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Jue. Nov 21st, 2019

CINEMA ÓMICRON:El cine español de ciencia ficción. Breve aproximación (II)

Desde España, Dioni Arroyo nos trae la tercera entrega sobre su revisión del cine español de ciencia ficción.

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Por Dioni Arroyo

Podríamos definir los años setenta en España como una década de decadencia, de cambio y esperanza. Decadencia por el cansancio de la sociedad ante un régimen político aislado y en parálisis permanente, al que se sumó la durísima crisis del petróleo, que golpeó con fuerza nuestro frágil y subdesarrollado modelo industrial. El paro, la pobreza y la represión política, condujeron a un colapso del régimen con la muerte del dictador, y el inicio de la larga travesía hacia la democracia, una nueva etapa cargada de esperanza. El cine se vio influido por aquel contexto extremo, y el gusto por el realismo social se contagió en todas las expresiones artísticas, salvo en lo que respecta a la ciencia ficción, que casi siempre estuvo al margen del devenir histórico. El cine de este género fue brillante, todo un derroche de imaginación a pesar del escaso presupuesto y el convencimiento de que, algunas de las cintas más originales, se estrenaron en diminutos cines de barrio o en locales al aire libre, como “cine de verano” en diminutas pantallas de televisión con escasa calidad.

      Me gustaría empezar recordando a Javier Aguirre, un joven director ilusionado y autodidacta, que bajo la producción de Pedro Masó, se atrevió a estrenar en aquel lejano 1970, la disparatada película “El Astronauta”. 

El astronauta, 1970

      Interpretada por los más singulares y reconocibles actores de la época, como Tony Leblanc, José Luis López Vázquez o José Sazatornil, recrea las aventuras y desventuras de un grupo de obreros obsesionados con llegar a la Luna. La odisea del Apolo 11 al pisar nuestro anhelado satélite y una agencia norteamericana como la NASA, serán sus más sublimes inspiraciones. Aunque se trata de una comedia entretenida y cargada de creatividad, posee elementos etnográficos que no debemos desdeñar, como es el reflejo del impacto que supuso la llegada del hombre a la Luna en 1968, y cómo desde un bar español, lo contemplaban con absoluta admiración un grupo de mecánicos, fontaneros y electricistas. Aquel viaje, solo comparable al de Colón atravesando el océano Atlántico, supuso un cambio de conciencia, abriendo el camino a la conquista del espacio. Los trabajadores interpretados por los más grandes actores cómicos de nuestro país, inventan una agencia semejante a la americana, la SANA, o Sociedad Anónima de Naves Aeroespaciales, y construyen un prototipo que, como es de imaginar, fracasa estrepitosamente al caer sobre el campo de Almería, en el mismo momento en que se está rodando una película del oeste, el cine que triunfaba aquella década y al que sí le ofrecían presupuesto. Bastante presupuesto. En clave de un humor que es poco comprensible fuera de nuestro país, dejaba entrever la sutil ironía del deseo de la gente de escapar de la asfixiante realidad cotidiana, y la Luna suponía romper fronteras, ampliar horizontes, alcanzar un nuevo sueño; y ya de paso, comparar el importante apoyo económico que recibían los spaghetti westerns frente al casi nulo de la ciencia ficción, un prejuicio que siempre nos ha costado superar, fruto de la ignorancia y de la falta de cultura. Recordar en estos momentos “El Astronauta” es emocionante, porque el mes de julio del presente año, se estrenará precisamente “Apolo 11”, una superproducción norteamericana que nos permitirá saber más del mayor acontecimiento de nuestra historia contemporánea.


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Ese mismo año de 1970, se estrena otro éxito cinematográfico con un tema insólito, como es el trasplante de un órgano tan vital como el cerebro. Juan Logar dirigió “Trasplante de un Cerebro” con la magistral interpretación de Eduardo Fajardo, y la aparición de la célebre actriz italiana Silvia Dionisio. Fue un éxito cinematográfico al abordar una cuestión puramente especulativa, una vertiente exclusiva de la ciencia ficción, pero que no gozó del favor de la crítica, que no demostró el más mínimo interés. 

