canadá.


Por otro lado, también hay que destacar los entornos en los que Romero desarrolla sus historias, casi siempre cerrados, claustrofóbicos y atrayentes por la simple razón de que es en estos donde el horror adquiere más fuerza y hay menos posibilidades de escapar de él.


Desde la casita de Nigth of the living dead, hasta la isla habitada por unos pocos habitantes, de la última película, Survival of the dead, nos encontraremos entornos limitados, aunque de diferente envergadura; granjas, una gran superficie comercial, un búnker subterráneo, una ciudad aislada y rodeada de muros y agua, hospitales, y una isla medio desierta. No hay manera segura de huir de ninguno de esos sitios a no ser que se quiera jugar con la propia vida y caer en manos de los siempre hambrientos muertos vivientes. Son entornos rurales, urbanos, amplios en ocasiones pero, siempre, son una cárcel para los hombres y mujeres que deambulan por ellos. Solo podrán sobrevivir, no porque se refugien entre sus paredes (algo que recoge muy bien la serie The Walking Dead, deudora de Romero hasta la médula), sino, precisamente, porque salen de ellas y buscan otros sitios donde continuar sus vidas.


Así, si el protagonista de la primera película muere cuando se asoma por una de las ventanas de la granja donde se refugia (su cárcel hasta ese momento), en el resto, los supervivientes traspasan esa frontera que los protege, pero que también los encarcela, y huyen con helicópteros, yates o blindados hacia un lugar indefinido pero con la esperanza de que hay un mundo mejor que el que dejan atrás.

Amén de ese entorno cerrado, de esos personajes carismáticos y bien definidos de sus películas, la filmografía de Romero, como ya se ha indicado, es ácida y tiene un contenido crítico y contundente contra una sociedad pagada de sí misma y devorada por el consumismo.

Estos componentes, y muchos más, se descubren, a poco que el espectador esté avisado, en cada entrega. La insolidaridad prima, la mayoría de las ocasiones, sobre el bien común, y no resulta forzada. Más aún, se es consciente de que, en situaciones similares, muchos actuarían así. El protagonista de Nigth of the living dead, dispara contra su indefenso adversario porque este no hace más que poner trabas a la defensa contra los zombis; en Day of the dead, el enfrentamiento entre la científica y el jefe de los militares es el hilo conductor de la trama; en Diary of the dead, también se producen choques entre los diferentes personajes de la película. Esta insolidaridad, esta lucha por el poder y la vida a costa de lo que sea, se acrecienta más en Land of the dead, donde, incluso, se establecen clases sociales muy diferenciadas, y el tirano vive en la riqueza mientras sus compatriotas mendigan en las calles de la asediada ciudad. El colofón lo marca Romero en la última entrega, Survival of the dead, en donde el conflicto provoca el fin de cualquier esperanza en una isla que podía haberse convertido en un edén para los supervivientes. Y es esto, el factor humano, lo que provoca el caos final en la mayoría de las entregas.


La crítica a esa humanidad insolidaria va pareja a otra igual, si no más cruda y contundente, a la sociedad mercantilista. Las películas de Romero reflejan con claridad ese distanciamiento con la riqueza inútil, con los objetos de consumo que no sirven para nada, con la abundancia de aquello que no es útil cuando lo que se necesita es sobrevivir. Oro, joyas, billetes de banco esparcidos por el suelo, supermercados atiborrados de mercancías innecesarias, son un marco adecuado para que el director neoyorquino muestre a las claras que, en caso de que todo se venga abajo, lo importante no se puede comprar con dinero ni con todo el oro del mundo.


Pero hemos hablado al principio de la épica de los zombis, de su propia epopeya, engarzada con la de sus víctimas y adversarios, pero también distinguible por sí misma, aunque evolucione en cada película.


Romero no desluce a sus criaturas, ni las convierte en meros sujetos de pim pam pum para que sus héroes y heroínas disparen contra ellos como si de un video juego se tratase (algo, por desgracia, que ha sucedido con muchos de los directores que lo han copiado). Los hace suyos. Los crea como un moderno Frankenstein y los recrea cada vez más temibles.


