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dom. Ago 18th, 2019

CRONISTAS ÓMICRON: Perú en el siglo 30

Desde Perú, Juan Mujica nos comparte su relato del Perú en el siglo 30.

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Por Juan Mujica

Los trasbordadores iban y venían, en aquel espacio aéreo, el cual estaba atiborrado de transportes futuristas. Y como no podía faltar, la NASA ya no era la única entidad en exploración del espacio y estudio sobre OVNIS. En este contexto del año 2950, el Perú, aunque suene a algo quijotesco, también había surgido y desarrollado una gran tecnología. Debido a la gran inmigración de científicos extranjeros, estos últimos ayudaron y asesoraron a los científicos peruanos. De tal modo que poco a poco y de manera silente. La tecnología y el conocimiento en el terreno de las naves espaciales, se hubo adelantado y pisándoles los talones a la NASA.

-¿Ya todo está listo? -preguntó el capitán del trasbordador Machu Picchu, llamado el Perunauta.

-Sí señor, solo esperamos su permiso para despegar -contestó uno de los tripulantes, encargado de los controles.

-Muy bien, muy bien. ¡Partamos entonces! ¡En marcha! -ordenó Perunauta, con mucho entusiasmo, al igual que el resto de la tripulación.

Por su parte, los de la NASA estaban muy sorprendidos del avance de la astronomía en Sudamérica, pero en este caso del Perú. No obstante, su vanidad y fanfarronería, los hacía pensar que ninguno de aquellos países, incluyendo Rusia, serían capaces de adelantarlos. Aquella soberbia los mantenía mirando por encima del hombro, y como siempre lo hicieron, ahora se preparan para un viaje importante. Transportarse hasta el fin del universo.

-¡Oficial, ¿estamos listos?! -pregunta el capitán Smith a su subalterno, el cual era uno de los que manejaban los controles del trasbordador Green Go.

-Sí capitán, todo listo y esperando sus órdenes -contestó el oficial, con mucho entusiasmo por la gran misión que tenían entre manos.


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Fue así, que los de la NASA surcaron las distancias, e incluso iban viajando a velocidad luz. Con tal velocidad, muchos creerían que en un par de horas llegarían a su destino, pero no. El universo es infinito, como hasta ahora se cree, por tal que, aunque viajen a tal velocidad por el resto de sus vidas, aún así se quedarían en el camino hacia dicho destino. De otro lado, los del trasbordador Machu Picchu, al enterarse que los del Green Go, se dirigían al final de finales. No quisieron quedarse “atrasados”, y su capitán Perunauta ordenó que se adentren hacia los confines del espacio. Por su parte, Smith y los suyos, quienes en un inicio estaban muy optimistas. Ahora su entusiasmo se había disminuido. Puesto que había pasado una semana, viajando a velocidad luz, y según sus controles, no habían avanzado lo que habían calculado. De otro lado, el capitán peruano, en lo único que pensaba era alcanzar y adelantar, a aquel trasbordador de los estadounidenses. Además, el Machu Picchu, dicho sea de paso, también estaba viajando a velocidad luz. No obstante, algo que se les escapó de las manos a los del Green Go, fue su combustible. Se les había acabado, y ante la impotencia por parte de su capitán Smith y sus tripulantes, se quedaron varados en el camino, y sin saber cómo regresar. Por su parte, Perunauta, quien sí se había preparado bien para este gran viaje, ahora, aunque ya habían pasado dos semanas trasladándose a velocidad luz, no podía creer que realmente el universo es infinito. Y ya empezaba a sospechar que, aunque sigan viajando el resto de sus días a velocidad luz. No llegarían jamás. Y fue entonces, que como si fuera castigo del destino, al ir viajando a aquella velocidad, no notaron un agujero negro, el cual los estaba absorbiendo. Y cuando se dieron cuenta y tratando de escapar. Ya era tarde, no podían retroceder y solo aquel fenómeno espacial se los tragó. Y como decía el astrofísico Stephen Hawking, al ser absorbidos por un agujero negro, serían conducidos a otra dimensión, pero que en este caso dieron a parar a un universo paralelo. Es decir, otra realidad, donde Perú es primera potencia. Tanto el capitán de Machu Picchu como sus tripulantes no podían creerlo. Perú ahora era país del primer mundo. Para empezar ya no había gente vendiendo golosinas por doquier. Ya no había pobreza, y más bien los peruanos cada día se enriquecían más y más. Para ese entonces, ya había los autos voladores, lo cual eliminó los tráficos y los cuellos de botella. Además, ya no había delincuencia ni robos. Puesto que se dictaminó, que si alguien robaba, inmediatamente se le eliminaba a la persona con toda su familia. Y como en todas partes se cuecen habas. No se tardó mucho en ponerse en el tablero de discusiones, quién gobernaría. Ahora que eran la primera potencia mundial. Fue así, que 500 candidatos postulaban a la presidencia del Perú. Pero para aquel año de 2900, ya no había colas, ni locales de votación. Todo se hacía en la comodidad de sus hogares. Ingresando a sus futurlaptops, donde votaban en cuestión de segundos. Y como en toda competencia, siempre hay un ganador. Ganó en esta oportunidad un magnate entre magnates. Dueño de medio Perú. Por tal que sus preocupaciones eran nimias. No obstante, muchos de los que habían postulado a la presidencia, no quedaron satisfechos, e incluso acusando de fraude al magnate entre magnates. Iniciándose una escaramuza, pero que pasó a ser batalla, y finalmente una guerra civil declarada, donde se enfrentaban todos contra todos. Y luego de cinco horas, la sangre empapó el suelo peruano. Miles de personas, entre ellos partidarios de otros candidatos, enceguecidos por el poder, encontraron la muerte. Y al final, un aniego, un gran charco de aquel líquido rojo brillante. No quedando en pie ningún peruano. Hasta que justo en ese momento, hizo su aparición un extraño personaje. Alguien que venía del siglo 32, con el propósito de detener dicha guerra, puesto que de lo contrario los descendientes de ellos no nacerían, ni nada de lo que vieron como realidad en dicho universo paralelo se plasmaría. Sin embargo, aquel viajero del futuro, vio los cadáveres regados y la sangre por todos lados. Y como si fuera película futurista, al haberse exterminado todos los habitantes de aquel Perú del 2900, aquel viajero automáticamente dejó de existir. Quedando solo el recuerdo por parte de aquel agujero negro, y la aparición del fantasma del astrofísico Stephen Hawking, quien ratificó sus planteamientos e ideas sobre aquellos fenómenos espaciales.

