Por José Luis Barrera

El Cyrano de Bergerac que la mayoría de gente conoce tiene cara de Gérard Depardieu, sin embargo, el hombre que murió por el golpe de una viga en Sannois, Francia, en 1655 fue muy distinto de aquel, tanto física como espiritualmente. 

El Cyrano de la película francesa de 1990 (o el interpretado por Steve Martin en 1987) no tiene mucho que ver con el hombre que cruzó espadas e invectivas con casi todos los autores contemporáneos, incluido Moliere.

Tal vez la imagen que tenemos del dueño de una nariz tan terrible como la de Cleopatra surgió del libreto del dramaturgo neorromántico Edmond Rostand, pues de él derivaron, más o menos, las películas noventeras y casi nadie sabe que su personalidad era mucho más compleja que la de un simple pendenciero enamorado de una mujer imposible.

Cyrano nació en París y, desde luego, su apellido no era Bergerac. Fue un tipo cuyas correrías lo llevaron hasta el sol y sus pies han sido los únicos en hollar aquel piso calcinado.

Cyrano de Bergerac

En 1657, dos años después de su muerte, la Historia cómica de los estados e imperios de la Luna vieron la luz gracias a la gestión de cierto amigo que extrajo el relato de un libro, L’autre monde, en el que Cyrano había estado trabajando un buen tiempo hasta que la viga lo aplastó junto con su cabeza.

La historia tiene como protagonista al propio autor, quien, salpicándolo con disquisiciones filosóficas y burlas, nos entrega un minucioso relato sobre sus tentativas para alcanzar el satélite y lo que allí vio a su llegada.

Historia cómica de los estados e imperios del Sol apareció en 1662 e incluía El país de los pájaros, que quedó inconclusa. Ambas son la continuación del viaje a la luna y nos muestran a un astronauta que no se funde en el fuego de la estrella, sino que alcanza a explorarla, alternando con una serie de personajes cuya organización social es mucho más compleja que la de la Europa del siglo diecisiete…

Al Cyrano literario no le asustaba nada. Viajó al espacio guiado por gansos o en cohetes cuya tecnología supera en ingenio a cualquier artilugio que el siglo veintiuno sea capaz de gestar.

Por lo demás, hacer un resumen del relato (o los relatos) no tendría sentido, pero sí lo tiene decir que el libro si bien es considerado un antecesor de la ciencia ficción, su fin es otro: la burla, pero no la vulgar, sino la del filósofo inconforme. 

El cuento está emparentado más con Utopía o La ciudad del sol que con De la tierra a la luna

De todas maneras, sí tiene algo de la ciencia ficción: la curiosidad y el anhelo, tan humano, de despejar la gran incógnita llamada cosmos.

A Cyrano no le interesa, pese a que finge que sí, hablar de ciencia, él solo quiere que comprendamos que no somos la única especie en el universo y que nuestra supuesta sabiduría al enfrentar la inmensidad del universo quedará desnuda de artificios y con el impúdico color de la imbecilidad.

Para el de Bergerac, los lunáticos pueden ser mucho más cuerdos que los terrestres. Su viaje al espacio es una forma sutil de quitar el vendaje que cubre nuestros ojos para que nos atrevamos a ver nuestra impudicia en el espejo de la historia.

L’autre monde no es una obra de ciencia ficción, pero comparte con ella la pasión por desentrañar universos desconocidos, por enfrentar el misterio de un universo que se presenta tenebrosamente negro y también, igual que aquel género, esconde una semilla de esperanza en la victoria final de una humanidad que parece condenada a la derrota. 

Foto: Pixbay

Quito, Ecuador 1983. Es narrador y periodista ecuatoriano. Sus crónicas y relatos han aparecido en medios como Mundo Diners o la edición digital de Revista Eñe de España, además de antologías de cuentos, por ejemplo: Minimal (Efecto Alquimia, 2011) y Nunca se sabe (Eskeletra y Cactus Pink, 2017). Fue miembro de varios talleres literarios, especialmente los impartidos en la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión” y los organizados por el escritor Huilo Ruales Hualca. En 2011, publicó su primer libro, El espejo de Mambruk (Editorial K-Oz), el mismo que compilaba una serie de relatos trabajados en los talleres de la Casa de la Cultura. Actualmente, prepara en un nuevo libro de cuentos, al tiempo que coordina talleres de escritura creativa, ejerce el heroico oficio de periodista freelance y sobrevive con oficios propios de un relato de Kafka. En su blog, La rue Morgue, se pueden encontrar sus artículos e historias, manifestaciones propias del herético intento de fusionar, sin miedos ni medias tintas, la literatura y el periodismo.

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