Dejan de ser meros cuerpos que se mueven con torpeza por el escenario, para terminar por ser más rápidos, más letales, incluso más inteligentes. Esto se evidencia en dos de sus películas, Dawn of the dead, donde un muerto viviente aprende a manejar una pistola e hiere con ella al malvado de la película, y Land of the dead, con un zombi que lidera a los suyos y conquista la ciudad de los hombres, arma de fuego en mano.


Una evolución que, por otro lado, no hace que los zombis corran a la velocidad que aparecen en películas como 28 Days Later(2002), o I Am legend (2007). No supone ni un punto a favor ni en contra, y hace pensar que Romero no consideró esa posibilidad y se limitó con mantener a sus muertos vivientes en una situación de impase entre la rigidez de los difuntos y la flexibilidad de los vivos. Al fin y al cabo, los zombis no son superhéroes y, para más inri, tienen heridas graves o miembros desmembrados que les impedirían correr como Usain Bolt.


Cuando hablábamos del horror en las películas de zombis de George Romero, nos referíamos a esa sensación de temor ante algo posible, a ese asco, esa náusea que provocaban el simple pensamiento de ser devorado vivo o convertirse en una masa de carne ambulante sin cerebro y sin recuerdos. En este sentido, Romero no tiene ningún complejo en mostrar escenas de una crudeza impensable hasta ese momento en el cine. Son dignas de estudiar en las academias las magníficas secuencias de muertos que se comen los cuerpos calcinados en un coche, en Nigth of the living dead, o la sangrienta evisceración de un ser humano y la posterior visión de cómo es devorado por los zombis en varias de sus películas. Escenas que, por otra parte, no dejan de impactar a pesar de los años transcurridos. A señalar la famosa frase de uno de los que fueron “masacrados” por Romero en sus películas, el recién fallecido actor Joseph Pilato (el militar a cargo del búnker en Day of the dead), que mientras lo devoraban los zombis improvisó la famosa frase lanzada contra ellos: ¡Así os atragantéis!


En definitiva, un buen sexteto de películas para los amantes del género de horror, y de los zombis en particular.

La filmografía zombi de George Romero, en orden cronológico de acontecimientos, según la modesta opinión del que escribe, que no tiene por qué coincidir con los gustos u opiniones del común de los mortales (entre paréntesis, el año de estreno), sería la siguiente:

-Night of the living dead (1968): Se produce el primer ataque reconocido. Primeros indicios en los informativos de que algo no va bien.
-Dawn of the dead (1978): Los zombis empiezan a dominar las ciudades. El orden empieza a subvertirse.
-Diary of the dead (2007): Las noticias llegan a todos lados y la gente busca dónde refugiarse. Puede entenderse este film como una historia paralela a Dawn of the dead.
-Survival of the dead (2010): También podría ubicarse al mismo tiempo que Diary of the dead, pero en una isla.
-Day of the dead (1985): Supervivientes del apocalipsis, refugiados en un búnker y que han perdido el contacto con el resto del mundo. Dado que hay una expedición a una ciudad dominada por los muertos vivientes, es más que plausible situarla a continuación de las cuatro películas anteriores.
-Land of the dead (2005), la población que ha sobrevivido está refugiada en diferentes lugares. El resto del mundo es un páramo asolado por los zombis.

Foto: Walter Reade

Francisco Segovia  Ramos

Granada, España, 1962. Ha ganado, entre otros: el IV Certamen de Relato del Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror La Mano, de Alcobendas, Madrid; el I Certamen de Novela Corta de lectura Fácil; el IV Certamen Internacional de novela de ciencia ficción “Alternis Mundi”; el XXVII Premio de Prosa de Moriles; el II Certamen de Cuentos “Primero de Mayo”, Argentina; y el I Premio de Novela corta de lectura fácil. Obras: “El hombre tras el monstruo” (2017), “La Promesa” (2015), “Los Náufragos del Aurora” (2015), “Viajero de todos los mundos”, (2014), “Los sueños muertos”, (2013), “Lo que cuentan las sombras”, (2010); “El Aniversario” (2007). Partícipe en numerosas antologías de poesía y relato con otros autores. Otras actividades: Colaborador en revistas y periódicos digitales. Participa habitualmente en la Semana Gótica de Madrid. Miembro de la Asociación española de Fantasía, ciencia ficción y terror, AEFCFT.


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