CRONISTAS DE ÓMICRON: El asesino virtual

danielantokoletz

Por Daniel Antokoletz Huerta

 

David, como cada mañana, se encuentra sentado en su computadora. Es un asesino. Un asesino virtual. En la seguridad de su casa en un barrio anónimo de una ciudad cualquiera. Cuando recibe una asignación, el ejecuta al objetivo de manera implacable.

Él diseño el sistema y el método, y ya lo usan muchos. El asesinato, para él, es un juego de computadora. El nunca sabe, ni le importa, quién es la víctima, jamás lo averigua. Su sistema utiliza inteligencia artificial para ofuscar esa información que podría ser inconveniente. Analiza a la víctima, la localiza, usando todos los sistemas electrónicos disponibles, estudia sus movimientos y busca predecir. Cuando tiene todo listo envía los datos a la computadora de David, o de los otros asesinos que usan el sistema. Y ellos, simplemente, juegan con la presa. Sentados cómodamente en sus sillones frente al monitor,  ejecutan.

Suena el teléfono.

—David, tenemos un pequeño trabajo. La paga de siempre.

—De acuerdo. Envíen los datos a mi cuenta de correos.

En poco tiempo llega el correo electrónico encriptado con los datos. El sistema toma automáticamente el correo electrónico, lo desencripta y comienza con las operaciones. Busca en todas las bases en línea datos sobre el objetivo. Lo localiza y empieza a recabar información sobre cuentas, gastos, llamadas y, usando los datos de celular, establece los movimientos… empieza a predecirlos. los movimientos.

En pocas horas, la inteligencia artificial determina los pasos a seguir para ejecutar al objetivo y prepara un juego.

—David —una voz perfectamente modulada sale de la computadora—, tienes trabajo que hacer. Ya está preparado el juego.

El objetivo trabaja en la calle y se pasa todo el día conduciendo.

David no responde, se sienta. Se pone sus guantes de telemetría y su casco interfaz neural. Mira a su alrededor. Se encuentra dentro de un auto deportivo sus manos sosteniendo el volante. Sonríe dentro del casco. Sabe que, apenas choque con su objetivo, el tanque de nafta explotará incinerándolo. Terminando con su blanco.

Mientras él conduce en su realidad virtual, un vehículo robótico imita sus movimientos por calles irreconocibles de una ciudad que él no conoce.

Un recuadro rojo en el parabrisas lo guía. Aún no se ubica sobre ningún automóvil, de manera que conduce tranquilo sin interesarse en tratar de determinar su posición. Apenas logre su objetivo, simplemente se sacará el casco y estará seguro en su habitación y, si fallara en su objetivo, no estaría perdido, estaría en su casa, rodeado de sus muebles y equipos.

El recuadro se convierte en una flecha indicándole que doble a la izquierda. Rebasa a un camión de combustible y la flecha se convierte en una cruz sobre una camioneta tres vehículos adelante.

David sonríe. Será su víctima número cuarenta y nueve. Luego una más, y será libre de hacer lo que quiera. No le necesitará más nada. Se podrá jubilar.

Acelera y se pone detrás de la camioneta. Una luz roja los detiene. El camión de combustible para a su lado. David decide hacer un gran espectáculo. Acelera e impacta a la camioneta. Inmediatamente la inteligencia artificial  muestra la imagen que transmite una cámara de seguridad ubicada en alguna de las esquinas y se ve el impacto del deportivo contra una camioneta y una bola de fuego que abraza a los dos. Inmediatamente la explosión se amplifica cuando el camión de combustible se une a la hecacombe.

David se quita el casco satisfecho de haber cumplido con su misión. No mira los noticieros ni lee los diarios. No le interesa saber nada de sus víctimas.

Suena el teléfono. David atiende pero no dice nada. Sólo escucha.

—David, muy buen trabajo. Un poco aparatoso, pero efectivo.

—Gracias señor.

—Posiblemente mañana reciba una nueva asignación —dice su interlocutor antes de colgar.

David mira su reloj y decide irse a descansar.

David se levanta tarde y abre las ventanas para ventilar su apartamento. Suena su teléfono y, la misma voz que la del día anterior, le dice:

—¡Felicidades David! Hoy tendrá su última asignación.

—¿Misma paga de siempre?

—Ésta vez irá con sorpresa.

—Gracias señor. Por favor, envíe los datos a mi cuenta. —dice antes de cortar.

