CRONISTAS ÓMICRON: Tiempos cambiantes

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Por Juan Zavala

 

 

Y a lo lejos podía distinguir el vibrante sonido que producían los fuegos artificiales. Ya hacía muchos ciclos que había perdido el sentido del tiempo. Era ya la sexta cyber-novia virtual que engañaba por el mero hecho de engañarla y ver como una supuesta maquina pillaba una pataleta. En fin ya había malgastado mi tiempo de mil maneras diferentes. Conocía perfectamente cada rincón de la nave como la palma de mi mano y solo ansiaba que sucediese algo de una vez. Casi ni me acordaba de cómo había empezado todo. Después de ver el anuncio repetidas veces me decidí. En el anuncio se hablaba de aventuras, de mundos por descubrir, de ser el primero en pisar tierras desconocidas; Iban dirigidos al anhelo que tenemos todos los seres humanos por viajar, explorar, conocer. Y la verdad es que los primeros en apuntarse volvían encantados con muchísima información de planetas remotos y vitoreados por todos. Era imposible frenar el deseo de apuntarse. Un día me plante delante de las oficinas de la compañía y sin leer las condiciones me inscribí.

Una vez estaba dentro de la nave y procedían a lanzarme, con los nervios del despegue, busque lo más aburrido que pude encontrar y empecé a leerlo. Eran las condiciones y razones por las que se originaron estos viajes. Fue cuando descubrí parte de mi error, esos viajes eran subvencionados en parte por el gobierno para poder explorar el espacio de manera lo más exhaustiva posible y la más barata también. El programa se basaba en una serie de voluntarios que eran lanzados con una dirección y fuerza aleatoria en todas direcciones. Aunque era aleatorio el programa que lo gestionaba se encargaba de no repetir los dos parámetros básicos, velocidad y dirección, para que no hubiese dos naves haciendo el mismo recorrido. También descubrí que era el viajero número 40.506.789.

Como decía, llevo ya tanto tiempo por el espacio que he agotado todo el material de entretenimiento que tiene la nave y solo se pensar en que de una vez la nave tome la decisión de descender sobre algún planeta. Me he leído un montón de veces los manuales de supervivencia en planetas extremos para la vida y puesto a punto millones de veces el material que puedo llegar a necesitar y como continúe un poco más este viaje me volveré loco. Hay una pequeña maquina en la nave que induce al sueño largas temporadas pero no se puede abusar ya que entumece el cuerpo y es posible que necesite tener cierta forma física. En fin, lo utilizare una vez más ya que el solitario, los holo-books, las cyber-novias, las películas tridimensionales empiezan a resultarme demasiado tediosas. Muchas veces he pensado que no debería de quejarme pues hay personas que sueñan con poder aburrirse pero en ese momento recuerdo la frase de mi madre que decía: cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad”. Lo dicho, una vez preparada la cama, puesta la maquina en modo hibernación y marcados 24 ciclos, que es el tiempo máximo permitido, buenas noches.

Me despierta el sonido zúmbate de la alarma que avisa de que dentro de poco habremos llegado a nuestro destino. Estoy algo aturdido por el tiempo que llevo dormido por lo que lo primero que hago, antes incluso de comer, es darme una ducha. A medida que me voy despejando, voy dándome cuenta de que ya está todo marcado. Una vez que la nave lleva al punto final del viaje hace un escaneo de la zona espacial y busca un planeta que sea lo más compatible posible con la vida y permita al menos salir de la misma. En caso de no encontrarlo, inicia un viaje de reconocimiento recopila información y pone automáticamente al viajero en modo animación suspendida para iniciar el viaje de regreso. En mi caso ha encontrado un planeta acogedor, es decir, que está preparado para que pueda pasar una temporada cómodamente. Parece ser que no solo es un planeta acogedor sino que además en el escaneo la nave ha detectado vida inteligente y una cultura floreciente que posee incluso conocimientos de naves espaciales. Debido a que el final del viaje ha sido muy próximo a este planeta, a la vez que termino de ducharme ya ha aterrizado.

No necesito ponerme ningún traje especial ni llevar ningún arma. Me equipo con un traje ligeramente blindado, ya que lo recomiendan en el manual y salgo de la nave. Estoy muy nervioso y tengo ganas de saber que me deparará este planeta. Siento la emoción de pisar una tierra que ninguno de mis congéneres antes que yo han pisado.

Lo primero que veo es una ciudad a lo lejos y lo que más me sorprende es que me es familiar. Me imagino que el hecho de estar tanto tiempo en el espacio hace que cualquier cosa me resulte familiar. Ni que decir que la flora es como la de mi planeta. Sería sorprendente y frustrante encontrarme en un planeta parecido al mío en todo. Vaya aventura para contar.

A medida que me acerco encuentro más similitudes entre mi planeta y este y ni que decir de la ciudad, tiene los mismos edificios. La raza autóctona son humanos como yo y tienen el mismo estilo de ropa y moda y por supuesto el mismo idioma. De momento no me atrevo a hablar con ellos pero les entiendo cuando hablan. Cada vez estoy más preocupado todo es igual incluso el nombre de las calles. Ante esto solo se me ocurre una cosa ir a la que tendría que ser mi calle y mi portal. Al llegar a dos portales de mi casa me veo a mí saliendo de un portal con una sonrisa y decisión en la cara. Es como si estuviera en un sueño, no puede ser. Decido seguirme a ver que hago. Al cabo de un rato identifico la ruta que estoy tomado, es dirección de la oficina de reclutamiento. Y si una vez llega entra y desde las vidrieras puedo ver cómo me apunto para la aventura. La cabeza me da vueltas y quisiera despertar. No entiendo que pasa hasta que veo en uno de los digirrelojes de un edificio de oficinas la fecha. Estamos en el mismo día, mes y año en que me reclute. ¿Había viajado no solo a cierta velocidad y dirección o además había viajado en el tiempo?

Foto: Pixabay


 

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Juan Zavala

Juan Luis Zavala Díaz (Punto Fijo-Venezuela, 1996) es autor de cuentos y relatos de ficción, amén de colaborar en diversos sitios deportivos como Copero Digital, VAVEL Alemania, Cultura Redonda, Corresponsales LA y participar en multitud de concursos literarios de diversa índole. Su relato “La Última Prueba” apareció recientemente en el Blog Literario Yukali (España), su obra “Virus” fue seleccionado para salir en la 4ta. Edición de la Revista Awen (Venezuela), prevista para agosto de 2018 y el poema “Muerte” tiene presencia en la edición de junio de la Revista Extrañas Noches (Argentina). Su historia sobre los Awra Amba de Etiopía fue publicada el mes pasado en la Revista Ikaro (Costa Rica).

Fan page: Fb.com/zavalajuanluis
Twitter e Instagram: Zavalajuan_

 

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