El trasplante de un cerebro, 1970

        El “Trasplante de un Cerebro” relata la historia de un juez que, para salvar su vida, no le queda más remedio que trasplantar su cerebro, en este caso, el de un joven que ha fallecido por un accidente de tráfico. El resultado de la operación quirúrgica es perfecta, pero a partir de ahí, comienzan los problemas psicológicos en los que se yuxtaponen los recuerdos de ambos hombres, y un tratado de psicoanálisis en el que se plantean algunos dilemas éticos y se pregunta qué es la identidad humana. La película, en coproducción con Italia, pudo salir adelante gracias a la apuesta decidida de aquel país que nos llevaba la delantera en el cine entendido como industria y ocio de masas.

      El tercer título que no debemos olvidar, es la célebre cinta “Pánico en el Transiberiano”, un ambicioso proyecto cinematográfico con escenarios extranjeros, que se estrena por fin en 1972. Dirigida por Eugenio Martín, consiguió contar con un verdadero despliegue de actores internacionales de primera línea, como Christopher Lee, Peter Cushing, Silvia Tortosa o Helga Liné. Coproducción con el Reino Unido debido a su elevado presupuesto, también fue conocida por “Horror Express”. Nos cuenta las peripecias de un antropólogo que, tras años de investigaciones, encuentra en Manchuria, en el norte de China, un ser antropomorfe congelado, que decide trasladar a Europa a través del tren más largo del mundo, desde Vladivostok hasta Moscú. A partir de ahí, nos podemos imaginar lo que sucederá cuando el ser congelado despierte, y cómo el terror estará servido en un ambiente claustrofóbico que recordará a “La Cosa” y “El Enigma de otro Mundo”. El toque de ciencia ficción lo otorga la naturaleza del ser antropomorfe, que será la de un extraterrestre deseando huir de nuestro planeta. 

Pánico en el transiberiano, 1972

Eugenio Martín, su director, consiguió demostrar que se podía realizar un cine diferente con el apoyo de otros países, un cine de género que estaba de moda en Europa y que nos veían como una tierra ignota y exótica que despertaba el atractivo de lo desconocido.

         En 1973 se estrena “Las Ratas no Duermen de Noche”, coproducción hispano-francesa dirigida por Juan Fortuny y producida por Antonio Liza. Nuevamente el asunto de los trasplantes de órganos con un argumento pulp sobre las peripecias de un grupo de ladrones. El cerebro será trasplantado y la comedia se transformará en un argumento de ciencia ficción, con altas dosis de entretenimiento y acción trepidante.

         Al año siguiente, volvemos a ver en el cine el asunto de los trasplantes de cerebros, pero en este caso con un objetivo muy deseable y necesario en nuestra historia: en este caso se abordará el trasplante entre géneros distintos, que servirá al director argentino afincado en nuestro país, León Klimovsky, para criticar los estereotipos y prejuicios sociales, los problemas del patriarcado y el machismo dominante. 

          Su atractivo argumento nos habla de una mujer que recibe el cerebro de un mujeriego que acaba de sufrir un accidente mortal. Su título es más que impactante, “Odio mi Cuerpo”, que muchos recordarán con nostalgia y por la actualidad de los asuntos que analiza. 

         “Odio mi Cuerpo” es una cinta seria, madura y crítica con la realidad social que vive nuestro país en clave de ciencia ficción. Argumento atrevido, nos habla del rechazo social, del sexo, la homosexualidad y de las diferencias de género que no deben obviar la necesidad de una igualdad en derechos y deberes. La estupenda interpretación de Alexandra Bastedo dignifica una película que se realizó con bastante imaginación pero escaso presupuesto, enfrentándose a la censura y a las fuerzas conservadoras del momento, que temían la llegada de un feminismo que reivindicase el cambio social y la democracia.