A los pocos minutos, un beep de su computadora le indica la recepción del correo. Activa la inteligencia artificial y va a la cocina a prepararse un buen desayuno.

Como sucedió en los últimos cuarenta y nueve casos, su sistema comenzó a recopilar datos de la víctima. Analiza datos bancarios, impositivos, gastos con tarjeta, todas las bases de datos que se encuentran en internet. Establece patrones de movimientos y trata de anticipar.

La inteligencia artificial se da cuenta que el objetivo es muy fácil de predecir. Hace meses que no sale de su casa. Verificando las compras que realiza por internet se da cuenta que es paranoico: alarmas, sensores, sensores y más sensores; equipo electrónico, partes de computadora… y municiones para arma corta.

—David, necesito consultarte. —Dice la computadora y espera la respuesta del humano.

—Escucho. —El asesino camina cansino hacia su sillón frente a la consola.

—¿Desea una operación elaborada o una operación sencilla? El objetivo es levemente paranoico y está recluído.

—¿en una fortaleza?

—No, en un departamento.

—Es mi última operación. No quiero perder el tiempo. Quiero algo rápido y seguro. Cuanto más elaborado, más posibilidades de falla. Ya estoy saboreando mi retiro.

En poco tiempo, la computadora prepara el juego.

—David, tienes trabajo que hacer. Ya está preparado el juego.

David se pone el casco. Se encuentra dentro de un avión. En la realidad, un dron Reaper MQ-9 enciende su motor. La inteligencia artificial es efectiva. En el panel de instrumentos, puede observar que tiene un misil Hellfire activo en la panza.

El humano da potencia al motor y el Reaper despega de una base militar. Hace caso omiso a las alarmas que intentan detener al dron.

Nuevamente su cuadradito rojo en la pantalla lo guía hacia su objetivo. Sobrevuela lo que parecen ser unos campos y en el horizonte puede ver el perfil de una ciudad en el atardecer. Eleva su vehículo para no chocar contra ninguna construcción y evitar, lo más posible, llamar la atención.

La ciudad es enorme y en las cámaras inferiores puede ver las señales infrarrojas de infinidad de personas pululando por la ciudad.

El cuadradito empieza a acercarse al borde inferior de la pantalla. Es tiempo de descender. Activa la mira del misil y el cuadradito rojo cambia por un rombito verde y una cruz que se encuentra bastante debajo del rombo.

David empuja sus controles virtuales y el Reaper, en la realidad, baja su proa. La crucecita se acerca al rombo. Esquiva un par de edificios y, aparentemente, su blanco se encuentra a la vista. La cruz se encuentra perfectamente centrada al rombo. El color es verde. Aún están fuera de alcance. Esquiva otro edificio y el rombo oscila entre verde y rojo.

David, sabe que, apenas quede en rojo debe lanzar el misil. Luego abandonar el Reaper para que su programación lo devuelva a la base o que se estrelle contra algún edificio, no le importa.

Pulsa el disparador del misil y su pantalla abandona la vista proporcionada por el dron. La imagen que toma el misil ocupa toda la pantalla.

A David jamás le interesó la identidad de sus víctimas. Pero, de pronto, quiso saber quién era su última víctima. No sabe si es porque la imagen que mostraba el sensor del misil le parecía familiar o porque de pronto escuchaba el sonido agudo de un misil. No necesitó verificarlo. Apenas tuvo tiempo de sentir pánico al ver acercarse el misil por la ventana.

Foto: pixabay.


 

danielantokoletz

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Daniel Antokoletz Huerta

Buenos Aires, 1964. Escribe desde hace más de 30 años y ha ganado premios tanto a nivel local como nacional. Sus narraciones fantásticas y de terror se han publicado en gran cantidad de antologías, diarios, revistas y blogs, entre los que debe señalarse el que fue seleccionado para “Cuentos de la Abadía de Carfax. Historias contemporáneas de horror y fantasía”, “Grageas 2”, “Grageas 3”, “Espacio Austral”, “Extremos”, Revista Axxón, Alfa Eridiani, entre otras. En el ámbito internacional ha sido traducido al inglés, al japonés y al húngaro; y publicó en numerosos países de habla hispana. La prestigiosa revista húngara Galaktica  publicó una antología de escritores argentinos en la que Daniel comparte índice con Gorosdicher, Gardini y Borges entre otros grandes escritores. Se dedica a la investigación robótica y a la bioingeniería.

 

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