mié. May 22nd, 2019

¿La existencia es un azar, o tiene un propósito?

José Rodrigues dos Santos (JRS) es uno de los escritores más apreciados en Portugal, todo un fenómeno de ventas, cuyas obras se han traducido a numerosos idiomas. Sin embargo, la mayoría de sus libros no están en español, por lo que su difusión en Hispanoamérica y en España ha quedado bastante limitada. Afortunadamente, mi azarosa vida me ha llevado por derroteros muy curiosos, y en uno de ellos, decidí aprender portugués por placer y por motivos laborales. He conseguido desenvolverme con absoluta normalidad en un idioma muy semejante al nuestro, que no necesita de tantas horas de aprendizaje y que es agradable al oído, y lo mejor, que me permite poder leer en esta lengua hermana. Y desde hace años, disfruto de las obras de JRS, en especial las que están protagonizadas por Tomas Noronha, el criptoanalista más importante del mundo. En general son obras de ficción muy bien redactadas, que cuentan con abundantes datos científicos y desarrollan teorías sobre la historia, la biología, la física o las matemáticas. Todas las explicaciones son verdaderas, pero sus argumentos son mera ficción y me cautivaron desde el primer libro que leí suyo, “O Codex 632” hace una década. Recientemente he podido disfrutar de “Sinal de Vida” (Gradiva editora, 2017), o si lo preferís, “Señal de Vida”, un relato absorbente en el que un observatorio astronómico capta una extraña señal de radio procedente del universo, concretamente, de la frecuencia 1’42 megahertzios, de la estrella Alfa, nada menos que la constelación de Centauro. Las autoridades internacionales son informadas, y creen firmemente que se trata de una señal deliberada de alguna civilización inteligente. “Una señal de vida, la evidencia de que ET nos ha contactado”. ¿Interesante, verdad?


A partir de ese momento, descubren que un objeto se dirige a la Tierra partiendo de ese mismo origen, y el gobierno americano y la ONU, atónitos, deciden improvisar con urgencia una misión espacial de carácter internacional (con los habituales conflictos con Rusia y los problemas de cooperación) para acudir al encuentro de la nave desconocida, y Tomás Noronha formará parte del equipo de astronautas.


No pretendo develar ningún secreto del argumento, porque para mí lo más interesante es cómo se sirve el autor para desarrollar teorías científicas de rabiosa actualidad, y que parten de un hecho irrefutable escrito por el biólogo francés Jacques Monod, según el cual, “La vida, ¿fue azar, un hecho accidental, o se trata de un imperativo cósmico?”. La respuesta que defiende el libro, es que debemos acostumbrarnos a concebir la creación del universo con un único propósito: generar vida.


“Sinal de Vida” es una novela de ciencia ficción, creo que la primera incursión de JRS en este género, y en el que las matemáticas se convierten en el verdadero lenguaje universal, siguiendo la máxima de que no fueron inventadas por nuestra especie. Las matemáticas fueron descubiertas, y como tales, también pueden haber sido descubiertas por otras especies inteligentes, y nos permitirán en un futuro servirnos de ellas para comunicarnos.

Sinal de vida, José Rodrigues Dos Santos


Hay un momento en la novela en el que el optimismo va cediendo al pragmatismo realista que ya han anunciado algunos investigadores, como Stephen Hawking, dado que las relaciones de los seres vivos siempre han sido la consecuencia más acertada entre la colaboración y la cooperación, pero también de la competición. Esta teoría está muy influida por el pensamiento de la “Lucha por la existencia” darwiniana. Nuestro cuerpo no es más que una suma inteligente de células y bacterias en permanente colaboración y competición para la mejora de nuestra especie, y el problema surge cuando, ante la escasez de los recursos, se encuentran dos especies por el mismo camino. Hawking nos recuerda que “si miramos la historia, el contacto de los humanos con organismos menos inteligentes siempre ha sido desastroso para estos, y los encuentros entre civilizaciones avanzadas y primitivas, han supuesto el final para las segundas. Una civilización que descifre los mensajes que hemos enviado podrá estar a millones de años de distancia, pero podrá conocer nuestra ubicación y vernos como si fuésemos bacterias, como cosas sin valor”.


En este sentido la novela se basa en abundantes hechos reales, como la celebración del 35º aniversario de la célebre señal Wow! (recibida en Ohio en 1977 por el radiotelescopio Big Hear), que se usó para emitir una señal de respuesta. Ese mismo año, el 2012, también los rusos enviaron sendas señales, y hasta la Agencia Espacial de Ucrania en 2008 mandó otro mensaje. Los últimos años hemos variado la estrategia con una nueva máxima: es mejor no llamar la atención, “que no enseñes a las cámaras de televisión lo bonita que es tu casa para que los ladrones no lo sepan”; pero los científicos advierten que ya es demasiado tarde, que ya hemos hecho bastante ruido, y en un universo repleto de vida, no sería de extrañar que, objetos tan controvertidos como el Oumuamua, según el profesor de astronomía de Harvard Abraham Loeb, podría tratarse de una nave extraterrestre camuflada cuya misión fuera confirmar la existencia de vida en la Tierra.