Odio mi cuerpo, 1974

        Nuestro cine seguía sorprendiendo a una sociedad más sorprendida si cabe por los acontecimientos políticos, porque a mitad de la década, coincidiendo con la muerte del dictador después de cuarenta años de régimen, se estrena “Largo Retorno”. 

          “Largo Retorno” fue dirigida por Pedro Lazaga y planteará otro tema de rabiosa actualidad, como es la eternidad. Basada en la novela del mismo título de Germán Ubillos, nos retrata la vida de una mujer que, un  momento antes de morir tras una larga enfermedad, entra en un proceso de hibernación decidido por su marido. Despertará décadas más tarde en un mundo muy diferente, en el que su marido es un anciano y ella sigue siendo joven. El dolor, la inadaptación y el choque de mentalidad, servirán al director para reflexionar sobre la fugacidad de la vida y de hasta qué punto no somos conscientes de los cambios. Un argumento que sirvió recientemente a Mateo Gil para su “Proyecto Lázaro”, otro filme del 2016 del que hablaremos en futuras entregas y que todavía resuena el eco de su éxito.

       El director y guionista Juan Carlos Olaria, estrenaría en 1976 “El Hombre Perseguido por un OVNI”. El contexto de la época nos habla de decenas de contactados por todo el mundo, de la creencia de extraterrestres que viven entre nosotros, de abducidos y hasta de una nueva ciencia, como es la ufología, que intenta presentarse como saber académico con un método de investigación propio, para enfrentarse al nuevo fenómeno sociológico. En la deslumbrante película, se relata la vida de un escritor perseguido por alienígenas, una historia de abducción que nadie cree, de la incomprensión de la época y de lo complicado que es dar a luz películas de ciencia ficción en España. Los extraterrestres desean secuestrarlo para sus investigaciones científicas, una idea que sobrevolaba en la época, la llamada década de oro de la ufología. 

El hombre perseguido

Las dificultades en la producción de películas de ciencia ficción, se evidencian en que el rodaje se inició en 1972 pero su estreno no llegó hasta 1976. Como curiosidad de su argumento y que revaloriza la categoría de la cinta, resaltar que el director se puso en contacto con el consulado de los Estados Unidos para solicitar imágenes de archivo de OVNIS que la NASA había recopilado, y que se incluyeron en el montaje final. 

        En 1976 se estrena un clásico verniano, “Viaje al Centro de la Tierra”, por un director que realizaría numerosas películas de género fantástico, como fue Piquer Simón (1935 – 2011). La película supone una buena aproximación al clásico francés, en la que el toque de ciencia ficción se pone de relieve al mostrarnos una ciudad atemporal en el interior del planeta. 

        Piquer Simón confesó en una entrevista posterior al estreno de la película, que “el elemento fantástico siempre me ha gustado porque abre muchas posibilidades creativas”, ideal que mantuvo a lo largo de toda su carrera cinematográfica.

         Antes de que termine la década, se estrena “Los Viajeros del Atardecer” por Ugo Tognazzi, coproducción italoespañola en la que nos relatan el polémico futuro de los ciudadanos mayores de cincuenta años, que deben retirarse a un exilio forzoso alejados de la civilización. Ambientada en una Italia distópica, el argumento recoge ecos de “La Fuga de Logan”, la serie dirigida por Michael Anderson para la televisión, y que fue tan popular en España aquellos años, que incentivó a que se leyera el estupendo libro de William F. Nolan y George Clayton Johnson.

        Hay que reconocer, tal como comentamos al principio del artículo, que la década de los setenta se caracterizó por ser un tiempo convulso de cambios y transformaciones sociales, y una de ellas, fue que lo más relevante de la ciencia ficción se dio en las producciones para televisión, y no en el cine. En este sentido, debemos señalar que la producción televisiva española más reconocida y galardonada de la historia, ha sido “La Cabina”, de 1972, por Antonio Mercero y José Luis Garci. 