-Verdaderamente no me equivoqué -expresó el fantasma del astrofísico británico-. No obstante, como dijo un poeta peruano, “hay mucho que hacer”. Y este es solo el principio.

Fue entonces que el fantasma de Hawking, volvió a la Tierra, y fue testigo del avance de la tecnología. De cómo la astronomía del Perú, continuaba, paralelamente al de la NASA. Por lo cual, como se demoraban en regresar sus compatriotas, tomaron la decisión de enviar otro trasbordador de exploración y rescate. Fue así, que el Huascarán y el Green Go II, emprendieron el viaje de búsqueda de sus compañeros astronautas, quienes se perdieron y ya no regresarían. Sin embargo, tanto el Huascarán como el Green Go II, tenían todo el entusiasmo y el optimismo, viajando a velocidad luz. Y entonces viendo esto, el fantasma de Stephen Hawking intentaba comunicarse con los del trasbordador Huascarán para advertirles sobre el peligro que pronto se produciría. Y cuando ya estaban muy adelantados, fue que ahora a estos dos trasbordadores se los tragó aquel agujero negro, el cual se dio una lamida a sus labios, y finalizó con dos sonoros eruptos, que eran la señal que estaba satisfecho con aquella “degustación de humanos”. Saboreando los trasbordadores y hasta el último zapato, de aquellos rivales, cuya lucha sigue y seguirá, por parte de la NASA y PERUSA. Y viendo que se repetía y repetía la historia, dicho agujero negro, no tuvo mejor idea que convocar a otros análogos, para que también “merienden trasbordadores y humanos”. Hasta que llegó el día que por enfrentarse los unos contra los otros, terminaron por autodestruirse. Y ya nadie quedó, tanto en aquel Perú del siglo 30, ni en su universo paralelo. Y vio esto dicho fenómeno espacial, y no pudo resistir una tremenda carcajada. Y el fantasma de Hawking, supo que se había equivocado, y que aquellos agujeros negros, viven, respiran y piensan. Quizá este final es alucinante, pero, ¿quién podría negarlo? Sin embargo, el fantasma del astrofísico británico, hasta el fin de la existencia de la Tierra, continuó como alma en pena, y lamentándose sobre la eliminación de los humanos. Y tanta fue su pena que en un arranque de depresión enrumbó como nunca había enrumbado, y al observar a aquel también llamado garganta profunda. No lo pensó dos veces y se ofreció en alma, siendo absorbido por el fenómeno espacial. Apareciendo en otro universo paralelo, donde los humanos tienen como esclavos a los agujeros negros. Esto lo vio Stephen Hawking, y esta vez él no pudo soportarlo y se desternilló en una eterna carcajada.

Foto: Imagen de NASA-Imagery en Pixabay

Juan Mujica

Lima (1976). Estudió Periodismo en la Universidad Jaime Bausate y Meza. Encontró su pasión por las letras a los 19 años, escribiendo crónicas satíricas y poemas. Dirige su blog-revista cultural y de creación literaria Zien mil mitos. Ha publicado los siguientes libros: Paranoia Verde (poemario, 2002), El oráculo de Xarcax (novela 2006; 2014), Tintero Irreverente (cuentos, 2008; 2017), Fictocronías (cuentos, 2010), Alucinógeno (cuentos, 2012), Criptonírico (cuentos, 2016), El fantabuloso Letronia (novela digital, 2017) y El Superman peruano (cuentos, 2018).


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