Pero realmente, ¿está nuestro universo repleto de vida? Según JRS sí, y nos convence con argumentos de peso. Las sondas americanas Vicking I y Vicking II, que aterrizaron en Marte en 1976, trajeron muestras que fueron analizadas a lo largo de mucho tiempo. Según Gilbert Levin, se encontraron procesos de metabolización característicos de la vida en niveles muy semejantes a los de las regiones más áridas de la Tierra. Unos años antes, algunos meteoritos caídos en Australia, en Murchison, fueron recogidos horas después, para protegerlos de la contaminación terrestre. Se hallaron cantidades no despreciables de carbono orgánico, incluyendo la mitad de los veinte aminoácidos esenciales para la vida en nuestro mundo. Estos hallazgos se han repetido a lo largo de las décadas, confirmando que la vida es un imperativo cósmico y que es abundante en el universo. Por ello, el tema central de la novela, que se dirija un objeto hacia nosotros en respuesta a una señal, no es tan descabellado, y a partir de esta idea, JRS nos mantendrá pegados a sus páginas hasta conocer el desenlace de la historia, que no decepcionará a los amantes de los contactos con alienígenas.


Si habéis disfrutado de “UFO. No estamos solos”, dirigido por Ryan Eslinger, sobre la vida de un estudiante marcado por la obsesión por los avistamientos OVNI, y cómo las matemáticas sirven para iniciar la comunicación, o habéis leído la trilogía de “El Problema de los Tres Cuerpos” de Cixun Liu, donde la ciencia es netamente verosímil y nos cautiva para desentrañar el futuro de la humanidad, lo siguiente que os animo encarecidamente a leer, es “Sinal de Vida”, mucho menos conocido en el mundo hispánico, pero con la garantía de haber sido escrito por José Rodrigues dos Santos, todo un fenómeno literario en su país, Portugal. Este libro forma parte de una nueva ola de ficción especulativa en la que la divulgación de los últimos descubrimientos científicos cobra un peso cada vez mayor, para atraer a un público que desea el entretenimiento pero también la reflexión, el gusto por aprender y por seguir imaginando el futuro.


Sí, la literatura portuguesa también nos habla de ciencia ficción, nuestro país vecino, nuestro país hermano del que apenas nos llegan noticias, una anomalía que deberíamos corregir en beneficio de la cultura y del sentido común.

Foto: Editorial Gradiva.

Dioni Arroyo Merino

Valladolid, España, 1971, diplomado en Educación Social y licenciado en Antropología, alterna su oficio de escritor con su profesión de funcionario del Ministerio del Interior. Ha publicado seis novelas de género, recibiendo el reconocimiento por algunas de ellas, como el Éride 2013 por su ópera prima “Los Ángeles Caídos de la Eternidad” y por la distopía “Metanoia”, y una nominación a los Premios Ignotus en la Categoría Mejor Novela 2017 por “Fractura”, publicada en Apache Libros y en la que realiza una dura crítica al fracking. Ha cultivado el terror gótico con “El Sabor de tu Sangre”, ambientada en Valladolid (Éride 2013) y “Gótica y Erótica (Éride 2014), y la ciencia ficción transhumanista con “Fracasamos al Soñar” (Nowevolution 2017). En 2014 fue seleccionado por la editorial de Estados Unidos Babel books, Inc. para actualizar una versión al español actual de “El Buscón de Quevedo”, que publicó en aquel país. También han dado a luz una veintena de relatos en diversas editoriales, la mayoría de ciencia ficción o terror gótico. Con “La Maquilladora de Cadáveres” se reedita su primera novela, debido al interés suscitado por la crítica y por la temática negra y bizarra. Su nueva obra, “Cuando se Extinga la Luz”, es la primera que publica con Huso ediciones, y fabula con un mundo dirigido por mujeres, una ucronía con toques góticos. Es el vicepresidente de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, y el fundador de la equivalente en Castilla y León, colaborando con diversos medios de comunicación. Como antropólogo, ha ofrecido varias ponencias y charlas sobre mitología, transhumanismo y el futuro de la I.A. autoconsciente, temas en los que trabaja actualmente.

1 pensamiento sobre “REPORTE ÓMICRON: A propósito de «Sinal de Vida», de José Rodiguez Dos Santos.

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