        “La Cabina” ganó un Premio Emmy internacional además de numerosos reconocimientos locales, y nos recordará a la angustia existencial de “El Proceso” y “El Castillo” de Kafka. La crítica se rindió ante este escalofriante mediometraje que suponía un retrato caricaturesco y claustrofóbico de un país en el que nadie podía escapar. Terror distópico, sorprendente y con un final inesperado, sus ecos influyeron en numerosos escritores y directores de cine con pretensiones de alejarse de la realidad. 

        Antonio Mercero también dirigirá otro exitoso mediometraje producido por radio televisión española, “La Gioconda está Triste” en 1977, bajo el guion compartido por José Luis Garci y el mismo Mercero. Un vigilante de seguridad, comprueba cómo la sonrisa del cuadro más célebre de Leonardo da Vinci se desdibuja, y cómo sucede también en todas las fotos, dibujos o reproducciones, y a partir de aquí surgirá la creencia de una inminente desgracia que pueda acaecer a la humanidad. La película de menos de una hora de duración, recibió el mismo apoyo de la crítica y del público que “La Cabina”, en un país que iniciaba los primeros pasos hacia la democracia.

         Como todos recordaréis, 1977 fue un año trascendental para el cine de ciencia ficción. Steven Spielberg estrenó la célebre “Encuentros en la Tercera Fase”, escrita y dirigida por él mismo, que de forma rigurosa, se trataba el polémico asunto de los encuentros interespecies, las abducciones y las dificultades de comunicación con seres alienígenas más avanzados e inteligentes que nosotros; pero también pudimos admirar en una clave más entretenida, la primera entrega de la trilogía “La Guerra de las Galaxias”, que supuso una forma nueva de entender la ciencia ficción, con una estrategia que buscaba el público amplio, el argumento de las aventuras y el derroche de acción, sin obviar la ambientación futurista y de ópera espacial, para la que era necesario unos medios de los que nuestro país carecía, pero que acercó la ciencia ficción al gran público y cambió la forma de admirar la gran pantalla por el despliegue de efectos especiales nunca vistos hasta entonces. A falta de medios, nuestro país abrazó historias de space operaen el cómic y la novela. Aquel año, el 1977, supuso un antes y un después en la historia del cine de ciencia ficción.

Foto: Imagen de Free-Photos en Pixabay

Dioni Arroyo Merino

Valladolid, España, 1971, diplomado en Educación Social y licenciado en Antropología, alterna su oficio de escritor con su profesión de funcionario del Ministerio del Interior. Ha publicado seis novelas de género, recibiendo el reconocimiento por algunas de ellas, como el Éride 2013 por su ópera prima “Los Ángeles Caídos de la Eternidad” y por la distopía “Metanoia”, y una nominación a los Premios Ignotus en la Categoría Mejor Novela 2017 por “Fractura”, publicada en Apache Libros y en la que realiza una dura crítica al fracking. Ha cultivado el terror gótico con “El Sabor de tu Sangre”, ambientada en Valladolid (Éride 2013) y “Gótica y Erótica (Éride 2014), y la ciencia ficción transhumanista con “Fracasamos al Soñar” (Nowevolution 2017). En 2014 fue seleccionado por la editorial de Estados Unidos Babel books, Inc. para actualizar una versión al español actual de “El Buscón de Quevedo”, que publicó en aquel país. También han dado a luz una veintena de relatos en diversas editoriales, la mayoría de ciencia ficción o terror gótico. Con “La Maquilladora de Cadáveres” se reedita su primera novela, debido al interés suscitado por la crítica y por la temática negra y bizarra. Su nueva obra, “Cuando se Extinga la Luz”, es la primera que publica con Huso ediciones, y fabula con un mundo dirigido por mujeres, una ucronía con toques góticos. Es el vicepresidente de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, y el fundador de la equivalente en Castilla y León, colaborando con diversos medios de comunicación. Como antropólogo, ha ofrecido varias ponencias y charlas sobre mitología, transhumanismo y el futuro de la I.A. autoconsciente, temas en los que trabaja actualmente.

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